EL PAIS › FUERON ESPARCIDAS LAS CENIZAS DE JUAN GELMAN

Adiós a Juan

En el lugar donde lo había pedido, en México, sus seres queridos, amigos y familiares festejaron la vida y despidieron al poeta.

 Por Luis Bruschtein

El sábado, con su esposa Mara La Madrid y entre familiares y amigos, las cenizas del poeta Juan Gelman fueron desparramadas en México, en Nepantla, la tierra de Sor Juana Inés de la Cruz, en la falda de los volcanes, desde la altura de un viejo puente ferroviario del tiempo de los zapatistas. Hubo música en ese parque cercano a la que se llama “Ciudad de los poetas” y los amigos comieron, brindaron y leyeron poesías, mientras las cenizas del poeta se esparcían sobre la cañada de un río.

“Lo despedimos cantando y recitando poesía”, relata Mara para agregar que desde hace meses había sido una larga despedida. “Fue una despedida a Buenos Aires, cuando estuvimos en la Biblioteca Nacional, porque Juan quería presentar allí su libro y sabía que era la última vez que vería a la ciudad. Fue su despedida.” Mara y Juan Gelman se conocieron en Buenos Aires y el 22 de diciembre se cumplieron 25 años de ese día. Y este sábado se cumplían 25 años de su llegada a México.

“Juan sabía que estaba mal, pero quería hacer una gran fiesta para celebrar ese aniversario –relata Mara– y compré no sé cuántas botellas de vino, contratamos mozos y un servicio para la comida y empezamos a invitar a unos 30 amigos, además de la familia. Parecíamos locos, como estaba Juan y los dos organizando una fiesta.”

Juan Gelman no pudo llegar a la cita, falleció el martes, pero la fiesta no se desarmó, los amigos no fueron desinvitados. “Terminado el velatorio y regresando a casa –relata Mara–, les leí, a los poquitos que quedábamos, un pequeño escrito que Juan dejó a la familia en abril del 2013 en el que pedía que desparramáramos sus cenizas entre Nepantla, lugar de nacimiento de Sor Juana Inés de la Cruz, y los volcanes, y allí decidimos que ya, ya.”

“Esta mañana, en secreto, sin prensa, sin instituciones y etcéteras, partimos hacia allá con los amigos que, para nosotros, son familia acá”, agrega Mara. Paola, su hija recuerda que “en diciembre nos reunimos toda la familia en México: mamá, Iván, Andrea, Macarena, Nora y Jorge. El día de ayer (por el sábado), salimos de la Condesa, de casa de mamá y Juan, rumbo a Nepantla, en el estado de México. ‘El pueblo de la poesía’ decía a la entrada del pueblo”.

No es necesario recordar los versos del mismo Gelman cuando contaba el entierro del tío Juan: “Tío Juan era así/ le gustaba cantar/ y no veía por qué la muerte era motivo para no cantar/...lo lindo es saber que uno puede cantar pío pío en las más raras circunstancias...” No hace falta recordar esos versos para concluir que allí en esa ciudad de Nepantla o “Ciudad de los poetas” más que esparciendo cenizas se estaba festejando una vida.

Sus nietas Andrea Spano, Macarena Gelman, su hija Paola Stefani, su recuperado yerno Luciano Spano, su gran amigo Jorge Denti y su esposa Mara desde la altura de ese puente ferroviario y seguramente zapatista fueron desparramando las cenizas del poeta como él lo había deseado. Los amigos se quedaron en el parque, abajo, bailando y cantando con el grupo jaranero Son Felices, del que forma parte Paola. El polvo blanco se depositó suavemente sobre las rocas y el arroyo.

“Y después –cuenta Mara– nos fuimos todos a festejar la vida de Juan a Tepoztlán, en medio de un bosque de pinos, donde brindamos mil veces, comimos rico y nos reímos como corresponde cuando se va alguien como Juan.”

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Jorge Denti, Macarena Gelman, Mara La Madrid, Andrea Spano y Paola Stefani arrojan las cenizas de Juan Gelman desde un viejo puente ferroviario.
Imagen: Jaime Navarro Soto
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