EL PAIS › EDUARDO “CACHI” ROMANO DECLARO COMO TESTIGO EN LA CAUSA CICCONE

La explicación sobre las llamadas

El secretario del vicepresidente respondió sobre dos comunicaciones con Vandenbroele. Precisó que el número era de un departamento donde había vivido Boudou, que por eso se le marcaron en su celular, pero que duraron apenas segundos y no hubo diálogo.

 Por Raúl Kollmann e Irina Hauser

Eduardo “Cachi” Romano, el secretario del vicepresidente Amado Boudou, demostró la intrascendencia de dos famosas llamadas al ex titular de Ciccone Calcográfica y el fondo The Old Fund, Alejandro Vandenbroele. Romano explicó que fueron dos comunicaciones de segundos dirigidas a un teléfono de línea de un departamento en el que había vivido Boudou y que por eso las disparó desde su celular, donde las tenía grabadas. Pero que no hubo ningún tipo de diálogo. También demostró que las cuatro únicas llamadas que en todos estos años hizo a otro teléfono no correspondían a un número de The Old Fund –como sostenían en el juzgado de Ariel Lijo–, sino a un estudio de abogados, Fargosi y Asociados. Y reiteró que no conoce ni nunca habló con Vandenbroele ni con The Old Fund. Todas estas cuestiones motivaron ríos de tinta porque supuestamente demostraban el vínculo Boudou-Vandenbroele.

Romano estuvo cuatro horas en el juzgado de Ariel Lijo, entre otras cosas porque en el medio le dijeron que tenía que exhibir su celular para aclarar a quién pertenecían algunos números telefónicos. Como no lo llevaba encima, hubo que mandar a alguien a buscarlo a la Cámara de Senadores, donde Romano trabaja con Boudou.

Según dijeron los allegados a Romano, el testimonio se desarrolló en un ambiente picante y el clima subió de temperatura a raíz de las supuestas llamadas a The Old Fund. El juzgado le preguntó por qué se había comunicado cuatro veces con The Old Fund. Romano dijo que no recordaba esas llamadas que se produjeron todas el mismo día y por única vez en los últimos años. “Recibo unas 200 llamadas por día”, explicó. Pero cuando se hizo una revisión de la pregunta, quedó en claro que el teléfono no correspondía a The Old Fund, sino al estudio de abogados Fargosi y Asociados, donde trabajan numerosos profesionales. Romano dijo que no sabe con qué abogado fue el contacto ni por qué motivo, pero reiteró que no conoce a The Old Fund y en el acta, además, dejó constancia de que jamás se comunicó con Vandenbroele.

Un dato curioso es que desde el juzgado en ningún momento le preguntaron sobre las supuestas reuniones de Boudou con los Ciccone. Siendo Romano el secretario privado del entonces ministro de Economía tal vez tenía algún registro de esos encuentros que Boudou niega en forma terminante.

Sí le preguntaron, en cambio, si Núñez Carmona concurrió al Ministerio de Economía, algo obvio porque es público y notorio que era amigo de Boudou. “Sí, venía más o menos una vez por mes. Me saludaba a mí, ya que nos conocemos de chicos de Mar del Plata, a veces también a Boudou. Dependía de si estaba en reuniones o no”, explicó ante esa consulta el secretario del vicepresidente.

Como se sabe, el juez Lijo cree la versión de los Ciccone de que éstos se encontraron con Boudou dos veces y que el ahora vicepresidente se quedó con la calcográfica junto a Núñez Carmona y a Alejandro Vandenbroele, que –según el magistrado– también era amigo del vicepresidente. Uno de los elementos de prueba de ese vínculo eran las dos llamadas de Romano a un departamento en el que supuestamente vivía Vandenbroele. Ayer quedó probado que las comunicaciones no se concretaron: fueron a un teléfono del departamento donde había vivido Boudou, pero las llamadas de menos de diez segundos demuestran que no hubo diálogo alguno.

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El juez Ariel Lijo apuntaba a algunas comunicaciones que Romano realizó desde su celular.
Imagen: Enrique García Medina
 
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