EL PAIS › ACTO POR LOS 30 AÑOS DEL EQUIPO ARGENTINO DE ANTROPOLOGIA FORENSE

“Hizo posible saber la verdad”

La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, agradeció a los antropólogos que trabajan en la identificación de los desaparecidos. Luis Fondebrider, presidente del EAAF, recordó a Clyde Snow, el fundador del equipo, que falleció recientemente.

Estela de Carlotto, Luis Fondebrider, Haydée García de Gastelú, David Morales y Martín Fresneda.

La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, afirmó que el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) “hizo posible que los familiares de las víctimas de la dictadura conocieran la verdad”. Fue durante la conmemoración del 30º aniversario de la creación de esta entidad, fundada por el académico estadounidense Clyde Snow. “Gracias al trabajo de este grupo de jóvenes que Clyde condujo en los primeros años de la democracia, muchos de nosotros pudimos identificar los restos de nuestros familiares, conocer la verdad y empezar a transitar el camino de la justicia”, enfatizó Carlotto en una ceremonia que se llevó a cabo en la Biblioteca Nacional.

Según recordó la presidenta de Abuelas, el grupo nació como consecuencia de un viaje que ellas realizaron a Estados Unidos, en 1982, con el propósito de consultar a autoridades científicas si era posible identificar a los nietos desaparecidos en base a las muestras de sangre aportadas por sus familiares. “Un año después de ese viaje, un congreso de especialistas en genética determinó en Estados Unidos que se podía identificar a los nietos secuestrados con muestras de sangre. Con ese interés llegó Snow, quería trabajar en la búsqueda de los desaparecidos”, reseñó Carlotto.

Así fue como este antropólogo texano de reconocida trayectoria en su país viajó a Buenos Aires a mediados de 1984 y convocó a un grupo de estudiantes de medicina, antropología cultural y arqueología para establecer un equipo que trabajara en la identificación de restos NN en las fosas comunes de los cementerios del Gran Buenos Aires. Un año más tarde, fue Snow quien exhumó el cuerpo de Laura Carlotto en el cementerio de La Plata, en 1985. “Siempre me manifestó el deseo de hacer algo por identificar a los hijos”, recordó Carlotto sobre el antropólogo, un hombre grande que usaba lentes.

“Lo que planteó Snow, junto con esos estudiantes argentinos, fue aplicar las técnicas que se utilizaban en la búsqueda de restos prehistóricos a las exhumaciones de los restos que pertenecían a personas que se encontraban desaparecidas”, precisó Luis Fondebrider, presidente del EAAF. “Cuando comenzamos con este trabajo no sabíamos nada y Clyde, con gran paciencia y humildad, nos enseñó todo; en estos años, logramos que conocer la verdad, algo que para los familiares de la víctimas era una utopía, fuese una realidad”, remarcó. Y recordó que “durante los primeros años no contamos con el apoyo del Estado ni de la Universidad, recién en 2003 la política de verdad y justicia se hizo presente, por eso creemos que esta tarea es un proceso colectivo de la sociedad civil y el Estado”.

Además de Carlotto y Fondebrider, participaron de la conmemoración el secretario de Derechos Humanos de la Nación, Martín Fresneda; la vicepresidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Haydée García de Gastelú, y el procurador de Derechos Humanos de El Salvador, David Morales. Durante el acto se proyectó un video que repasó la formación del EAAF y el testimonio que Snow, fallecido en mayo pasado, brindó durante el Juicio a las Juntas, en 1985.

La tarea del EAAF traspasó las fronteras y se difundió en más de 45 países de América, Asia, Africa y Europa, donde los peritos argentinos expusieron sus conocimientos en la identificación de las víctimas de la violencia política. “El Salvador tiene una gran deuda con el EAAF. Este grupo realizó una intensa tarea que permitió establecer la verdad sobre muchas matanzas de los grupos de la muerte y siempre conjugando rigor científico con contención hacia los deudos de las víctimas”, manifestó Morales.

Según reflejó Infojus Noticias, cuando culminaron los oradores se abrió el micrófono al público y un hombre de pelo blanco que estaba sentado en primera fila pidió la palabra. “Todos coinciden en que los huesos hablan y tienen razón. Cómo no van a hablar si a mi hijo de 17 años le pegaron seis tiros en la cara y gracias al reconocimiento de sus huesos pudimos enjuiciar a los culpables”, dijo. Y la sala volvió a quedar en silencio.

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