EL PAíS › EL PRESIDENTE DE LA CORTE, EN UN ALMUERZO CON EMPRESARIOS

Sin apuro por el recambio

Dijo que el tribunal debe tener cinco jueces pero que con cuatro pueden “trabajar igual”. Fayt pidió que se cubra la vacante.

 Por Victoria Ginzberg

El presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, habló ayer ante la dirigencia empresaria del país. En un almuerzo organizado por el Consejo Interamericano de Comercio y Producción en el Hotel Alvear, el ministro se refirió al funcionamiento del máximo tribunal y a las políticas que impulsa y lo definió como el órgano encargado de “ponerles límites a todos los poderes”. Ante una pregunta de Página/12 sobre el reemplazo de Raúl Zaffaroni, no se mostró apurado porque el cargo sea cubierto. “Hoy la ley establece cinco miembros. Cuando se produce una vacante, el Gobierno puede nominar o no. El Congreso puede acordar o no. Son decisiones de otros poderes del Estado. La Corte no puede opinar sobre la necesidad o no de cubrir una vacante. Si no se cubre tenemos que trabajar igual. Si no se cubre trabajamos igual. La Corte va a seguir funcionando y sacando sentencias. Es lo que acordamos internamente”, dijo.

El señorial salón estaba lleno. Entre muchos otros, se sentaron a las mesas Luis Etchevehere, de la Sociedad Rural; Adelmo Gabbi, de la Bolsa de Comercio; Carlos de la Vega, de la Cámara Argentina de Comercio; Héctor Méndez, de la UIA; Gustavo Weiss, de la Cámara Argentina de la Construcción; el encargado de negocios de la Embajada de Estados Unidos, Kevin Sullivan; Daniel Hadad, el Tata Yofre y José Ignacio de Mendiguren. El anfitrión era Eduardo Eurnekian, presidente de la Corporación América. Un auditorio 90 por ciento masculino.

Antes de la tartare de salmón ahumado con palta y tomates cherry confitados y el lomo perfumado a las hierbas con papas bouchon y vegetales de temporada, Lorenzetti subió al atril. Allí se refirió a la necesidad de establecer políticas de Estado contra el narcotráfico y de lograr efectivas medidas para combatir la inseguridad contemplando las garantías que establece la Constitución. Luego, señaló que había que tener “reglas estables” y “un marco de previsibilidad”, lo que los presentes interpretaron como un guiño a favor de los reclamos que suelen hacer los que estaban presentes. “Se necesita previsibilidad para no vivir en un caos permanente”, dijo Lorenzetti. También habló del “consenso” y afirmó que la Corte lo favorece, por ejemplo, con el sistema de audiencias públicas, que implican “saber encontrar puntos de equilibrio entre posiciones diferentes”. Reivindicó que el máximo tribunal tuviera presencia en temas de relevancia pública, aunque esto, dijo, generara “fricciones”. En ese momento mencionó críticas que cortes supremas de otros países habían sufrido y deslizó, en respuesta a las versiones sobre sus aspiraciones políticas: “A ellos también se los acusó de que querían ser presidentes, pero eso pasa”.

En otro tramo de su exposición, el presidente de la Corte habló de “la nueva ciudadanía” y de cómo los ciudadanos deben tener derechos básicos garantizados. Y mencionó “un perfume de epopeya” que tiene la “gente altruista” que “lucha por las ballenas, los médicos que van a países extraños, las madres del paco y los que buscan nietos desaparecidos”. “Tienen un perfume que hay que oler”, dijo. Lorenzetti, como suele hacer en sus intervenciones públicas, se pronunció por generar políticas de mediano y largo plazo: “El ruido permanente que a veces se escucha en el debate público no es bueno. Las acusaciones y denuncias, echarles la culpa unos a otros no ha producido ningún resultado eficaz”.

Después del postre (crème brûlée de vainilla sobre crémeux de caramelo y helado de noisina) contestó cinco preguntas que le hicieron llegar a través de papeles que había en las mesas para ese fin. “¿Qué opina del garantismo?”, fue una de ellas. Allí Lorenzetti reiteró que “se puede lograr niveles aceptables de seguridad respetando las garantías, que por otro lado están en la Constitución”. “Lo que falta acá es gestión”, agregó.

Por último, llegó el turno de la integración del máximo tribunal. Lorenzetti dijo que no iba a responder al jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, que había mencionado que él tenía un acuerdo con la oposición para bloquear la designación del reemplazante de Zaffaroni, que debe ser aprobada por el Senado a propuesta del Ejecutivo. A continuación señaló que la ley dice que los miembros deben ser cinco, pero que si la vacante no se cubría, el tribunal podría funcionar normalmente. “Lo importante es mantener una línea de principios y valores, en eso coincidimos todos”, señaló. La referencia a las coincidencias pareció responder a las declaraciones que hizo a este diario la jueza Elena Highton. La vicepresidenta de la Corte Suprema afirmó que “lo ideal es que la Corte esté completa”, que con cuatro miembros podría haber empate y eso podría tener complicaciones. “Si bien se puede llamar a un conjuez, al ser alguien ajeno a la constitución del tribunal, puede generar incertidumbre a la jurisprudencia”. El mensaje difiere de lo que intenta transmitir Lorenzetti. Y de lo que buena parte de la oposición sostiene al afirmar que la nueva vacante debe ser cubierta por una persona propuesta por quien asuma la presidencia en 2015. Ayer mismo, el supremo longevo Carlos Fayt apareció más alineado con la línea Higthon. Dijo que la Corte debería mantener los cinco miembros y que sería “deseable” que se nombre al reemplazante de Zaffaroni. El juez de 96 años aclaró, como es obvio, que “no comparte” la idea de dejar el cargo (como hizo Zaffaroni) a los 75 años, tal como lo establece la Constitución.

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Ricardo Lorenzetti ante el Consejo Interamericano de Comercio y Producción, en el Hotel Alvear.
 
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