EL PAíS › OPINION

Los que viven y los que mandan

 Por Osvaldo Bayer

He leído la nota de Pacho O’Donnell titulada “Bayer y Roca” que publicó este diario en su edición del jueves 11 noviembre. Soy partidario de las polémicas cuando son constructivas y buscan, en este caso, el esclarecimiento de nuestra historia, de hechos casi siempre silenciados o mal interpretados. Siempre he sostenido que la verdadera historia debe ser interpretada a través de la Etica y no de los “éxitos” de ciertos personajes históricos consagrados como próceres.

La contestación de Pacho O’Donnell se refiere a algunos puntos de mi nota pero silencia otros. Vuelvo a insistir, la vida de un “prócer” debe ser juzgada principalmente por la defensa o no de la vida y de la igualdad. En la mal llamada “Campaña del Desierto”, Roca –y su presidente Avellaneda– otorgaron la tierra quitada a los pueblos originarios, a los estancieros de la Sociedad Rural, a otros favorecidos y al propio Roca, con su estancia “La Larga”. Tampoco Pacho O’Donnell nos habla del espíritu represivo de Julio Argentino Roca. No sólo por haber comandado esa vergonzosa campaña del Desierto que finalizó con la muerte de seres humanos y que junto a Avellaneda reinventó la esclavitud de miles de hombres, mujeres y niños prisioneros, sino que también siendo presidente de la Nación –en su segunda época– aprobó la vergonzosa Ley de residencia, redactada por Miguel Cané, la 4144, por la cual se expulsaba a todo extranjero que realizara acciones contra la seguridad nacional. Esto, en la verdadera letra, significó la expulsión de anarquistas y socialistas que difundían las ideologías de igualdad de todos los seres humanos. Por orden de Roca fueron expulsados centenares de españoles, italianos, rusos y de otras nacionalidades. Pero lo más cruel de esta ley es que en el procedimiento se expulsaba solamente al hombre y se dejaba en el país a su mujer y a sus numerosos hijos. Este procedimiento se hacía para que la mujer le dijera a su marido: “no te metas en el sindicalismo porque te van a echar del país, y yo ¿cómo alimento a nuestros pequeños hijos?”. Sí, porque el gobierno argentino a los países de donde venían los inmigrantes les imponía que debían vigilar a los expulsados de la Argentina para que no intentaran volver. Fue así que miles de hogares quedaron separados.

Todo esto debe ser analizado y tenido en cuenta para juzgar a nuestros “próceres con monumento”. Me imagino qué sentirá todo argentino informado y los que tengan sangre de los pueblos originarios cuando pasan frente al monumento a Roca. Por eso, nada mejor que poner allí el monumento a la mujer de los pueblos originarios en cuyo cuerpo se originó no sólo el llamado indio, sino el mestizo, aquel que en gran parte fue denominado “gaucho” y fue soldado esencial de nuestra lucha por la independencia.

Además, no nos olvidemos de aquel 1º de mayo de 1904, cuando los obreros hacen una concentración en La Boca y marchan por sus calles en recuerdo a los Mártires de Chicago y de pronto son enfrentados por la policía que, sin aviso, hace fuego contra las columnas obreras. En este cobarde ataque cae muerto el primer mártir del movimiento obrero argentino, el joven Juan Ocampo. Los obreros rescatan su cuerpo y lo velan en el local de la FORA. A la noche, la policía asalta el local y se lleva el cuerpo del joven asesinado, el cual nunca aparecerá. Sería el primer desaparecido en la historia de los trabajadores argentinos. Tiempos de Roca y sus influencias. Una línea que seguirán después dictadores desaparecedores en la Argentina. En esa Argentina que había tenido a Belgrano, Moreno, Castelli y tantos otros libertarios.

Quien dispuso que el monumento a Roca se pusiese allí, en pleno centro de Buenos Aires, fue su hijo, vicepresidente de la República con la presidencia de Justo, en la llamada “década infame”, después de la dictadura de Uriburu. Fueron electos con el llamado “fraude patriótico”, según ellos se hizo fraude, sí, pero por patriotismo. Verdades argentinas. Se recurrió a “meter la mula” en las elecciones para no perder el poder. “Fraude patriótico”, término muy argentino que en el extranjero nunca pudieron entender.

Pueden pasar años, pero como decimos siempre, al final triunfa la Etica. Y veremos retirar el monumento a ese genocida no sólo del centro de Buenos Aires sino también del centro de Bariloche, que es un insulto constante para los pueblos originarios que allá habitan.

El escultor Zerneri ya tiene lista en la ESMA la estatua a la mujer de los pueblos originarios. Una bella escultura con todos los rasgos nativos. Ojalá pronto salga a respirar los aires porteños del centro de Buenos Aires, allí, a metros nada menos que del Cabildo, donde nació nuestro bello y valiente grito de ¡Libertad!

En vez del rostro cargado de muerte del autor del crimen llamado “Campaña del Desierto”, los argentinos vamos a ver el rostro de una mujer encargada de sembrar vida sobre estas pampas infinitas. Siempre elaborando vida pese a los sinsabores de esclavitud y a ser denominada “india” como si no perteneciera desde siempre a estas tierras ubérrimas.

Cambiar al que trajo la muerte o la esclavitud a toda una población auténtica por quien trajo la vida a miles y miles de los habitantes de nuestras llanuras sin fin es algo noble, legítimo.

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