EL PAIS › LA JUEZA SILVIA GONZALEZ

Primeras horas

 Por Raúl Kollmann

La jueza de Lomas de Zamora Silvia González declaró ayer ante la fiscal Vivian Fein y ratificó el relato que le hizo Diego Lagomarsino a menos de 24 horas de la muerte de Alberto Nisman. En aquella oportunidad, Lagomarsino contó “que Alberto (por Nisman) le pidió prestada la pistola porque lo llamó Jaime y le dijo que desconfiara de la custodia y que le pusiera seguridad a sus hijas”. La magistrada confirmó lo publicado por Página/12, con una sola corrección –que ya fue advertida por este diario–: en aquel relato, el informático habló de “Jaime”, no mencionó el apellido Stiuso. Ayer, González –una jueza que encabezó algunas de las mayores investigaciones sobre la Bonaerense– también ratificó otros detalles: que Lagomarsino, por ejemplo, le reveló que Nisman había abandonado terapia y que le volvieron los ataques de pánico que solía tener. Fein trata de identificar al terapeuta que atendía al fiscal.

Tras la muerte de Nisman, Lagomarsino quiso pedirles consejo a personas de su confianza. El lunes por la mañana, el informático supuso que se había usado la pistola que –según afirma– le prestó al fiscal el sábado por la tardenoche. Consultó primero a un juez de instrucción de Lomas, quien le sugirió que se presentara de inmediato en la fiscalía, cosa que hizo esa mañana. Por la tarde, fue a casa de la jueza González, a quien conocía por un vínculo laboral familiar. Estuvo con la magistrada en la tarde del lunes, menos de 24 horas después de la aparición del cuerpo de Nisman.

En su declaración de ayer ante Fein, la jueza González reiteró el relato que le hizo Lagomarsino aquel día y que fue transcripto por Página/12: según el informático, Nisman le pidió la pistola porque lo había llamado Jaime para advertirle que desconfiara de la custodia y que les pusiera seguridad a sus hijas. La magistrada le dijo a Fein: “Yo no juego a los espías, lo que cuento fue tal cual, y hay otra persona de testigo de aquella conversación”. Lo que afirma la defensa de Lagomarsino es que éste no sabía que Jaime era Stiuso porque el informático sostiene que no conoció al ex jefe de Operaciones de la ex SIDE.

Fein le preguntó a González por el estado de ánimo de Lagomarsino en el diálogo de ese lunes y la magistrada –tal cual fue publicado por este diario– contó que el informático lloraba continuamente. En su momento, la jueza describió que el informático alternaba entre la angustia, al pensar que debió negarse a suministrarle el arma y cierto enojo porque el fiscal lo metió en la trama de su muerte. El informático no habló de la cuenta bancaria en Nueva York ni tampoco de la cifra sideral que cobraba en la fiscalía sin concurrir a trabajar diariamente.

Lagomarsino le contó a la magistrada que Nisman había dejado las sesiones de terapia que había iniciado hace años y que se volcó a El Arte de Vivir, la agrupación de meditación que lidera el gurú Sri Sri Ravi Shankar. Según Lagomarsino, en los últimos tiempos a Nisman le habían vuelto los ataques de pánico que tuvo en épocas anteriores. El relato sobre esos ataques, Nisman también se lo hizo a familiares de las víctimas de la AMIA. Fein está tratando de averiguar quién fue el terapeuta del fiscal durante los años en que se desarrolló el tratamiento, que –según parece– fue interrumpido poco tiempo antes de su muerte.

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