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El abuelito de Heidi

 Por Mario Wainfeld

El domingo, el periodista Joaquín Morales Solá primereó en su columna en La Nación. Dispensó de culpa y cargo serios a Fernando Niembro y, ni qué hablar, al jefe de Gobierno, Mauricio Macri. Pero, sin citarla, reversionó la máxima sobre la mujer del César y pidió que el comentarista de Fox Sports diera un paso al costado. “Joaquín” no suele promover operaciones políticas: no es su perfil ni es apto para imaginarlas. Sí acostumbra propalar mensajes o ideas de sus fuentes sin sincerar su influjo o sin despegarse de ellas. Dicho en criollo, hubo algún poderoso que persuadió al formador de opinión para formular esa exigencia.

Anteayer no más, la movida adquirió tono editorial. Ricardo Roa clamó en la página 2 de Clarín por la (auto)defenestración de Niembro. Al unísono, un untuoso editorial de La Nación proponía la misma medida higiénica. Demasiada concordancia para ser mera coincidencia. Roa incluía un neologismo que sin duda hará camino en los días venideros: al obrar como truchos o aún como corruptos, los dirigentes de PRO se “kirchnerizaron”, esto es, se mimetizaron con su adversario. Es una viga de estructura de la narrativa opositora proponer que el sector “republicano” no es una alternativa política sino algo cualitativamente distinto y superior al oficialismo que encarna todos los males y, se supone, los monopoliza.

Cuestionado por quienes son parte de sus mesas de campaña, Niembro renunció o se lo impusieron. En el fondo, tanto da.

No es simple determinar si el establishment, que tan bien encarnan los medios dominantes, le torció el brazo a su pollo Macri. Son una alianza firme, desde ya, pero hay más de una mesa de conducción.

“Mauricio” desacató varias tácticas promovidas desde el poder económico, empezando con la formación de coaliciones y siguiendo con la de la propia fórmula presidencial. Ocurre que Jaime Durán Barba se cree más avezado que los gerentes o dueños de grandes empresas. No es gran jactancia de su parte: hay que convenir que éstos son muy rudimentarios en el complejo arte de construir alianzas, sumar votos, ganar elecciones masivas.

Habrá versiones surtidas sobre cómo se cocinó el final, en cualquiera será central el “fuego amigo” disparado por el anhelo de evitar un mal mayor. Una mutilación necesaria, propondrán amantes de las metáforas quirúrgicas. Un paso atrás para dar dos adelante, los más politizados. Entregar un alfil para salvar al rey, compararán los ajedrecistas.

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El Grupo y sus alas no entregaron mansamente a Niembro ni lo hicieron de entrada. Trataron de maquillar la información y sobre todo de ocultarla. Ayer mismo, el portal Diariosobrediarios computaba que este martes era el primer día en que el “caso Niembro” era uno de los títulos de tapa de La Nación. Secundario, cabe acotar.

Clarín jamás profanó su primera plana para maltratar a un amigo, tal vez empiece hoy mismo, con un relato que es fácil intuir. Lo sostuvieron dos largas semanas, recién entonces lo empujaron hacia afuera.

Liberados del lastre, tratarán de hacer de la necesidad virtud: instalar que Cambiemos sigue siendo ejemplo de conducta. Que no soporta no ya la corrupción (en la que jamás incurre por esencia) sino la mera sospecha. Niembro mismo, su patética y sibilina carta pública lo anticipa, se presentará como una víctima del kirchnerismo.

Usar al hombre como lastre tiene un obstáculo que la aptitud fabuladora de la derecha autóctona tratará de saltear. No integra el gobierno porteño: si incurrió en un acto inmoral o ilícito fue con el concurso de funcionarios de PRO. Ya se lo marcó como modelo cuando se presentó “ante la Justicia”, comparándolo con funcionarios kirchneristas que supuestamente la evaden. Niembro no se parangona con éstos sino con los contratistas del Estado. Si hay conductas reprobables los que tienen que ir a los estrados judiciales son Macri y su elenco.

Nada de eso importará desde ayer mismo. Con el correr de los días es factible que Niembro sea transformado en un inocente maltratado, una suerte de Dreyfus con mejor manejo de micrófono. La decisión de shotearlo será descripta como una señal ética para “la sociedad” cuando no es más (ni menos) que una audaz jugada de campaña.

Lo que demuestra PRO no es pureza, de la que carece. Ni distinción, que no le sobra. Eso sí, tiene decisión política y juega a fondo tomando riesgo.

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La memoria del cronista puede fallar, pero no halla en la rica historia electoral de la recuperación democrática un episodio similar. Prescindir de Niembro es una jugada audaz, atípica, con resultado incierto. Dejarlo también lo era: la vida a veces nos sitúa ante encrucijadas sin salida virtuosa.

Era una espina para la aspirante a la gobernación, María Eugenia Vidal. El mordaz diputado massista Felipe Solá la comparó con Heidi aduciendo que no lo es. Pero así se la describe y fotografía. “Don Niembro” jamás encarnó la figura de su abuelito con la que ahora coqueteará, seguramente sin mayor éxito.

Analistas y consultores explican que “Cambiemos” y PRO particularmente alardean de pureza. Hay quien dice que su target de votantes favorito (gentes de clases medias y altas) exige esos desempeños. Niembro, presuponen, atentaba contra la “fidelización” del voto propio. Se trata de especulaciones o de análisis. En ese plano, este cronista interpreta que una cuota muy alta de los electores de Cambiemos es menos puritana o moralista. Elige el conducto, a su ver, más eficaz para desplazar al “populismo”. He ahí, en su imaginario, la contradicción principal. El resto es secundario, accesorio.

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Para otear la racionalidad de la eyección tal vez se deba mirar el contexto, contemplando los números y las encuestas que todos los protagonistas de este drama menor leen con devoción.

La intención de voto del Frente para la Victoria (FpV), Cambiemos y UNA, concuerdan las principales consultoras, se ha movido poco desde las PASO. Pongámosla, solo con fines didácticos sin ansia de ser certeros (lo que es imposible, a esta altura) en 40, 30 y 20 puntos aproximadamente. Todos conservan, en trazos gruesos, su caudal y a todos les cuesta crecer. Los guarismos hipotéticos combinados con el sistema constitucional conducen a suponer un final que no sería cabeza a cabeza pero sí muy “finito” para dirimir si hay o no segunda vuelta. Con 42 puntos a 32, el gobernador Daniel Scioli llegaría a la Casa Rosada. Con 39 a 29 lo esperaría una segunda vuelta no imposible pero sí cuesta arriba. Por eso se especula tanto con un escrutinio “en el borde” en el que un par de puntos porcentuales más o menos serían definitorios.

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El escenario virtual apretado induce a la derecha fáctica, mediática y política a curarse en salud con denuncias preventivas y falaces de fraude. Morales Solá pasó esa raya “vaticinando” que es más que probable que el 10 de diciembre amanezca sin presidente electo. Gerardo Zamora, el titular del Senado, ocuparía ese cargo en la utopía del editorialista de la tribuna de doctrina. Un vaticinio carente de seriedad, pletórico de mala fe.

La nulidad de las elecciones de Tucumán resuelta por su Cámara en lo Contencioso Administrativo y difundida sobre el cierre de esta nota merecerá un abordaje completo en ediciones posteriores. En el cuadro de situación actual, favorecerá la estrategia opositora aunque el fallo es muy discutible y será recurrido ante la Corte Suprema de la provincia. Extrapolarla a la realidad nacional, muy diferente de la de ese distrito, es una táctica cantada de la oposición que busca deslegitimar no ya un comicio dudoso sino al sistema todo.

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De pragmatismo hablamos y no de ejemplaridad. Son pertinentes preguntas del manual de campaña. ¿Tira tanto (o algo) para arriba o para abajo un postulante a diputado que va colgado de los candidatos a presidente y a gobernadora? La empiria previa comprueba lo contrario aunque el matiz del caso es que la votación podría resolverse “en los márgenes”.

Otro ángulo es cómo podría “contaminar” Niembro no ya la inexistente pureza PRO sino su imagen. El potencial del ex cabeza de lista contribuye a cavar su tumba: es recontraconocido. Seguramente ningún otro primer candidato en una provincia es tan junado en otros distritos como Niembro, una figura pública nacional. Es sugestiva la comparación con quien lo seguía en la boleta, la funcionaria porteña Silvia Lospennato, quien no es una perfecta desconocida porque nadie es perfecto.

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Las denuncias de corrupción son un clásico en las campañas. Seguramente florecerán muchas más de distintos “palos” hasta el 25 de octubre. La experiencia nacional hasta ahora es que su impacto en las decisiones del pueblo soberano es muy escasa, inferior a la de otras variables. Pero nadie renuncia a limar rivales.

Niembro seguirá vigente como un filón para el massismo, que es fuerte en Buenos Aires, y también para el FpV. Ambos compiten con Cambiemos, con caudal y aspiraciones diferentes. En el microclima de estos días se perciben ufanos aunque queda por verse cuál será la resultante real del episodio.

Niembro mismo, usado como un estandarte y ahora como un perejil, no merece más que tres líneas. Individualista, elitista, predicador de los peores valores del capitalismo, cofrade del poder económico, hombre de derechas por conformación conceptual, maltratador de sus compañeros al aire, chivero... Corporiza al peor periodismo de la Argentina. Aunque comparte ideología con su vanguardia, ésta lo sacrificó en aras de la necesidad. No se vieron ni oyeron colegas que lo defendieran, lo que habla de su trayectoria. Tienta hablar de justicia poética pero, como ya se apuntó, es pura táctica política. Un gambito desplazó a un personaje de reparto que no merecía un destino mejor.

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