EL PAIS › OPINION

Esta vez la goleada alcanzó

 Por Mario Wainfeld

Domingo Peppo es el nuevo gobernador de Chaco. Representó al Frente Chaco Merece Más, coalición local comandada por el Frente para la Victoria (FpV). Superó, conforme se anticipaba, a su principal rival, Aída Ayala, intendenta de Resistencia, dirigente radical que fue con los colores de la alianza Vamos Chaco.

Ayala reconoció la derrota bastante temprano. Su desempeño electoral fue decoroso, aunque seguramente le sabrá amargo porque no sólo no le arrebató la provincia al kirchnerismo. También perdió la municipalidad de Resistencia a manos del gobernador Jorge Capitanich. Tocan a su fin 16 años de liderazgo de la UCR en Resistencia y se prefiguran otros tantos del FpV en Chaco.

Esta nota cierra a medianoche del domingo, cuando se llevan escrutados provisoriamente el 95,05 por ciento de los votos. Peppo totalizaba el 55,25 por ciento. Y Ayala el 42,42. Una diferencia contundente.

Chaco es una de las cuatro provincias que definen su ejecutivo con sistema de ballottage. Es la única que tiene el mismo esquema que la Constitución nacional y no el más extendido en Argentina y la experiencia comparada: el que exige el cincuenta por ciento más uno de los sufragios para evitar la segunda vuelta.

La diferencia es interesante para analizar y discutir pero no gravitó ayer: con cualquier sistema, el FpV hubiera ganado “de una”, sin ballottage.

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Desde 1983 hubo nueve comicios y tres partidos diferentes que llegaron a la gobernación chaqueña. El peronismo primereó en 1983 y 1987 venciendo en votaciones reñidas a Luis León, un boina blanca de estirpe nacional-popular sideralmente distinto a la cúpula radical actual, delarruista del siglo XXI, mariscala de muchas derrotas y más abdicaciones.

En 1991 triunfó Acción Chaqueña, la fuerza de un gobernador de facto durante la última dictadura: José David Ruiz Palacios. Este no pudo presentarse por no cumplir todos los requisitos legales. Lo reemplazó y llegó al ejecutivo Rolando José Tauguinas, un dirigente de origen radical que pasó de bando.

El radical Angel Rozas, hoy senador, fue la figura dominante de la provincia luego por un buen rato. Reelección mediante, gobernó entre 1995 y 2003. En el cuatrienio siguiente su correligionario Roy Nikisch prolongó el predominio de la UCR.

Capitanich mordió el polvo contra ambos sucesivamente. Sólo pudo llegar al gobierno en 2007 batiendo a Rozas por poco más de un punto porcentual. Es desde entonces la figura dominante en Chaco, lo que ayer corroboró.

Con un grado mediano de alternancia, mezclando goleadas con finales cabeza a cabeza, la historia del Chaco sugiere un camino que sería instructivo para varios referentes de la oposición modelo 2015.

El derrotado en una justa democrática debe esforzarse para construir e interpelar mejor. Rozas y Capitanich, dos conservadores populares, supieron conseguirlo con paciencia y perseverancia. Como Lula da Silva en Brasil, los socialistas en Santa Fe o José Manuel de la Sota en Córdoba...

Los malos perdedores afean a la democracia, cuando no la desvirtúan.

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Coqui Capitanich fue el estratega de su partido. Tras haber sido gobernador en dos ocasiones, senador y jefe de Gabinete nacional “bajó” a la intendencia para fortalecer el territorio más difícil para el kirchnerismo. Como en muchas otras provincias, las preferencias populares en la capital suelen orientarse en sentido diverso a las del distrito entero. Una prueba más acerca de cómo la población razona su voto, lo diferencia. Por así decir, “corta boleta” en distintas instancias.

Capitanich “jugó” donde parecía convenir a su fuerza. Asumió riesgos, combinó sus ambiciones con las necesidades de su espacio político. Debería ser moneda corriente y obviedad. No lo es tanto, en tiempos de transfuguismo, individualismo y narcisismo extremos. Logró una diferencia de cinco puntos en las municipales, lo que hace verosímil que con otro postulante Resistencia no habría cambiado de mano.

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En el 29 por ciento de las mesas se utilizó la boleta electrónica. En Resistencia fueron todas. En Presidencia Roque Sáenz Peña, Charata y Villa Angela una parte.

Como el peronismo es más fuerte en el interior y conforme se presumía los primeros datos de escrutinio mostraban un gap menor entre oficialismo y oposición provincial. En Resistencia, el conteo estaba casi terminado a las nueve la noche.

La polarización provincial y comunal fue enorme. Entre ambos contendientes principales habrán superado del 95 por ciento de los votos.

Esa enorme sumatoria entre peronistas y radicales (en este caso adornados por aliados surtidos) es la tendencia habitual en Chaco, que tuvo una excepción en 1991, como ya se contó.

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La distancia entre vencedores y vencidos pinta para ser menor que en las Primarias Abiertas locales Simultáneas y Obligatorias. De cualquier manera, las PASO volvieron a mostrarse como una predicción muy certera acerca del ganador en las generales y bastante precisa en los márgenes de diferencia.

Las encuestas también “la pegaron” si así se puede expresar. Los consultores siempre son colocados bajo el microscopio (o bajo sospecha) aunque esta vez su cometido lucía más sencillo.

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Hasta ahora, en sede provincial los oficialismos mantuvieron supremacía.

El PRO retuvo la Ciudad Autónoma pero no consiguió expandirse más allá.

El radicalismo recuperó una sola provincia: Mendoza, a expensas del FpV. En Tierra del Fuego el kirchnerismo desplazó al partido gobernante, de origen provincial.

Hablamos de dos derrotas del local en once distritos que ya eligieron.

En octubre, La Pampa cambiará el color partidario de su gobierno porque el FpV no participará. En las diez restantes provincias que eligen junto a las presidenciales la sensación térmica sugiere que la tendencia propicia a los oficialismos distritales continuará... aunque cualquier profecía vale mucho menos que los votos bien contados.

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Más allá de la desesperación de ciertos medios y comunicadores que previsiblemente trataron de mostrar caos, crispación y fraude la jornada fue serena y ejemplar. Resultó imposible instalar que había irregularidades o violencia.

La población, eso es lo esencial, contribuyó. La asistencia fue masiva, habrá que corroborar los datos a partir de hoy pero se habla de más de un 75 por ciento de participación.

Son números muy altos en la experiencia comparada. El voto obligatorio y universal fastidia a las elites porque el voluntario suele ser clasista en los hechos, adivinen con qué sesgo.

La obligatoriedad, el secreto y la masividad son los pilares del sistema electoral argentino al que se está tratando de desprestigiar en una acción de pinzas del establishment, jueces arbitrarios y periodistas militantes de la derecha autóctona. Y lo peor: de dirigentes políticos que no saben perder (quizás en parte porque no saben ganar...).

Por esta vez, un gap contundente los llamó a sosiego. Queda por verse qué harán en la votación del 25 de octubre si el escenario les es adverso.

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Imagen: Télam
 
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