EL PAíS › EL ACTO OFICIAL PARA CONMEMORAR EL ATENTADO A LA AMIA

De los 85 muertos a Nisman

La dirigencia de la comunidad judía realizó el tradicional homenaje a las víctimas e incluyó también al fiscal fallecido el año pasado. Ante la presencia de Macri, los discursos fueron complacientes con el Gobierno y elogiaron la anulación del memorando con Irán.

 Por Sergio Kiernan

El acto oficial de conmemoración de los 22 años del atentado a la AMIA tuvo momentos en que pareció uno de oposición a un gobierno que ya no está. El tono anti-K fue sorprendente y de a momentos hasta distrajo de la memoria de los 85 muertos en el ataque terrorista del 18 de julio de 1992. De hecho, no hubo un orador, incluyendo la locutora oficial de la DAIA, que no subrayara que ayer también se cumplían 18 meses desde la muerte del fiscal Alberto Nisman y que no elogiara la anulación del memorando de entendimiento con Irán.

El acto en la calle Pasteur tiene lugar desde el primer aniversario del ataque, en 1995, frente a donde se alzaba el edificio de la Asociación Mutual Israelita Argentina, AMIA, donde también tenían su sede la DAIA y otras instituciones de la comunidad judía. La explosión demolió el edificio de nueve pisos y mató o hirió a vecinos y transeúntes. La investigación del ataque se movió entre la incompetencia más extrema y la prioridad de preservar el gobierno de Carlos Menem, hoy uno de los acusados en la causa por el encubrimiento del atentado. En la causa también figuran políticos, ex ministros y hasta el entonces presidente de la DAIA Rubén Beraja.

Una característica de estos actos, después de tantos años, es la constante mezcla de política con memoria, de homenaje a los muertos con reclamos por la falta completa de resolución del caso. Es un acto que quisiera ser de dolor privado pero sigue siendo público y sobre algo irresuelto. Por eso, en lo que ya es una tradición, la ceremonia comenzó a las 9.53 de la mañana, hora en que estalló la bomba, con un texto de memoria sobre cómo “hace veintidós años asesinaron a nuestros padres, nos arrancaron a nuestros esposos y hermanos, mataron a nuestros hijos” y el pedido de un minuto de silencio por “su sangre inútilmente derramada”. Luego, también como es tradición, se nombró a cada uno de los asesinados, se prendió una vela y se depositó una rosa frente al edificio de la AMIA, con el público diciendo “presente” ante cada nombre.

La política apareció con la vela y la rosa 86, dedicada a Nisman, lo que despertó un aplauso. El mismo aplauso, mezclado con algún silbido, saludó el anuncio de que el presidente Mauricio Macri estaba presente. Tal vez porque este era el lado político de la jornada, el vicepresidente en ejercicio de la presidencia de AMIA, Ralph Saieg, arrancó su discurso con un fuerte “¡ciudadanos!” y después de condenar el terrorismo internacional en términos genéricos y solidarizarse con las víctimas del atentado con un camión en Niza, Francia, elogió al Gobierno. La razón eran los “gestos positivos hacia la causa”, que no detalló, y la “satisfacción” por la anulación del memorando de entendimiento con Irán, “que siempre dijimos que era un instrumento inútil”. Saieg desmintió con gran energía que la causa no haya avanzado, debido a que según él “la Justicia probó que lo hicieron los iraníes”, lo que estaría “probado” porque Interpol mantiene las alertas rojas contra funcionarios de Irán. Sin embargo, Interpol básicamente mantiene las órdenes de arresto que le pida el Poder Judicial de cualquier país miembro de la organización, sin pronunciarse sobre la cuestión de fondo.

La politización del acto avanzó todavía más con el muy peculiar análisis que hizo Saieg sobre el caso Nisman. Según el funcionario comunitario, su muerte fue “una situación extraña” y hay que reclamar porque “la Justicia sigue sin dar una explicación”. Esta afirmación contradice los pronuciamientos judiciales que señalan que no se puede afirmar que al fiscal lo asesinaron y recortan elementos como el dinero que se le encontró y su gusto por las frecuentes vacaciones tropicales con acompañantes. El final fue un llamado a la unidad y un repudio a la “división” que, según Saieg, proviene de las identidades políticas.

Luego de que el periodista Gerardo Young volviera al tema que se rememoraba, recontando sus experiencias del día del atentado como joven cronista enviado al Hospital de Clínicas, el lado político volvió por sorpresa con el discurso de Sofía Guterman, que habló en nombre de los familiares de las víctimas. Guterman comenzó explicando el dolor agregado por “veintidós años de impunidad” y se preguntó si después de tantos años “las hojas del expediente no tienen ya olor a viejo”. La oradora remarcó que “ningún gobierno pudo resolver el atentado” lo que crea una sensación de “impunidad y desilusión”. En este contexto y sumando “las noticias del mundo” y eventos como el atentado en Niza, Guterman afirmó que “tenemos que considerarnos sobrevivientes por terminar el día”.

Y entonces, la oradora se preguntó “¿qué había atrás del memorando con Irán?, ¿por qué tanto apuro?” y afirmó, sin sostenerlo con alguna evidencia, que sólo esa anulación mantiene las alertas de Interpol en vigencia. Dejando sus propias preguntas sin responder, calificó el caso Nisman como “la muerte política más importante de la democracia” y acusó al Estado de “desidia en protegerlo”. Haciendo el mismo recorte de la evidencia y del carácter de Nisman que Saieg, Guterman consideró que la muerte del fiscal “sigue sin aclararse”. A continuación y con un tono estridente, la oradora criticó ferozmente al ex ministro y hoy diputado por el Parlasur Agustín Rossi, por su comentario de hace tres semanas comparando los casos judiciales contra ex funcionarios del gobierno kirchnerista con “la persecución nazi”. Para Guterman, lo mejor que se puede esperar de esto es que “sea un error de terminología” y no un acto discriminatorio.

Algo erráticamente, Guterman culpó a “la corrupción” por la falta de resolución del caso AMIA y afirmó que “las organizaciones de derechos humanos que prestigiaban al país” hoy están “destruidas”. Tal vez influida por la presencia de Macri, terminó su discurso con el slogan de campaña del PRO y su alianza Cambiemos. “Se puede. Los familiares creemos que también se puede. Después de las elecciones dijeron festejando que se pudo. Ojalá podamos también decirlo los familiares”.

Antes estos mensaje, el público –visiblemente menos numeroso que el de años anteriores– reaccionó con cierta apatía. Se aplaudían las menciones al fiscal Nisman y las protestas por la impunidad, pero poco más. La placidez pareció poner nerviosos a los muchos guardias de seguridad de la comunidad presentes, casi todos muy jóvenes y todos vestidos de negro y con un audífono en el oído derecho. Sin otras amenazas visibles, se dedicaron a hostigar al periodista que anotaba en un block, preguntando una y otra vez por qué tomaba notas. El cuarto custodio quiso ordenar que no se anotara más y sólo desistió cuando un superior, con algo más que veintipocos años, se lo ordenó.

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El Presidente estuvo en Pasteur al 600 y recibió aplausos y silbidos.
 
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