EL PAIS › OPINION

Que esta gente no cambia de IDEA...

Un coloquio con pocas ideas. Rattazzi, confesión y revival. Quién conduce la relación CGT-Macri. Cómo regatea el Gobierno.

 Por Mario Wainfeld

La competencia semanal por el Olimpia de Oro en la disciplina “macrismo explícito” talló muy alto. La visita de Máxima de Holanda inspiró carradas de cursilerías y textos apologéticos de la reina, de su inigualada trayectoria de ascenso social, un canto a la tilinguería sin superyó. Muchas notas del diario La Nación hicieron méritos para subirse al podio, con la camiseta naranja puesta. Tuvieron mala fortuna porque la visita de la monarca que exalta y mociona la usura direccionada para los pobres coincidió con el Coloquio de IDEA.

El gozoso cónclave de la familia empresarial-funcionarial fue una usina de afirmaciones para recuadrar. La medalla dorada se la llevó Cristiano Rattazzi, un proveedor de aforismos. En una frase de medio minuto, “Cristiano” emitió una amenaza mezclada con confesión: la única norma que se debe cumplir es que si hay huelga, los salarios no se pagan. La escala de valores jurídicos de los CEO puesta de manifiesto, con franqueza apabullante: describe el desprecio de las grandes patronales a las leyes, su encono contra derechos laborales, su desdén por la disciplina fiscal. Una sola norma se cumple siempre, propugnó Rattazzi, un buen título para una futura biografía.

Desenfadado, menos ceñudo que muchos de sus pares, Rattazzi es un emergente grupal que dice lo que otros velan con cierto pudor. Pertenece a una estirpe que talla alto en estos tiempos: la de los hijos o descendientes de fundadores de empresas que disfrutan de lo que hicieron sus ancestros. De aquellos nacidos millonarios, destinados a vivir bien sin laburar. Uno de sus arquetipos es presidente de la Argentina

El ministro de Educación, Esteban Bullrich, debió conformarse con la medalla plateada con su descripción del sistema educativo y de la clase trabajadora, más un par de metáforas culinarias. El sistema educativo, expresó, “no sirve más, no sirve más”, “es una máquina de fabricar chorizos”. Fue diseñado cuando los empleados “usaban el músculo y no el cerebro”. Remató con una perla: “en el desa- yuno (del hotel donde convivían los asistentes) había huevos revueltos y panceta. La gallina hizo su aporte pero el mejor aporte lo hizo el cerdo”. Los popes aplaudieron porque no se trataba de razonar, sino de darse mutua manija. No quedó diáfano quién debe sacrificar su vida para que los empresarios y los integrantes del Gabinete nacional se alimenten bien, con cierto riesgo de aumentar los niveles de colesterol.

Frases altisonantes, lugares comunes, una falta casi absoluta de debate y una carestía pasmosa de ideas.

La auto celebración rayó por las nubes. Esforzados cronistas bucearon en aguas turbias para encontrar buenas nuevas. Por ejemplo, albricias, que las vacaciones adelantadas para laburantes en Alpargatas nada tienen que ver con suspensiones… seguramente se trata de un generoso intento de ahorrarle a los empleados ponerse al sol durante los meses más cálidos del año y también aliviarlos de la cargosa compañía de sus hijos, que en octubre asisten a la fábrica de hacer cho… a la escuela o de sus parejas que en una de esas todavía tienen conchabo.

La negación de la realidad es proverbial en comunidades cerradas. La satisfacción es compartida. Los indicadores económicos dan fatal pero no son estos momentos de detenerse en minucias.

Voceros de Cambiemos o periodistas VIP (categorías que no siempre es fácil diferenciar) propagan que el aumento de ventas de autos 0 kilómetro de alta gama es un “brote verde”. Ocultan que llega de la mano con la baja de las ventas de usados y la decisión de discontinuar la producción de varios de los modelos más comprados por la clase media. El combo alude a la concentración del ingreso, a reducción de consumo popular que incluye a capas medias.

Si Bullrich cavilara sobre lo que dice podría preguntarse por qué algunos desayunan huevos con panceta mientras el conjunto de la población disminuye sideralmente el consumo de carne vacuna per cápita.

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Ved en trono a la innoble desigualdad: Entre tanto, se realizan los aprontes para la Mesa del Diálogo entre la Producción y el Trabajo, que congregará a la CGT y al abanico de corporaciones patronales (ver nota aparte). El temario del primer encuentro es el modesto pliego de peticiones cegetista que el Gobierno ya recortó.

El equipo del presidente Mauricio Macri tiene una característica para negociar: regatea consigo mismo, siempre a la baja si de derechos sociales se trata. Ahora sumó otra innovación respecto del funcionamiento tradicional de los gobiernos: en general el ministerio de Hacienda es más avaro y el de Trabajo más atento a los intereses de los laburantes. Con Alfonso Prat Gay y Jorge Triaca (h) la ecuación se altera, con una salvedad: ninguno es muy manirroto.

Algunas modificaciones desnaturalizan los anuncios. Por ejemplo, el “bono” de mil pesos para los beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo (AUH) se paga por grupo familiar y no por beneficiario, que son las chicas y chicos aunque lógicamente los cobren las jefas o jefes de hogar. La mayoría de las familias que la perciben tienen dos pibes, a cada uno de los cuales corresponde 500 pesos según la extravagante praxis oficial. Es una injusticia que discrimina entre titulares de los mismos derechos. Si se admite un sarcasmo: acaso sea un castigo a la fertilidad y un mimo a los hijos únicos. Para las familias numerosas, claro, la sanción es mayor.

Las pensiones no contributivas que conciernen a más de un millón y medio de personas fueron asimismo segregadas. Recibirían el bono, se entusiasmó Clarín en su tapa. No hubo tal, quedaron afuera. El argumento oficial es que se están investigando supuestas irregularidades de algunos de esos beneficios. Transitoriamente se sanciona a la totalidad, un despropósito. Una regla de oro en políticas sociales es que más grave el “error de exclusión” (dejar afuera a quien debería cobrar) que el de inclusión (pagar a alguien sin derecho). El macrismo invierte el principio haciendo pagar (o no cobrar, para ser más estrictos) a justos por pecadores. Pecadores hipotéticos, no probados para colmo. La presunción de inocencia se invierte para los más humildes: doctrina PRO.

Quién le dice, el Gobierno retrotrae sus pasos por segunda vez y paga como corresponde la AUH. Aún si así fuera, da la impresión que los más favorecidos por el paquete de medidas implantadas son los trabajadores que pagan impuesto a las ganancias que recibirán más dinero que compañeros de clase con necesidades mayores. Lo expresamos con precaución porque los cálculos estimativos del macrismo suelen ser falsos. El gobierno macanea tanto que ni siquiera se puede creer lo contrario de lo que dice.

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Conducción política: El oficialismo es astuto para el toma y daca. Los compañeros triunviros, hasta ahora, parecen más lentos aunque el veredicto definitivo debe esperar hasta que se cierre trato.

Para empezar, la CGT nada reclamó sobre los despidos y suspensiones. La claudicación deja inermes a centenares de miles de empleados y contradice los pasos anteriores de la cúpula gremial. Esta semana se conocieron nuevas cifras de despidos: son tremebundas. Pulsear en octubre sin tomarlas en cuenta es señal de debilidad o bajo compromiso.

La decisión cegetista, no confrontar, va fortaleciendo al gobierno sin contraprestaciones importantes. Tal vez la unidad sea muy frágil y la hagan prevalecer sobre las necesidades acuciantes de las bases. Las organizaciones primero, los afiliados atrás. No sería la primera vez y en pocas ocasiones fue una práctica acertada.

Los triunviros olvidaron el viejo apotegma del vandorismo: “pegar para negociar”. Amagaron con el paro general y se quedaron tiesos. Raro el manejo porque el golpe podía regularse para no ser muy duro: pintaba para ser un paro sin movilización, una medida aislada sin plan de lucha, una mini táctica sin estrategia.

Sin huelga, el gobierno “da”, “ayuda” según su jerga. Si la medida de fuerza se hubiera concretado los pagos o exenciones se leerían como una conquista o avance consecuencia de la presión.

A hoy, el gobierno “conduce” a la CGT, en jerga peronista. Genera el escenario, impone las cifras.

Todos los participantes chimentan, off the record, que el Papa Francisco bendice las negociaciones y es refractario al paro. No es muy congruente con los discursos sociales de Bergoglio ni tampoco está comprobado.

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Fiesteros y aguafiestas: Rattazzi saltó a la pista a bailar con la actriz Natalia Oreiro. La historia no se repite como calco pero hay parentescos entre etapas. Todo el coloquio, incluyendo la demostración de la alegría de pocos pero ricos, remite a momentos típicos del menemismo. El pueblo goza, viaja en autos de primera, se divierte y come desayuno americano solo a través de sus representantes. Preservar a esa fiestaza de aguafiestas movilizó a tantos uniformados como la visita del ex presidente estadounidense George W. Bush a la Cumbre de Mar del Plata, hace más de una década. Ahora quienes vallan en su derredor y se aíslan son gobernantes y emprendedores argentinos.

Otro intruso en el espectáculo fue el sacerdote jesuita Rodrigo Zarazaga. Es un académico prestigioso, especialista en políticas sociales que también “camina” el Conurbano. Posiblemente lo convocaron para darse un barniz de pluralismo. Zarazaga habló como siempre lo hace. A quienes aducen que la AUH es clientelar les explicó, pacientemente, que es un programa de ingresos transparente que reduce a casi nada las mediaciones políticas. Que la plata que va a los hogares se administra bien por lo general y es clave para que, por lo menos, los pobres coman. A quienes despotricaban por el monto, calculó a cuantas mensualidades de AUH hacen falta para pagar una cartera Louis Vuitton o una corbata Hermes, que proliferaban en la fragante reunión.

A los que, nostálgicos de 1845, afirman que la AUH conspira contra la cultura del trabajo les dijo que ningún trabajador rechaza un trabajo con sueldo 15.000 pesos para mantener “un plan de 880”.

Zarazaga añadió que, desde hace años, urge mejorar el repertorio de políticas públicas: cloacas, vivienda, pavimento, transporte. Y que los principales responsables para conseguirlo son los que pagan impuestos.

La furia convulsionó la velada. Guillermo Dietrich, el papá del ministro de Transporte, pegó dos gritos, en público. José Aranda, alto integrante del Grupo Clarín y propietario rural (cuentan testigos presenciales) optó por el susurro imperativo en los oídos de los organizadores, propugnando que nunca más se invite al cura ni a nadie que piense como él. Pluralismo en acción.

Los otros aguafiestas son los números y porcentajes que describen el devenir de la economía real. Ya se va el año, es hora de ir pensando si el primer semestre de 2017 traerá inversiones de calidad, rebote del consumo, nuevos puestos de trabajo o más de lo mismo.

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