EL PAIS › OPINION

Empate de visitante

 Por Washington Uranga

El presidente Mauricio Macri calificó de “buena” la reunión que mantuvo ayer en Roma con el papa Francisco. Se encargó también de dar su versión sobre la cordialidad del encuentro privado que le concedió Bergoglio y los voceros oficiales destacaron la duración del mismo: aproximadamente una hora. Todos datos que intentan contrastarse con el gesto adusto de Francisco y los 22 minutos formales de la entrevista oficial y protocolar que ambos tuvieron en febrero pasado.

El principal propósito del gobierno en esta ocasión y teniendo como excusa la canonización del cura cordobés José Gabriel Brochero (el primer santo que nació, vivió y murió en la Argentina), era borrar la imagen de desencuentro que quedó instalada en la sociedad después de la audiencia anterior. La cancillería preparó la reunión con minuciosidad con el propósito de que Macri presentara al Papa los avances y las acciones de su gobierno, atendiendo a las cuestiones que se sabe de antemano que están en la agenda de Bergoglio: pobreza, la “cultura del encuentro”, el narcotráfico, el medio ambiente. El plan se cumplió con minuciosidad aunque hubo que sortear algunos escollos y limar diferencias. En principio el gobierno argentino había insistido en fijar el encuentro para el 17 de octubre, porque esa fecha se ajustaba mejor a la agenda de la canciller Susana Malcorra y del propio Macri. El Vaticano fue terminante: la única fecha disponible sería el sábado 15, tal como finalmente ocurrió. El lunes en cambio, Francisco se reunirá con la mesa ejecutiva de la Conferencia Episcopal. El arzobispo José María Arancedo, el cardenal Mario Poli, el arzobispo Mario Cargnello y el obispo Carlos Malfa, le darán entonces al Papa la visión que el episcopado tiene de la situación en la Argentina y allí el intercambio será franco, entre viejos conocidos. Se descuenta que el tema social será prioritario en ese diálogo.

Jugar en cancha ajena

El gobierno argentino también habría deseado que Bergoglio recibiera a Macri en “su casa”, es decir, en la residencia de Santa Marta, donde vive el Papa. Habría sido una muestra más de cercanía, algo que si le fue dado en su momento a Cristina Fernández de Kirchner. Bergoglio optó por una salida intermedia: la entrevista personal (no oficial, no protocolar) pero en una oficina del Vaticano: un estudio contiguo al Aula Pablo VI, la sala en la que el Papa concede sus audiencias generales.

Según Macri, el Papa elogió a la Ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, y a la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal. A ambas las conoce por su gestión en el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en tiempos en que Bergoglio ocupaba el arzobispado de la capital. Y, en conferencia de prensa, el Presidente aseguró que el Papa lo despidió con un “fuerza y adelante”, que Macri intentó presentar como un respaldo a lo realizado. A todo esto el Presidente sumó la foto de familia con el Papa.

Del otro lado, desde el Vaticano, no hay versiones ni comentarios. La Santa Sede no da información sobre los “encuentros privados” del Papa y, precisamente por tratarse de una entrevista de este tipo, los periodistas no tuvieron acceso.

En términos futboleros, Macri sabía que iba al Vaticano para jugar de visitante y con el Papa como favorito. El objetivo era jugar a la defensiva y, por lo menos, sacar un empate. Es lo que aparentemente logró.

Pero para ello hubo que dejar también algunos temas por fuera de la agenda y no profundizar en aspectos de la realidad argentina que Bergoglio conoce perfectamente y acerca de los cuales tiene su propia visión, suele ocuparse y dar su parecer, así no sea de forma oficial.

Una de las cuestiones que no se habló, admitido por Macri, es de la eventual visita del Papa a la Argentina. Bergoglio se había anticipado a negar esa posibilidad en un mensaje enviado al pueblo argentino hace pocos días. No quedó espacio ni para reiterar la invitación, pero el Gobierno también prefiere que esto no ocurra, al menos por el momento. Si Francisco llegase a la Argentina y siendo coherente con su prédica global, no podría eludir hacer referencia a la pobreza, a la crisis que se plantea en el mundo del trabajo e, incluso, al modelo económico que no concuerda con los postulados de sus más importantes documentos. Si la visita se concretara en el 2017 a lo anterior habría que agregar el impacto que las palabras papales podría generar en plena campaña electoral. El tema ni siquiera se conversó. Aunque Macri después dijo que “él (por el Papa) sabe que todos lo esperamos. Estoy seguro que cuando él venga (a la Argentina) será muy importante”. Y agregó que Bergoglio “es una persona sabia y sabrá cuando es el momento”.

Cultura del encuentro

Casualmente (¿o no?) en la semana previa al viaje de Macri a Roma, el rector de la UCA, el obispo Víctor Manuel Fernández, hizo una intervención pública para analizar la propuesta del Papa sobre la “cultura del encuentro”. El gobierno suele utilizar esta perspectiva del Papa para asimilarla a su propio discurso sobre el “diálogo entre los argentinos”. Fernández, teólogo, hombre cercano al Papa y uno de sus asesores principales, puede ser considerado un vocero autorizado del pensamiento de Bergoglio sobre este tema.

Su exposición fue extensa. Pero de ella se pueden extraer algunas frases que dan indicios sobre cómo el propio Francisco entiende “la cultura el encuentro”. Fernández dijo que “Bergoglio siempre rechazó las dialécticas que enfrentan” y apunta a una “sociedad donde las diferencias puedan convivir complementándose, enriqueciéndose e iluminándose unas a otras”. Pero agregó también que “no es sano huir de los conflictos, o ignorarlos. Hace falta aceptarlos y sufrirlos hasta el fondo, no esconderlos”, dijo el rector de la UCA. Y en otro momento insistió en que hay que trabajar para la paz, pero no por una “paz superificial” porque “tampoco sirve una paz que se logre silenciando las reivindicaciones sociales o evitando que tengan voz pública”. Y en respuesta a acusaciones dirigidas al Papa, el obispo Fernández señaló que “algunos llegan a decir que esta insistencia de Francisco en incluir a los pobres y débiles es propia de un populista, y que por eso mismo justifica la vagancia y la comodidad. Cómo se nota que no lo conocen y no lo leen”, agregó. “El pueblo –dijo Fernández– es el sujeto de esta cultura (del encuentro), no una élite que busca una pacificación aparente con recursos profesionales o mediáticos. Aquí está la gran diferencia entre populista y popular”, subrayó. No faltó tampoco la referencia crítica a “algunas posturas que absolutizan la libertad de mercado como principio fundamental de la vida social”.

Para seguir andando

Si bien el Gobierno puede considerar que logró su objetivo de cambiar la imagen de una relación tensa y distante que había quedado instalada después del encuentro de febrero entre Macri y Bergoglio, mientras tanto en la Argentina siguen ocurriendo cosas de las que son protagonistas actores vinculados a la Iglesia o que se mueven con conexiones muy directas. Y todo ello tiene repercusiones en Roma: como origen y como consecuencia.

En pocos días el Papa se encontrará en el Vaticano con los representantes de movimientos sociales (Barrios de Pie, Corriente Clasista y Combativa, Movimiento Evita) que fueron invitados a participar del encuentro mundial de movimientos sociales que auspicia Francisco. Otra será la mirada que estos dirigentes le llevarán al Papa y le harán conocer su visión sobre la situación social y los reclamos que tienen contra el Gobierno de la Alianza Cambiemos.

Pero aún dentro de las filas de la Iglesia ya no son solo los Curas en la Opción por los Pobres los que advierten y critican lo que hace el Gobierno. Fue en el coloquio de IDEA donde el sacerdote jesuita Rodrigo Zarazaga, doctor en ciencias políticas y director del Centro de Investigación y Acción Social (CIAS), dijo que “si llega la lluvia de inversiones, hay un sector que va a seguir en el desierto”. Y agregó ante una audiencia de empresarios: “no les hablo con el corazón, les hablo con la billetera: podremos seguir viviendo en countries y pagando seguridad, pero no está funcionando”. En otro momento el sacerdote se dirigió directamente a la ministra Stanley para señalar que el programa “El Estado en tu barrio” bien “podría llamarse el Estado pasó por tu barrio, porque es un container que está dos semanas y se va”.

Algunas voceros cercanos a la CGT se encargaron de hacer trascender en los últimos días que al bajar sus demandas los dirigentes sindicales estaban accediendo a un pedido del Papa en favor del diálogo. Fuentes eclesiásticas y sindicales aseguran que ello no ocurrió, aunque sí la Conferencia Episcopal por su cuenta insistió sobre la necesidad de encontrar acuerdos que eviten el enfrentamiento social. Sí está confirmado que fue una intervención directa de Francisco, a través del arzobispo Arancedo, la que obligó al Ministro de Educación, Esteban Bullrich, a acceder a la exigencia de SADOP (docentes privados) para reabrir la paritaria del sector.

La jerarquía católica no oculta su preocupación por la crisis que genera el aumento del desempleo, la inflación y la caída del poder adquisitivo de los salarios. Y, dada su estructura nacional, la Iglesia sale de la visión capitalina para anotar también las consecuencias que esto está teniendo en las provincias.

Macri se encontró con el Papa y mejoró la foto de febrero. Aunque esto no signifique que haya convencido a Francisco acerca del modelo que pretende imponer en la Argentina y tampoco que la foto sirva para acallar muchas de las quejas que provienen de los sectores eclesiásticos. Continuará.

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