EL PAíS › MANGUERA PROPIA

Convertir el instinto en estrategia

OPINION

 Por Martín Granovsky

Si el Estado argentino se asociara con el venezolano para actuar en el mercado de la energía, una interpretación simplista sería la siguiente: Néstor Kirchner es como Hugo Chávez, es decir, la encarnación del Mal en el sur del continente. Hay otra: populistas sin remedio, los presidentes latinoamericanos actuales están volviendo al estatismo de los años ’50. No aprendieron nada y quieren recrear un modelo de Estado empresario que ya fracasó.
Si, a su vez, el Estado argentino se asociara con el venezolano y el brasileño, los dos simplismos se repetirían.
La diferencia de imagen entre uno y otro escenario es que ante el establishment, hoy, Chávez aparece como el Mal y Luiz Inácio Lula da Silva como una agradable sorpresa más próxima al Bien que al Mal.
Por eso, en términos de imagen internacional asociarse solo con Venezuela tiene un resultado que será magnificado como populismo por el establishment e incorporar a Brasil será más difícil de combatir.
Sin embargo, conviene salir de la imagen y explorar la realidad con hechos:
- El mayor socio comercial del petróleo estatal venezolano es Estados Unidos, como se informa en nota aparte. Venezuela hasta tiene inversiones en suelo norteamericano, y nadie imagina a George W. Bush como un chavista.
- Si eventualmente Brasil no fuera de la partida, la asociación argentina con Venezuela sería irreprochable en términos reales.
- Crear empresas testigo desde el Estado no es un delito de anticapitalismo. Las tienen países tan alejados del colectivismo extremo como Francia o Alemania.
- Contar con una fuente propia de generación de divisas tampoco es un pecado de nacionalismo antiguo sino una muestra de realismo capitalista. Cuando Augusto Pinochet dio el golpe contra Salvador Allende, los conservadores chilenos reprivatizaron todo. Con una excepción: el cobre. El socialista Allende lo había estatizado porque, decía, “el cobre es el sueldo de Chile”. Y ni siquiera el franquista Pinochet volvió atrás en esa medida.
- Al privatizar el petróleo, Carlos Menem transformó a la Argentina en un caso único en América latina. Un país productor de energía no podría contar directamente con las divisas generadas por ella. Así como la Convertibilidad amputó a la Argentina la chance de contar con una política monetaria, la privatización de YPF le amputó una herramienta para generar divisas sin depender de intermediarios.
- Volver atrás así sea un pequeño paso en el mercado de energía sería acercarse a un capitalismo con Estado, en lugar de repudiarlo. Un poco más de Adam Smith y un poco menos de Domingo Cavallo.
- Un mes atrás, en Río de Janeiro, el presidente Néstor Kirchner reveló hasta qué punto su asociación con Brasil es estratégica. Acordó estudiar una política conjunta de discusión sobre la deuda externa.
- Lula acaba de realizar un gesto que aquí pasó inadvertido. Ordenó al canciller Celso Amorim que condecorase al embajador argentino en Brasilia, Juan Pablo Lohlé. Y lo hizo justo al mismo tiempo que Brasil peleaba con los Estados Unidos en defensa de su propio plan nuclear. Lo que Brasil estaba diciendo es que no destruiría su alianza con la Argentina y que, al mismo tiempo, diferenciaba a Buenos Aires de Washington.
- Si el Estado argentino concreta su asociación con Petrobras reforzará la tendencia anterior. Petrobras ya está en la Argentina, pero se trata de un hecho comercial que responde solo a la compra de Pérez Companc. Una asociación, en cambio, significa la posibilidad de una estrategia económica regional con una empresa que despierta el interés personal de Lula y cuenta entre sus cuadros directivos con un fanático de la sociedadestratégica entre los dos países: Sebastiao do Rego Barros, el anterior embajador brasileño aquí.
Una asignatura pendiente del Gobierno es que aún no automatiza que cada decisión interna tiene una dimensión internacional. A veces lo hace, como la fuerte apuesta a la relación con Brasil, y a veces lo ignora, como en el caso del evitable conflicto con Chile.
Integrar una multinacional latinoamericana de energía sería un modo de convertir lo espasmódico en permanente y los instintos en una estrategia que se va cumpliendo todos los días.

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