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Interna con un capellán

Por Fernando Cibeira

Amigos del presidente Néstor Kirchner quieren poner a un jesuita como capellán de la Casa Rosada. Se trata de Juan Luis Moyano, un sacerdote que trabajó junto al padre Carlos Mugica y que cuenta con un amplio currículum en materia social. Cerca del Presidente consideran que la designación, de carácter más simbólico que efectivo, serviría para darle voz a sectores progresistas de la Iglesia, a los que les cuesta hacerse oír cuando se trata de debatir algunos temas sensibles. Con todo, avanzar no será sencillo. Por tradición, al capellán presidencial lo nombra el vicario castrense. Hoy el vicario es monseñor Antonio Baseotto, uno de los más enconados adversarios de la Rosada en materia de derechos humanos.
En la grilla de Presidencia todavía figura como capellán el padre Alfredo Estrabiz. Pero el sacerdote murió el año pasado y todavía no designaron a su reemplazante, aunque ya asoma un candidato. En la página web de Presidencia se explica que entre las funciones del capellán está la de oficiar misa una vez por semana en la capilla de la Casa Rosada. Esa capilla, bautizada Cristo Rey, fue inaugurada en 1978 y está estratégicamente ubicada entre el Salón Blanco y la antesala del despacho del Presidente. El lugar, no muy grande, tiene como atracción principal una talla de madera que representa a Cristo realizada por el escultor Vigil Mahlknetch. Por esa capilla habría pasado Fernando de la Rúa a buscar algo de providencia en los momentos previos a su renuncia.
La cercanía entre la capilla y la oficina del Presidente hace que muchos consideren al capellán de la Casa Rosada como la de una persona que puede influir en los asuntos de gobierno. Sobre todo cuando el Presidente debe opinar sobre temas religiosos o, viceversa, cuando los religiosos deben dar su parecer sobre temas mundanos.
Por eso, algunos amigos de Kirchner que militaron en los ’70 se acordaron de Juan Luis Moyano. Los jesuitas, se sabe, son considerados algo así como el ala progresista dentro de la Iglesia, por lo que suelen ser mirados con desconfianza por las autoridades eclesiales de turno. Moyano, en ese caso, es la confirmación de la regla. Compañero de militancia del padre Mugica, Moyano estuvo detenido cuatro años durante la dictadura. Desaparecido durante la primera época de su prisión, pudo conservar la vida gracias a los esfuerzos de su congregación.
Desde 1995, Moyano dirige la rama local de la Federación Fe y Alegría, un movimiento que se propone “el cambio social por medio de la educación popular integral”. El accionar de Fe y Alegría, con un amplio desarrollo en toda Latinoamérica, se dirige “a sectores empobrecidos y excluidos para potenciar su desarrollo personal y participación social”, según explica su estatuto. En Argentina, el movimiento de Moyano educa a unos 4500 chicos de provincias del norte, mientras que en toda América latina suman más de un millón, con gran actividad en Colombia, Perú y Venezuela.
Con ese perfil, amigos cercanos a Kirchner vieron a Moyano como el candidato ideal para convertirse en la guía espiritual del Presidente. Lo que les interesó fue darle difusión a alguien dentro de la Iglesia que pueda ofrecer una visión distinta, progresista, en temas sensibles como control de la natalidad o el celibato sacerdotal. “Nos molestó que cuando Néstor nombró a Carmen Argibay para la Corte todas las voces que se escucharon de la Iglesia se oponían, cuando sabíamos que no era así”, explicó a Página/12 una persona muy cercana a Kirchner.
Una curiosidad: aunque Moyano no es “pingüino” de nacimiento tiene un antecedente familiar que lo acerca al Presidente. Es nieto de Carlos Moyano, quien fuera gobernador de Santa Cruz cuando todavía era territorio nacional.
Pero su nombramiento cuenta con un gran obstáculo. Como la capellanía presidencial forma parte de la estructura de la Casa Militar de la Rosada, su nombramiento, por tradición, corre por cuenta del vicario castrense. Desde el año pasado, la vicaría castrense la ocupa monseñor Baseotto, quien en poco tiempo supo colocarse en la vereda de enfrente del Gobierno.
Baseotto fue quien se entrevistó con la todavía mayoría automática de la Corte Suprema para pedirle que confirme la validez de las leyes de Obediencia Debida y de Punto Final. También fue quien ofició la misa de “reparación” en el mismo lugar que Kirchner había hecho el acto por la creación del Museo de la Memoria en el predio de la ESMA. Su pensamiento, es obvio, es incompatible con el de Moyano.
Algo de eso se vio en el encuentro que no pudieron mantener Kirchner y Moyano cuando lo fue a visitar en la Casa de Gobierno, por culpa de problemas de agenda que misteriosamente aparecieron a último momento. El sacerdote jesuita percibió cierta hostilidad en el ambiente y se apuró en decirle a los amigos del Presidente que impulsaban su designación que daba un paso al costado. “Me parece que voy a traer más problemas que soluciones”, advirtió. No obstante, dijo que le gustaría proponer un candidato para que ocupe el cargo. La pulseada continúa.

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