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Murió Raúl Aragón, un luchador incansable por los derechos humanos

A los 75 años, el ex rector de los colegios Nacional Buenos Aires y Avellaneda, integrante de la APDH y secretario de la Conadep, falleció víctima de un accidente cerebrovascular. “Con los muchachos vine, con los muchachos me voy”, dijo ante la intervención de la Triple A.

Algunos lo recuerdan como rector del Colegio Nacional Buenos Aires, otros en ese mismo cargo al frente del Nacional Avellaneda. Muchos lo guardan en su memoria como uno de los mentores de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos y otros como secretario de la Conadep. Mucho más acá en el tiempo están quienes lo conocieron como juez. Pero todos comparten una misma impresión: Raúl Aragón fue un luchador incansable por los derechos humanos. Ayer murió a los 75 años.
Antes que cualquier otra cosa, Aragón fue un profesor de Historia de la Edad Media en el Buenos Aires de esos que ningún estudiante olvida jamás. “Para entender el medioevo español hay que leer comparativamente la Biblia y el Corán”, solía decirles a sus alumnos de tercer año antes y les encomendaba que hicieran ese trabajo.
En el ’73, poco después de que Héctor Cámpora asumiera la Presidencia y con Rodolfo Puiggrós en el rectorado de la Universidad de Buenos Aires, Aragón fue designado rector del Colegio. Por entonces, el Partido Comunista ya lo había perdido de sus filas en una de sus tantas fracturas y Aragón se definía como “marxista independiente”.
El mediodía en que asumió el cargo los bombos entraron por primera vez al aula magna del Buenos Aires. Aragón había llegado al rectorado a propuesta de la Tendencia y todos los militantes peronistas –que por aquellos días ya eran tantos como los de la izquierda marxista, tradicionalmente mayoritarios en el colegio– estaban presentes.
Además de ser un respetado profesor, Aragón ya era a esa altura un abogado con reconocida trayectoria en la defensa de presos políticos. Sus colegas de entonces no dudan en afirmar que “era famoso por sacar tipos del Camarón”, como se llamaba en la jerga de Tribunales a la Cámara Federal que entonces funcionaba frente al Teatro Colón.
“Con los muchachos vine, con los muchachos me voy”, dijo Aragón la noche de 1974 en que la intervención Ivanissevich-Ottalagano desembarcó en la universidad. No fue demasiado lo que estuvo al frente del Buenos Aires, pero lo suficiente para dejar huellas que aún están presentes. Quienes vivieron aquellos días en el colegio, sea como alumnos o profesores, destacan que “en una época terriblemente convulsionada lo mantuvo con un buen nivel académico y con altísimo nivel de participación”.
Fue durante la gestión de Aragón y a partir de la consagración del ingreso irrestricto a la universidad que el sexto año del Buenos Aires pasó a ser optativo. “Su posición era que se mantuviera la obligatoriedad. Los estudiantes resolvieron lo contrario en asamblea y él lo aceptó, pero la verdad es que tenía razón”, admite ahora más de un ex alumno.
Era frecuente que Alfredo Bravo se acordara de los días en que ambos discutían la formación de un organismo de derechos humanos, que después –concretamente en diciembre de 1975– no sería otro que la APDH. Aragón se exilió en Francia durante la dictadura y a su regreso se desempeñó como secretario de la Conadep. Cuando fue designado como rector en el Nacional Avellaneda, también hizo que ese colegio se distinguiera por su apertura y su participación. Su carrera la terminó como juez de un tribunal oral.
“Es un profesor de historia, un intelectual, un educador, un magistrado, una noble y generosa personalidad integral”, lo definió el actual rector del Buenos Aires, Horacio Sanguinetti. Fue hace tres años, el 8 de mayo de 2001, el día en que Aragón volvió al aula magna a presentar su libro Glorias y tragedias del Colegio Nacional de Buenos Aires.

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El profesor Raúl Aragón en 1990, durante su gestión como rector del Colegio Nicolás Avellaneda.
 
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