ESPECTáCULOS › “ALIEN VS. PREDATOR”, DE PAUL W. S. ANDERSON

Los asesinos de videogame

 Por Martín Pérez

Desde hace años que daba vueltas por Hollywood el proyecto de reunir en una misma película a las dos más perfectas máquinas de matar imaginadas por la industria del entretenimiento norteamericano durante la década del ochenta. Primero fue una historieta, luego un videojuego y, ahora sí, finalmente la idea llega a la pantalla grande. Aun cuando sea difícil imaginar una razón más elevada para juntar a semejantes monstruos en un mismo ámbito que la que hace que un niño ponga un escarabajo dado vuelta sobre un hormiguero, a ver qué pasa.
Pero lo que sucede cuando se pone frente a frente a un Alien con un Predator es algo similar a lo que sucedía cuando dos de los luchadores malos de Titanes en el Ring quedaban frente a frente: una lucha en la que poco importa quién gane. Sólo lo hacen por diversión. O por dinero. Un negocio antes que algo parecido al cine, Alien vs. Predator es un producto irreprochable. Dirigido por un especialista en esto de llevar un videojuego al cine, como demostró ser Paul W. S. Anderson, es un trabajo que se distingue de otros vergonzosos productos de su misma calaña.
Con líneas argumentales elementales, pero sin enredarse jamás en ellas, Anderson logra en su película algo que parecía imposible, que es darle una cierta coherencia y un cierto interés cinematográfico al hecho de que los Alien se van a enfrentar con los Predators. Desdeñando cualquier paranoia antisistema, que formó parte del personaje de Sigourney Weaver en cada remake del film de Scott, Aliens vs. Predator comienza con el descubrimiento de un extraña pirámide en la Antártida y el consiguiente envío de una expedición en busca de lo que sea que esté allí. Lo que encontrarán es una suerte de gigantesco y mecánico ring, en el que durante milenios los Predators han luchado contra los Alien, usando a los humanos como carnada inicial. Se sabe: los Aliens necesitan de un cuerpo humano para poder reproducirse, y eso es lo que proveerán los integrantes de la apurada expedición.
Al colocar a Lance Henricksen en el papel del millonario que, con sólo buenas intenciones, comanda la expedición, Anderson lanza un claro guiño a la saga original de Alien, ya que Henricksen fue el androide benévolo en la brillante remake de James Cameron. Honesta y entretenida a su manera, Alien vs. Predator se presenta como un mecanismo en el cual el entretenimiento es utilizado como cuerpo donde poder reproducir apenas lo más banal del negocio del entretenimiento. Y el monstruo que sale a la luz, rompiendo el pecho de lo que hasta aquí podía ser considerado cine, es apenas un mecanismo básico y unidireccional, tanto estética como narrativamente hablando, más cercano a los videojuegos que al noveno arte.

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