EL PAíS › EL FMI Y LA NO REELECCION

Cuestiones de Fondo

Si los organismos de crédito internacionales mantienen su actual dureza, para después de las elecciones el Gobierno estudia poner sobre la mesa la amenaza de imponerle la quita al FMI. También discute, un tanto temprano, de que Kirchner no reelija en 2007.

Néstor Kirchner diseña lo que vendrá, cuando menos lo que ofrecerá su Gobierno después del 23 de octubre: ya se habló acerca de lo que piensa respecto del porvenir, es optimista incluso a largo plazo (habló de 20 años vista, un período que en la Argentina hace sinonimia con la eternidad) y el escollo que ve en dicho camino es el Fondo Monetario Internacional. El Presidente pergeña cómo saltar esa barrera, y algunos de sus consejeros más cercanos hablan de amenazar al organismo con colocarlo en el mismo sitio en que estaban antes del acuerdo los acreedores privados en default, a quienes terminó aplicándoseles una quita en sus acreencias. Para eso, Kirchner consultará “al pueblo argentino o a sus representantes” cuando el nuevo rompecabezas de poder quede definido tras las elecciones de octubre. Mientras esto se discute, otras dos ideas cruzan en el pensamiento presidencial: ayudar a formar una dirigencia que continúe con las trazas de su plan económico y renunciar a la reelección en 2007.
Las ideas que exceden el plazo electoral comenzaron a circular en la mesa chica del Gobierno hace ya unos meses. A dichas cavilaciones contribuyeron –y hoy serenan los ánimos– los guarismos que llegan a la Casa Rosada sobre el hipotético resultado electoral. Kirchner recibió ayer, vía mail, en Río Gallegos, un último sondeo realizado en el conurbano sobre 1200 casos, donde Cristina Fernández de Kirchner (CFK) supera los 43 puntos, Hilda “Chiche” Duhalde obtiene poco más de 16, Marta Maffei, candidata del ARI, llegó al 10 por ciento y Ricardo López Murphy apenas sobrepasó el 6 por ciento. El trabajo contempla que, si se le agregan los resultados del interior provincial, los números cambiarán algo desde el tercer aspirante hacia abajo, pero que la tendencia y la diferencia de 20 puntos es prácticamente inamovible.
Desde el duhaldismo, apelan al resultado electoral de Alemania, donde las encuestas daban ganadora a la candidata de CDU, Angela Merkel, por diez puntos sobre el socialdemócrata Gerhard Schroeder y finalmente la mujer se impuso apenas por 0,9 por ciento, dejando a los encuestadores en vergonzoso offside. Dicho esto, también es dable destacar que en el Gobierno creen en los sondeos que reciben.
Más allá de la incertidumbre que generan en el ágora kirchnerista los resultados en Santa Fe (donde podría imponerse el socialista Hermes Binner) y en la Capital Federal (Rafael Bielsa accedió a la primera línea pero aún marcha tercero, a unos seis puntos de la puntera Elisa Carrió), los datos que llegan desde todo el país hacen presuponer al Gabinete que el Presidente obtendrá un importante respaldo político, una masa crítica que, además de erradicar al arcón de los malos recuerdos el raquitismo del 22 por ciento de origen con el que llegó a la primera magistratura en 2003, permitirá encarar una serie de medidas más arriesgadas que las tomadas hasta hoy. Aquí volvemos al FMI.

Atolladero

“Una de las distinciones relevantes entre ideología y ciencia es que la ciencia reconoce las limitaciones del conocimiento. Siempre hay incertidumbre. En contraste, el FMI jamás quiere discutir las incertidumbres asociadas con las políticas que recomienda, sino que más bien prefiere proyectar una imagen de infalibilidad”, ha escrito el Premio Nobel de Economía 2001, Joseph Stiglitz, una suerte de asesor externo de la administración K.
Esta cerrazón de la cual da cuenta el Nobel, forma parte del desfiladero que debe atravesar el Gobierno para llegar al sitio deseado: acordar con el organismo para, así, tener chances de volcar más recursos del Estado como lubricante del crecimiento económico. Se ha dicho en esta columna, Kirchner y Roberto Lavagna anhelan firmar un acuerdo con el FMI donde se puedan refinanciar los vencimientos de capital durante dos años. Argentina le debe al Fondo Monetario unos 10.000 millones de dólares, cuyo escalonamiento de pagos es 5000 millones este año, 4000 el entrante y 1000 en 2007.
Pero un acuerdo, y esto lo saben de sobra tanto en la Casa Rosada cuanto en el Palacio de Hacienda, implica que Rodrigo Rato y sus muchachos machaquen con lo que en el areópago del poder criollo consideran imposiciones inaceptables. Eufemismo del viejo y remanido recetario que el organismo financiero internacional aplica a los países del tercer mundo, una de cuyas muestras expuso días atrás en su informe mundial. Ejemplos: suba de tasas para domeñar la inflación, venta de activos del Estado, eliminación de impuestos “distorsivos” como las retenciones, suba del porcentaje de superávit para tributar a las arcas de los acreedores (hoy es un 3 por ciento, piden 4,5 por ciento), etcétera, etcétera.
Kirchner jamás aceptará eso, por lo que entiende que un acuerdo está lejos de concretarse. “Con el FMI estamos en una trampa: queremos un acuerdo, pero si vamos a negociar nos van a querer condicionar con las recetas de siempre. Eso es inaceptable. Pero por otra parte, nos vendría bien renegociar el capital por un par de años. La situación es perversa”, se queja uno de los principales colaboradores del Presidente.
Página/12 ya adelantó que Kirchner imagina un escenario diferente en la relación con el Fondo después del 23 de octubre. Si bien el patagónico no abunda en detalles y prefiere callar, una de las ideas que rondan en la pequeña mesa de las decisiones del Gobierno apuntan a quitarle al organismo internacional su condición de acreedor privilegiado, darle el mismo trato que tuvieron los acreedores que habían quedado atrapados por el default y aceptaron la renegociación impuesta por el Gobierno. Verbigracia, la deuda con el FMI podría sufrir una quita. Nada se dice en Balcarce 50, por ahora, de porcentajes y plazos. No hay detalles.
Sin embargo, nada está decidido aún. Hay quienes sostienen que aplicar una quita a las acreencias del Fondo es una empresa casi imposible, habida cuenta del apriete político que impondrían los miembros del G-7, verdaderos dueños del FMI. “Ellos te daban el apoyo, pero a la hora de los bifes te decían ‘primero arreglen con el Fondo’ y nos mandaban al muere”, graficó un integrante del Gabinete.
Kirchner no tuvo éxito en su movida para acordar políticamente con los presidentes del G-7 antes que con la burocracia del FMI, a la cual desprecia.
La discusión sigue abierta.

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