EL PAíS › OPINION

Qué es ser progresista

Por Eduardo Peduto Pardo *

El diputado Roy Cortina, que ingresó a la Legislatura porteña adosado a la boleta de quien ahora define como “el desorientado Ibarra”, nos dice que está desencantado del Gobierno de la Ciudad, al que le niega el carácter de progresista. Enhorabuena. Pero, ¿qué entiende el diputado Cortina por progresista? Porque el rumbo del Gobierno de la Ciudad nítidamente se sustenta en un proyecto político que le asigna al Estado un papel decisivo como garante de los derechos sociales básicos. Así, en medio de una crisis nacional sin parangones, la Ciudad sostiene los servicios esenciales de educación, salud y asistencia social, sin aumentar la carga impositiva sobre la población y sin despedir un solo trabajador.
Es un rumbo absolutamente coherente con una concepción progresista, que se expresa no en meros enunciados sino en la acción cotidiana de gobierno. Se trata de una manera de concebir la gestión que no se limita a la definición de “centroizquierda”, ya que, una vez trazado el rumbo, es preciso compartir ese camino con todos los que pongan por encima de sus respectivas identidades políticas la urgente, perentoria e irrenunciable obligación de aliviar el dolor social.
Y ése, también, es el sentido de la Ley de Emergencia, a la que el diputado Cortina le adjudica un contenido autocrático, sin darse por enterado de que se trata de una herramienta que, luego de un largo y responsable estudio, votó la Legislatura a la que él pertenece cuando, vale recordarlo, él estaba ausente.
Con este instrumento legal, el Gobierno de la Ciudad pudo, entre otras cosas, enfrentar la pauperización acelerada de vastos sectores de la población y la demanda creciente de prestaciones en salud y educación de los habitantes del conurbano de la provincia de Buenos Aires. Y todo se hizo pese a la caída brutal de la recaudación –el 60 por ciento del presupuesto de la Ciudad depende de los ingresos brutos, que devienen del movimiento comercial y de servicios–, intensificando el esfuerzo con racionalidad y sensibilidad para brindarle auxilio alimentario a más de 160.000 habitantes de la ciudad, aumentar notablemente el número de becas para la enseñanza media, evitar que nuestros hospitales sufran desabastecimiento y que nuestros trabajadores estatales no sufran atraso en el cobro de sus sueldos, etcétera.
Como el diputado Cortina no asistió a la sesión en la que se trató la Ley de Emergencia, tampoco votó el aumento de alícuotas de ingresos brutos sobre las AFJP y los bancos, ni concurrió después al debate legislativo sobre la renegociación de la deuda, a la que se opusieron los tenedores locales de los bonos Tango, es decir las AFJP y los bancos.
Lástima la inasistencia del diputado Cortina a estos debates, ya que le hubiera permitido mantener la coherencia entre su proclama y sus actos, a menos que considere que no es progresista valerse del Estado como una herramienta decisiva para equilibrar las tremendas cargas de la crisis, protegiendo de la depredación generalizada a los sectores sociales más vulnerables.
Estos son hechos y efectos concretos. Las palabras muchas veces se gastan, los hechos no, permanecen. Así, determinadas categorías políticas, como progresismo o centroizquierda, pueden tornarse charlatanería sin contenido, lo que, a la postre, conduce a su vaciamiento y desvalorización.

* Legislador porteño, bloque Frente Grande.

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