EL PAIS › KIRCHNER Y TABARE ANUNCIARON JUNTOS UNA TREGUA EN LA CRISIS DE LAS PAPELERAS

Noventa días para hacer las paces

Se reunieron en Santiago de Chile, durante la asunción de Bachelet. El acuerdo indica que Botnia y Ence detendrán las obras en sus plantas papeleras por 90 días y los asambleístas de Gualeguaychú dejarán de cortar los puentes por el mismo período. Kirchner destacó que la crisis no afectó las relaciones.

Por Fernando Cibeira
Desde Santiago de Chile


Néstor Kirchner y Tabaré Vázquez, dos presidentes que por lógica deberían tener más cosas en común que diferencias, anunciaron ayer en Santiago de Chile que tras dos breves reuniones habían alcanzado un acuerdo para destrabar el conflicto originado entre Argentina y Uruguay por la instalación de dos papeleras. El acuerdo contempla que las empresas Ence y Botnia paralicen las obras de construcción de sus dos plantas en Fray Bentos y los asambleístas de Gualeguaychú levanten los cortes de ruta, en ambos casos por 90 días. En ese plazo, Kirchner y Tabaré mantendrán dos reuniones, una en Colonia y otra en Mar del Plata, en las que buscarán una salida a la controversia. La solución pasaría por la integración de una comisión de especialistas de prestigio que se encargarán de controlar que las plantas no contaminen el medio ambiente. Luego del anuncio, el presidente argentino se preocupó de remarcar que la relación con el gobierno uruguayo nunca había corrido peligro. “Siempre nos mantuvimos en contacto, el diálogo no se cortó”, explicó Kirchner a Página/12.

La cuenta regresiva de la reunión de ayer habría que iniciarla en el mensaje de apertura de las sesiones ordinarias de Kirchner en el Congreso. Cuando ya parecía que todos los puentes entre ambos se habían roto –o cortado, dado el caso–, el Presidente trató a Tabaré con palabras afectuosas. Lo llamó “hermano” y “amigo”, pero también le pidió la paralización de las obras por 90 días como condición para sentarse a negociar.

A partir de allí el problema se trasladó a los negociadores designados para el caso: el jefe de Gabinete argentino, Alberto Fernández, y el secretario general de la Presidencia de Uruguay, Oscar Fernández. El argentino reclamaba que se detuviera la construcción de las plantas, el uruguayo le respondía que primero se levantaran los cortes de ruta. Como el huevo y la gallina, en versión rioplatense. Con todo, esa instancia de negociación sirvió para derrumbar el muro que se había formado entre ambos gobiernos, hasta hacía poquito muy amigos. Allí surgió la necesidad de que las dos medidas se dieran en forma simultánea, y que la resolución debía llegar de la mano de un diálogo entre los presidentes.

El conflicto ya había escalado más allá de lo esperado. Argentina anunció y aprobó en el Congreso la presentación de un recurso ante la Corte Internacional de La Haya para detener las obras. Uruguay prometió acudir a la OEA, llevar el tema al Mercosur y Tabaré se encuentra pronto a iniciar una gira por la región para explicar la posición de su país en un negocio que le significará una inversión de 1200 millones de dólares.

A solas

Kirchner y Vázquez posaron juntos para las fotos, el viernes, durante la cena de despedida que ofreció Ricardo Lagos. Allí conversaron un rato y quedaron en continuar el diálogo por la mañana en el Sheraton, el hotel que compartieron durante su estadía en Santiago de Chile en donde participaron de la asunción de Michelle Bachelet. Vázquez llegó puntual a las 8.30. Kirchner se hizo esperar unos minutos. La noche anterior había trasnochado en el lobby del hotel, donde Antonio Cafiero lo entretuvo durante largo rato contándole anécdotas de la historia argentina y del peronismo.

Los presidentes se sentaron, los dos solos, en una mesa en el bar del piso 21 del hotel. Repartidos en otras mesas desayunaban los demás integrantes de la comitiva argentina. Alberto Fernández y Jorge Taiana, en una; Alberto Balestrini, José María Díaz Bancalari y José Pampuro, en otra. Tabaré y Kirchner tomaron un café y un té con una magnífica vista del cerro San Cristóbal de frente. El sol entraba a raudales por los inmensosventanales del salón. Allí cerraron el acuerdo y luego hicieron algo fuera de lo común: salieron a hablar juntos a los periodistas que los esperaban. Kirchner hizo el gesto de que quien debía hablar era Tabaré Vázquez: “Luego de una conversación y un análisis de la situación que están viviendo nuestros dos países y nuestros dos pueblos hermanos, hemos resuelto en conjunto solicitar un gesto a las empresas que están construyendo las plantas y a los ciudadanos argentinos que están cortando los puentes que unen a los dos países, que las primeras detengan por un tiempo máximo de 90 días la construcción de las plantas y que inmediatamente se levanten los cortes de los puentes a los efectos de que podamos reunirnos a negociar ambos presidentes una solución definitiva”, explicó el uruguayo. “Pedimos el gesto, optimistas. Trabajamos para la solidaridad permanente entre los dos países”, subrayó Kirchner.

Según la evaluación que hacían en ambas delegaciones y las primeras repercusiones surgidas luego de conocida la noticia, tanto las empresas como los ambientalistas de Gualeguaychú (ver aparte) accederían a la petición. Ya en los días previos a la declaración de los presidentes, las autoridades de la finlandesa Botnia y de la española Ence habían dejado trascender que estaban dispuestas a escuchar cualquier sugerencia que les hiciera llegar el gobierno uruguayo. En tanto, en las últimas asambleas en Gualeguaychú habían surgido voces que ponían en duda la conveniencia de seguir manteniendo la protesta dado que tanto la Casa Rosada como el gobernador de Entre Ríos, Jorge Busti, pedían el fin de la medida.

El gesto

“Era el gesto político que hacía falta. Ahora que discutan los técnicos, pero lo importante es que los presidentes le dieron el marco a esa discusión”, explicaba luego el presidente de la Comisión de Representantes Permanentes del Mercosur, Carlos “Chacho” Alvarez. El Mercosur era una de las instancias más comprometidas por el conflicto entre Argentina y Uruguay. De hecho, los presidentes no se habían vuelto a reunir desde el inicio de la pelea. Alvarez esperó en el lobby junto a los funcionarios de Cancillería, Eduardo Sigal y Marcelo Fuentes, y el embajador en Chile, Carlos Abihaggle, el resultado de la reunión.

El canciller Taiana se juntó en una habitación con su par uruguayo Reinaldo Gargano para redactar un sucinto documento, cuestión de darle mayor formalidad a lo acordado por los presidentes. El texto bajó de la mano de Alberto Fernández, quien se lo entregó a Kirchner para que le diera el visto bueno. Desde hacía un rato, el Presidente hablaba por teléfono alrededor de la pileta del hotel. Se lo notaba contento por el resultado de las negociaciones. Antes de partir hacia Valparaíso para la ceremonia de asunción de Bachelet (ver páginas 4 y 5), se sentó junto a Chacho Alvarez y al resto de los integrantes de la comitiva. Chacho bromeaba. “Un síntoma del fracaso de la gestión Kirchner es lo que pasa en Racing: conseguimos un punto en ocho partidos”, decía a propósito de la causa de su sufrimiento compartido. Después se sumó a la ronda Cafiero y el Presidente se acordó de la noche anterior. “Antonio, ¿por qué no les cuenta a los muchachos lo que me contó anoche?”, le pidió. Pero enseguida llegó la senadora Cristina Fernández ya lista para emprender viaje y no hubo más tiempo para nada.

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Ambos presidentes se vieron dos veces, brevemente, entre viernes y sábado, en Chile.
 
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