EL PAíS › PREOCUPACIóN DE LOS OBISPOS PATAGóNICOS POR EL MEDIO AMBIENTE

Entre el festejo y la defensa del ecosistema

 Por Washington Uranga

Los obispos católicos de la Patagonia-Comahue decidieron asociar los festejos de Navidad al pedido de “cuidar el ecosistema en función del bien común”, denunciando al mismo tiempo que “la búsqueda del lucro inmediato sin alguna preocupación por el futuro” está generando modos de explotación “bajo pena de destruir (a la Patagonia) para siempre”. Se señala como principales responsables de este atropello a empresas “multinacionales” que “hacen aquí lo que no se les permite en países desarrollados o del llamado Primer Mundo”. El documento, a modo de mensaje navideño, lleva la firma de los obispos Marcelo Melani (Neuquén), Hugo Navarro (Alto Valle), Esteban Laxague (Viedma), Fernando Maletti (San Carlos de Bariloche), Virginio Bressanelli (Comodoro Rivadavia) y Juan Carlos Romanín (Río Gallegos). Estos mismos miembros de la jerarquía eclesiástica católica habían escrito semanas atrás una carta conjunta con los obispos chilenos de la Patagonia, que fue enviada a los jefes de Estado reunidos en Copenhague en la cumbre mundial de cambio climático. En ese texto se hacía un reclamo particular en defensa del medio ambiente en términos similares a los que ahora se plantean.

Dicen los obispos que “no tendría sentido hacer fiesta, comer pan dulce y brindar con sidra si no pensáramos, al menos un momento, por qué estamos haciendo fiesta y por qué intercambiamos los augurios de felicidad”. Y recogiendo el relato bíblico, recuerdan que “José y María, cuando llegaron a Belén, tuvieron que refugiarse en una gruta porque ‘no había lugar para ellos’ en el albergue de la ciudad”, señalan que esta “situación se ha vuelto muy frecuente en la historia de la humanidad” porque “hoy se torna cada vez más difícil que todos tengan un lugar”. Advierten los obispos que “no sólo no hay viviendas para todas las nuevas familias, en particular para las más pobres que tienen que amontonarse en asentamientos inhumanos, sino también porque se multiplican los lugares donde la vida humana ya no es posible por la contaminación y la desertificación”.

En el mismo texto se señala que “existen dos formas de relacionarse con la creación: usarla de manera respetuosa, para que nos conceda lo necesario para la vida, o explotarla de forma irresponsable, para sacarle todo lo que tiene y dejarla inservible y nociva para futuras generaciones”.

Aseguran también que la Patagonia es “un lugar ciertamente muy codiciado por ser aún natural, por no haber sido dañado por la mano del hombre, por ser uno de los reservorios de agua dulce más importantes del mundo”. Denuncian los obispos que la única razón para la existencia de proyectos de explotación “que terminan transformando una naturaleza llena de vida en tierra de muerte” es “la búsqueda del lucro inmediato sin alguna preocupación por el futuro”, entendiendo que esta actitud “no tiene en cuenta el bien común y prioriza el interés de unos pocos en desmedro de las necesidades de la familia humana de hoy y mañana”.

Manifiestan los obispos del sur del país que “con frecuencia” las empresas multinacionales, “al cesar sus actividades y retirarse, dejan grandes pasivos humanos y ambientales, como la desocupación, pueblos sin vida, agotamiento de algunas reservas naturales, deforestación, empobrecimiento de la agricultura y ganadería local, cráteres, cerros triturados, ríos contaminados y algunas pocas obras sociales que ya no se pueden sostener”. Agregan a lo anterior que “la pesca y la minería son actividades necesarias, nobles y dignas de ser aprobadas, siempre que se ejerzan evitando la depredación impune y la contaminación”. Sostienen también que “hay que cultivar la tierra, sin intoxicarla y sin agotarla”.

Los obispos hacen un llamado a la “participación responsable de todos en lo que atañe al bien común”. Piden a los legisladores que produzcan leyes acordes con la protección del medio ambiente y “a los gobernantes que no se dejen ilusionar por las promesas y el dinero de las empresas que sin escrúpulos pudieran ofrecer”. Y les solicitan que “piensen políticas de Estado a mediano y largo plazo apropiadas en la búsqueda de un desarrollo sustentable para las actuales y futuras generaciones”. Invitan a los ciudadanos en general para que “estén alertas y se organicen para impedir proyectos que no tengan en cuenta la preservación del medio ambiente y de la vida” sin dejarse ilusionar por beneficios inmediatos que comprometen negativamente el futuro. Terminan valorando “a todos aquellos, especialmente a los pueblos originarios, que consideran a la tierra como madre, fuente de vida y casa común, y los alentamos a promover esta verdad en los demás”.

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