EL PAíS › DURA REACCION DEL PRESIDENTE POR LOS SUCESOS DE PARQUE NORTE

“Les dije que esto iba a terminar así”

Por Sergio Moreno y Martín Piqué

Sergio Acevedo presentó la renuncia al cargo partidario en pleno Congreso del PJ. Mario Das Neves lo hizo anoche, recién llegado a Chubut. Posiblemente hoy lo haga Gildo Insfrán. Exceptuando la renuncia del gobernador de Santa Cruz, que se produjo en caliente, las de sus pares de Chubut y de Formosa son el producto del enojo del presidente Néstor Kirchner por el tratamiento al que fueron sometidos sus representantes, entre ellos su mujer, la senadora Cristina Fernández. “Ha visto, les dije que no fueran, que eso iba a terminar así”, recriminó Kirchner. “Si estos son los tipos que nos van a acompañar, estamos muy mal”, gruñó en una reunión que mantuvo en la Casa Rosada, después del Congreso, donde la palabra más escuchada fue “decepción”.
En la Rosada los ánimos estaban exaltados. Cristina Fernández llegó de muy mal talante, afectada por los abucheos y los gritos que recibió. Y por su contenido: “Infiltrada”, vociferó un morocho apelando a un término acuñado por la derecha peronista de los ‘70.
La reunión se armó rápido, en el despacho presidencial. Allí estaban Kirchner; su mujer; Acevedo; el jefe de Gabinete, Alberto Fernández; el jefe de la Side, Héctor Icazuriaga, y el secretario de Legal y Técnica, Carlos Zanini. “Este es un partido donde no se acepta ningún debate, donde hay un pelotudo que sigue reivindicando la teoría de los dos demonios”, dijo uno de los contertulios, apuntando al cordobés José De la Sota. El dueño de dicha frase fue uno de los que confió, luego, las alternativas del encuentro presidencial a Página/12.
La fuente calificó el sentimiento que se acuñó en la reunión. Dijo: “Hay un sentimiento de gran decepción, la decepción que provoca darse cuenta de que este peronismo le está dando la espalda al mundo”. “No permiten el debate, hoy (por ayer) se expresó la intolerancia”, reflexionó, con voz queda.
La reunión no fue sólo catártica de los enojos patagónicos. Hombre de acción, el Presidente buscó y puso al teléfono a Das Neves y a Insfrán. Con ambos se sinceró y expuso su ira e indignación. Ambos gobernadores le prometieron lo mismo: renunciarían a los cargos partidarios para los que fueron electos ayer en el Congreso. Das Neves lo hizo público anoche.
Hubo también una conversación telefónica con Eduardo Duhalde, pero no la hizo Kirchner. El Presidente se cuidó de cruzar palabras con su antecesor. Estaba demasiado ofuscado.
Quien ocupó ese lugar en el teléfono fue el ministro del Interior, Aníbal Fernández. Según le transmitió a Kirchner, Duhalde dijo estar enojado con los sucesos del Congreso partidario. “Le parece que lo que pasó fue una cagada”, graficó uno de los presentes en el encuentro de la Rosada. Según este relato, el ex presidente también expuso su disconformidad con la ponencia de su mujer, Hilda “Chiche” Duhalde. “Estaba muy molesto”, transmitió el ministro del Interior.
La tertulia en la Rosada afianzó la certeza del Presidente de continuar la pelea que se desató a partir del acto de la Esma. Un capítulo más de una novela que acaba de comenzar.

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