ESPECTáCULOS › MARIANA ARIA, OTRA INCORPORACION CALIENTE EN EL ELENCO DE “DISPUTAS”

“Acá hay mucho morbo con la travesti”

Empezó en “Tumberos” haciendo un papelito, y terminó actuando en nueve capítulos y nominada como revelación al Martín Fierro. Hoy debuta en la serie como rival de las prostitutas, pero dice que apunta a “integrarse” y llegar a ‘Costumbres argentinas’”.

 Por Julián Gorodischer

Se la recuerda en los sueños de “Tumberos”, criando travestis niños a garrotazos o recibiendo el regalo de su esposo Willy: un caballo erecto. Mariana Aria, la travesti nominada al Martín Fierro Revelación 2002, dijo una vez, en la miniserie de Israel Adrián Caetano: “Brindo por la gran chota de Willy”, y por la calle la sigue persiguiendo el eco de esa frase repetida por muchas voces, muchas propuestas indecentes a las que responde “No”.
“Los tipos ¡ay, por Dios!, me proponen: brindá por la mía”, cuenta en la entrevista con Pàgina/12. “Con dos copitas de más los hombres son así, pero yo los corto rápido. Insisten, insisten, y me es difícil ir al boliche. ¡Extraño caminar con libertad!” Mariana Aria fue el objeto sexy de la cárcel de Caseros. Entró para el bolo, y terminó conformando una pareja protagónica durante nueve capítulos. “De mí se supo poco, pero se insinuó mucho”, dice, y todavía recuerda las impresiones del debut: “Parecía un vestuario, con tanto olor a hombre. La energía de los presos era fuerte. ¡Pobrecita la gente que vivió allá!”.
–¿Piensa que el ingreso a una serie como “Disputas”, empieza a convertirla en algo así como una actriz fetiche de Israel Adrián Caetano?
–Y si fuera la actriz fetiche de Caetano, ¿qué? ¿Acaso no tiene hasta Pedro Almodóvar su propia travesti?
–En esta serie de actuaciones ¿repetirá el truco de mostrar poco pero insinuar mucho?
–Giselle, mi personaje, llegará al prostíbulo de Amelia (Mirtha Busnelli) para reemplazar a las chicas. Amelia duda, y ella la aconseja: “Te conviene tomar una travesti, vas a hacer dinero”. Yo aceptaría la escena de sexo o el desnudo si fuera cuidado, con buenas luces y depende, claro, del muchacho que me toque. Pero eso sí: no mostraría jamás el pene. Vendo una imagen femenina.
Desde su tercer capítulo, el quiebre de “Disputas”, su liberación, lleva a la segunda miniserie de Caetano a un territorio más explícito, que sube el rating y las escenas de cama (entre Florencia Peña y Damián de Santo, el jueves pasado, hubo una fuertísima escena de sexo), y ahora busca en Aria el golpe de efecto para la coronación. Mariana será Giselle, su primer nombre para la ficción (en “Tumberos” fue, también, Mariana Aria), a quien define como “menos frívola, menos seductora que Mariana”.
Giselle posa en el casting como una vedette, exagerando el quiebre de la cintura, sacando cola, y Amelia sonríe. Giselle le dice que va a ganar plata, y lo que vendrá (aunque hay cierto hermetismo) serán los celos y la envidia de las fugadas: de pronto ven a la travesti como una opción superadora que convoca más clientes al prostíbulo. Para Mariana, con su inclusión, el programa agrega una pincelada hiperrealista.
–En la calle hay mucho morbo con la travesti. Un 98 por ciento de los tipos estuvo o fantaseó con una. Pero la mayoría son tapados, y de última está bien: cada cual es dueño de su privacidad. Cuando las busca, el hombre quiere “lo activo” en la travesti. Pero la TV es machista y una se da cuenta en los desnudos: la parte de adelante masculina no se muestra.
–¿Y si se lo proponen para seguir calentando el rating del programa?
–Lo tendría que pensar muy bien.
–¿Qué la diferencia de Mariana Arias, la ex modelo y hoy conductora en que se inspira su nombre artístico?
–No nos parecemos en nada, empezando por el aparato sexual. ¿Cuál es más linda y cuál más fea? Ese jueguito me parece una cagada.
–Pero en la elección de su nombre artístico hubo una cita directa, ¿o no?
–Yo era Mariano y pasé a ser Mariana, con el apellido de mamá que es Aria. Ese fue el nombre que elegí hace cinco años, cuando empecé a vivir como mujer y a hacer los shows de transformismo. Yo nunca fui prostituta, y hasta el día de hoy me sigo dedicando al espectáculo en boliches, cabarets y hasta en sociedades de fomento. Llevo mi revista con bailarines, hago acrobacias, bailo como Cher, salgo desnuda pero con tetero y conchero.
–¿Qué tendrá Giselle que no se haya visto en la Mariana que usted interpretó en “Tumberos”?
–Mariana nunca creyó realmente que estaba en la cárcel: era frívola, vestía bien, estaba de shopping todo el día. Se cuidaba el maquillaje, el peinado, el vestido. En cambio, Giselle vende sexo, está trabajando, y no tiene como prioridad cuidarse. También su manera de seducir a los hombres es más forzada.
–No le debe haber sido fácil, seguramente, golpear las puertas de la televisión y que le abrieran.
–Yo nunca quise entrar a la tele: Adrián me conoció en un casting al que había ido para acompañar a una amiga, Lorena, en Ideas del Sur. Y ella no quedó, pero alguien me señaló para hacer un bolo. De a poco, vi cómo mi personaje iba aumentando su calidad. Yo, que había empezado como extra, de pronto crecía: se fijaron en mí más allá del aspecto. Podía aprender diálogos, había estudiado para profesor de teatro en Morón.
–Y ahora, ¿le gustaría trascender los espacios que la televisión asigna a la travesti, usualmente la calle, la cárcel, el prostíbulo?
–El objetivo de mi trabajo en la televisión es la integración: me gustaría en el futuro hacer comedia de tono picaresco como las de Guillermo Francella, o entrar a una tira familiar al estilo de “Costumbres argentinas”. Sí, ¿por qué no? ¿O acaso la gente piensa que en los años ‘80 las travestis no existían? Si piensan en eso ¡no saben cómo corrían las chicas por las calles en aquella época!.

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“‘Tumberos’ parecía un vestuario, con tanto olor a hombre. La energía de los presos era fuerte”, recuerda Aria.
 
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