ECONOMíA › OPINION

Curarse en salud

 Por Raúl Dellatorre

El mismo día en que la Reserva Federal de Estados Unidos dispuso una nueva rebaja de su tasa de interés, Roberto Lavagna hizo pública su intención de imponer restricciones al ingreso de capitales golondrina. La relación no es casual, teniendo en cuenta el diagnóstico que el propio ministro compartiera con su par chileno, Nicolás Eyzaguirre, sesenta días atrás. Fue en oportunidad de la visita de éste a Buenos Aires, apenas cinco días antes que se realizara la primera vuelta electoral, que en definitiva resultaría la única. Y apenas una semana después de que Lavagna hubiera acompañado a Néstor Kirchner en una minigira por Brasil y Chile.
Entre los diagnósticos que entonces compartieron, uno estuvo referido a la percepción de que “los capitales golondrina han reaparecido en todos los mercados” (segunda quincena de abril) y su explicación parecía estar dada por “los bajísimos rendimientos de las inversiones financieras en los países centrales”.
Lo que para los neoliberales resultaba una buena noticia (“el ingreso de capitales” a secas, sin importar su intención), para Lavagna y Eyzaguirre representaba una señal de alarma. “Nuestras crisis se explican por los cambios brutales en las corrientes de capital, que no nos pega a todos por igual”, señaló en Buenos Aires el ministro de Hacienda chileno. “Por las regulaciones vigentes desde hace una década, Chile sufrió en menor medida estas consecuencias”, refirió. Y anticipó: “Ahora vamos a entrar en una nueva fase de encantamiento del capital financiero, que va a apuntar sobre todo a Argentina y Brasil”.
El equipo económico quiere curarse en salud de un eventual ingreso masivo de capitales del exterior, que inunde de dólares la plaza y por lo tanto impulse a la baja al tipo de cambio. Y lo hace a través de una medida restrictiva en vez de insistir en las intervenciones del Banco Central que, actuando como una aspiradora en el mercado, termina comprando todos los dólares excedentes. Aquí también Lavagna prestó atención al consejo de su colega chileno. “No es buena opción que el Banco Central sujete la caída del dólar; usar la política monetaria para evitar que se aprecie el peso, tarde o temprano se paga con sangre, sudor y lágrimas, porque al final lo que se logra es que entren más capitales especulativos”, había referido el visitante.
La prudencia frente al ingreso de capitales es un rasgo distintivo respecto de etapas pasadas. La consulta con otros países de la región, también. No es la medida que hubiera recomendado el FMI pero, en definitiva, la experiencia también enseña a no repetir el error de elegir siempre al mismo consejero.

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