ESPECTáCULOS › DANIEL GRINBANK, DE REGRESO EN LA PRODUCCION DE ESPECTACULOS Y CON UNA RADIO NUEVA EN EL DIAL

“Hoy, el gran desafío pasa por revertir la cultura menemista”

A pesar del campeonato de Independiente, tropezó fuerte en el negocio futbolístico. Pero Grinbank asegura que su decisión no pasa por esos fracasos, sino por la seguridad de volver al lugar que le dio las mejores satisfacciones. Aquí habla de la situación del medio, aquella denuncia de lavado de dinero y la flamante Kabul Rock, entre varias otras cosas.

 Por Eduardo Fabregat

Está volviendo y está entusiasmado. Tras su tormentosa experiencia en el campo de los negocios futbolísticos, tras su denuncia por lavado de dinero contra el consorcio mexicano CIE (ver aparte), Daniel Grinbank decidió ponerse nuevamente al frente de una empresa productora de espectáculos y completó el combo con su otro gran amor: desde el lunes pasado pueden escucharse las emisiones de prueba de Kabul Rock, FM 107.9, nueva niña mimada del creador de Rock and Pop que debutará oficialmente el lunes 19 de abril. En la modesta oficina de Palermo, el historial de Grinbank puede ser repasado mirando atentamente en las paredes, donde lucen reproducciones de afiches que incluyen algún incunable y se multiplican a partir de los Derby Rock Festival de comienzos de los ‘90, dibujando una historia del espectáculo rock en Argentina durante los últimos 15 años.
Cuando se le señala que, de manera coherente, parecería estarse hablando del regreso de una estrella de rock, Grinbank sonríe detrás del escritorio y admite que “sí, es un regreso, un regreso a lo que fue mi actividad durante muchísimos años”. Y sintetiza satisfecho: “A lo mío”.
–En este regreso, ¿cuánto tiene que ver el fracaso de su experiencia en el fútbol?
–Siento que nunca debería haber entrado. Fue un fracaso muy importante en lo empresarial, la pasé bastante mal en los últimos tiempos trabajando en un medio que no es el que me gusta y que tiene códigos y límites que no estoy dispuesto a atravesar como proyecto de vida. Si bien en el fútbol arranqué con la gran satisfacción del campeonato de Independiente en 2002, y la empresa sigue vinculada con otra persona operando, lo del fútbol trajo por ahora más carozos que frutillas. Aunque me hubiera ido bien con el Leganés, había cosas que no me gustaban... el fútbol me fascina y sigue siendo clave en mi ocio, como la lectura o el cine. Pero evidentemente no es lo mío, lo mío es la producción de espectáculos y la radio.
–Usted tiene 30 años de experiencia en la producción y vivió una multitud de momentos distintos. ¿Cuál es su análisis del medio a la hora de decir “vuelvo a trabajar en esto”?
–Hay factores muy distintos a unos años atrás, que afectan a la actividad. Una cuestión es la devaluación, que en algún aspecto era necesaria porque de nada sirve hacer espectáculos si la gente no tiene para morfar y cada vez hay más desocupados. Había un plan económico macabro que generaba una seudoficción que permitía una actividad intensa, pero los espectadores son seres humanos que viven en una sociedad que está como el orto. Hay otra que es muy grave, que es que se impuso un IVA del 21 por ciento a los conciertos, generando una discriminación y la locura de que yo produzco una obra de teatro y no pago IVA ni los actores pagan Ganancias, pero un recital sí paga IVA y Ganancias. Es una arbitrariedad absoluta, que hace que Sandro tenga que presentar su show como una obra de teatro. Citando al Gobierno, que dice “primero déjennos crecer y vamos a poder pagar”... si un país no existe es difícil que pueda pagar, si una actividad está muerta lo mismo. Las reuniones que tuvo la Cámara de Productores de Música con el Gobierno aún no tuvieron mayor respuesta; yo participé de una reunión con Alberto Fernández... Claro que el Gobierno tiene otras prioridades urgentes. Y no se trata de gravar al teatro, sino de controlar más el tema. No pido eximición impositiva, sino pagar Ganancias cuando las generamos, no impuestos que impidan la actividad.
–¿Cómo es el arranque de esta etapa?
–Es fundamental haber puesto un pie en Brasil y a partir de eso volver a poner en el ruteo internacional a Sudamérica, teniendo en cuenta que antes teníamos uno o dos espectáculos por semana y ahora tenemos que pensar en uno por mes para captar la potencialidad de los sponsors en esos eventos, porque no podemos trasladar los costos al precio de las entradas. Siento que hay un espacio que seguimos manteniendo, yo vengo de reunirme en Londres con managers, agentes, y el espacio está vigente. Arrancamos bien con Alejandro Sanz y tenemos mucha expectativa con el festival del 29 de mayo con Massive Attack y Rhinocerose.
–¿Este momento es equiparable a otros como los comienzos de los ‘90, en los que los costos eran altísimos, la hiperinflación...?
–Lo del IVA no estaba, pero sí puede haber parámetros similares. También es equiparable a cuando hacíamos recitales después del Rodrigazo. Argentina tiene toda una historia de devaluaciones y de productores que, vinculados a actividades internacionales, sufrimos importantes quebrantos. Pero durante los ’90 trajimos unos 300 artistas y eso produjo la certeza a nivel internacional de que podíamos producir con un nivel de profesionalidad diferente de lo que era en los ’80, donde había habido indicios como el festival de Amnesty o el show de Sting: había una actividad, había estado Rock in Rio, elementos que indicaban que había un mercado. Todos los agentes norteamericanos e ingleses tuvieron alguna experiencia con Sudamérica.
–Los ’90 producen una gran contradicción: fue un momento increíble en lo artístico, pero a la vez el país se venía abajo.
–El 1 a 1 en un momento fue necesario, pero no hubo segundo paso. El plan fue válido, pero se agotó en sí mismo. Lo que mató a la Argentina fue el nivel de corrupción, lo que llevó a este empobrecimiento, la cultura que instaló el menemismo. Más allá de la recuperación económica, el gran desafío de esta sociedad es revertir esa cultura. Con el nombre de Kabul Rock jugamos con una situación parecida: después del comunismo soviético, el fundamentalismo islámico y el de mercado chocaron y no quedó nada. Después del menemismo, la inoperancia de Fernando de la Rúa y tanta corrupción, de muchos valores no quedó nada. Es empezar de nuevo.
–Quizá para los pibes que viven en carne propia los efectos y no vivieron la ficción resulta más fácil desterrar esa cultura.
–Son cambios que vienen desde la sociedad, no sólo de arriba. Es muy difícil con gobiernos corruptos cambiar desde abajo, pero a partir de las señales de arriba tenemos que cambiar los de abajo.
–¿Cómo ve a la radio hoy?
–Yo soy mucho más oyente que televidente y creo que la diversidad es sana. Y nuestro desafío es grande, porque para mí haber sido creador y gestor de Rock and Pop tiene muchos pros y contras, pero se trata de buscar un esquema diferenciador y alternativo a las muchas y buenas propuestas que hay.
–Sin querer entrar en peleas, ¿cómo ve a Rock and Pop?
–Yo tuve conflictos con la corporación CIE, pero jamás puedo pelearme con Rock and Pop porque es muy mía, sigue trabajando un montón de gente que son amigos míos, el director artístico, Bobby Flores, es mi hermano... Elizabeth Vernaci, Mario Pergolini, Juan Di Natale, y gente que está en La Metro, y los operadores, gente administrativa, vendedores, musicalizadores, por quienes tengo respeto y cariño. A mí me cuesta la idea de “competir” con Rock and Pop, prefiero la idea de “compartir” audiencia y generar una alternativa. Cada medio evolucionan de acuerdo con sus circunstancias; yo hace 4 años que no estoy en la dirección artística de R&P y la dirección que tomó fue la que se fue determinando. Quizá si hubiera estado hubiera sido otra, ni mejor ni peor: otra. Sí creo que lo corporativo y determinados convenios empresariales afectan un poco el aire. Eso no quiere decir que no lo buscáramos como empresa cuando la operábamos, pero la defensa de lo musical estaba un poco más balanceada. Rock and Pop excedió lo que es una radio, marcó pautas de conducta, cambios, y empezar con Kabul me permite arrancar de cero algunas cuestiones que quizá en R&P son muy válidas, pero ya es imposible modificarlas. Por ejemplo, Kabul no va a tener mensajes de los oyentes, va a tener una web que va a responder a esos requerimientos, pero en la concepción prevalece una radio musical. Yo diferencio mucho esto de “pasar música” o “musicalizar”, es la misma diferencia que hay entre escuchar y oír. Musicalizar es combinar temas, tener un sentido del bloque. Rock and Pop es una radio centrada en sus conductores; Kabul se centra en un equipo de trabajo de musicalizadores, operadores, preproducción, conductores. Buscamos diferenciarnos, y mi competencia también es con el MP3: los pibes tienen acceso a una información infernal y, si somos un hilo musical y no jugamos bien la combinación de música con los conductores, para los pibes va a ser más fácil escuchar los MP3.
–Los pibes parecen tener un hambre de música que los sellos y la radio no están saciando.
–Estamos en un momento de crisis esencial de la industria de la música, una caída inexorable: no hay regreso. Se comprará algo de tiempo con recursos como los discos con DVD. Pero como una consecuencia positiva de los ‘90, esta concentración del negocio en los cinco grandes sellos entra a tener menos participación en el mercado y los sellos independientes recuperan una participación del 33 al 40 por ciento según el país. Estamos en un torbellino que aún no se sabe cómo termina.
–Y las grandes compañías no parecen estar muy despiertas para reformularse de acuerdo con los tiempos.
–Las corporaciones están manejadas por lo administrativo más que por lo artístico. Las empresas tienen que dar rentabilidad, pero cuando perdés la ecuación y prevalece el criterio financiero se dejan espacios que pueden ser ocupados por quien tenga más clara la ecuación de hacer prevalecer lo artístico. Igual, imagino muy difícil una industria de la música sin discográficas, no se trata de una cosa nihilista de “terminemos con los sellos”.
–Pero los sellos ayudarían un poco si no imperara esa sensación de estar manejados por gente que no demuestra tener ningún amor por la música.
–Y son cosas que veo en CIE, que acaba de prohibir a Massive Attack y Rhinocerose en La Metro. Yo no producía los shows de los Redondos, pero no dejaba de ponerlos en Rock and Pop. Más allá de analizar la ética o no de prohibir, si viene un grupo fundamental... es la ventaja que da el no estar atrás de una gran corporación. Las radios electrónicas que pongan a Massive Attack le van a robar un espacio a La Metro. Haciendo un paralelo, es como los que llamaron a los abogados para ver cómo paraban al MP3 en vez de ver cómo incorporarlo. Es otro ejemplo de cómo funcionan las corporaciones. Pero por más que pares el reloj, el tiempo sigue avanzando.
–¿Kabul Rock va a tener un perfil ideológico desde el discurso o su discurso va a estar en sus elecciones musicales?
–Que el programa de Carla Czudnowsky se llame Los 90 no fueron nuestros marca una tendencia. Todos sabemos qué es cada cosa, aunque haya una contradicción en ver a Daniel Hadad asociado a una radio de rock y produciendo en sociedad con Popart a Los Piojos y Bersuit. El rock no tiene muchas reglas, pero cada tanto te llama la atención y te las recuerda.
–¿Qué análisis hace de Radio 10?
–Radio 10 tiene un formato excelente en cuanto a dinamismo, cuota de humor, a la cáscara de presentación. Obviamente, su ideología es desastrosa. Pero el planteo es qué pasó con los sectores más progresistas que no pudieron diseñar una cuestión tan dinámica en función de una ideología más piola.
–Los tipos de derecha parecen ser más hábiles.
–Sí, pero Rock and Pop es líder desde hace años y sus conductores son políticamente incorrectos; ahí también hay una respuesta válida.
–Una de las primeras frases que se escuchó en Kabul fue “Viva la mezcla”...
–Es que es un buen momento... parezco Mariano Closs (se ríe), la dinámica rock marca momentos. Si hubiéramos empezado hace tres años, lo dominante era el nü metal, hoy en baja. Y hay toda una camada con The Strokes, White Stripes, Franz Ferdinand, Mars Volta, The Rapture, que es un rock con buen gusto y mucha comercialidad. En Rock and Pop vivimos dos instancias, en 1985 cuando arrancamos e hicimos patrimonio nuestro, en alta rotación, a grupos como The Cure, U2, Simple Minds, Pretenders, que eran prácticamente ignorados en las radios. Y a principios de los ’90, con todo lo que vino del grunge, el blues, la explosión de Guns N’ Roses, el crossover que hacían los Peppers, el disco negro de Metallica. En este momento, hay una situación musical que nos favorece.
–¿Y el rock argentino?
–El momento tiene mucho que ver con una coyuntura, la cuestión económica hizo que desde la información y la producción nos encontremos con una tendencia de rock barrial que tiene muchos valores, pero que yo ubico más dentro de una coyuntura más social que artística. Es válido, pero a la vez la falta de apoyo de las compañías hizo que aparecieran muchos sellos independientes y hay una buena cantidad de composición e ideas y quizá una pobre concepción de sonido, y producción y distribución, obligada por las circunstancias. Con Kabul apostamos a la escena local. Hay una saturación de cosas que están muy bien difundidas en otros lados: algunas las tocaremos, pero apostaremos a una renovación con el condimento de lo clásico. Igual, hoy no encuentro una banda de la contundencia de Redondos, o el pop de la frescura de Soda pero también de Los Encargados, o de un talento como Charly, Fito o Spinetta. Aparecen propuestas válidas, como Catupecu Machu, Miranda, el último de Massacre es muy bueno...
–El público, por otra parte, hoy es menos prejuicioso.
–Absolutamente. Creo que la asignatura pendiente de R&P es que generamos tantos prejuicios que a veces fuimos menos libres de lo que debería ser una radio de rock. Lo que no quiere decir que sea todo lo mismo, que se pueda mezclar cualquier cosa. Pero queremos recuperar esa libertad.

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Grinbank produce shows desde hace tres décadas, pero su conflicto con CIE desencadenó una ausencia de cuatro años en el medio.
 
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