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El militante clásico

Ni tango, ni folklore, ni contemporáneo. Mientras otros bailarines ya consagrados, como Julio Bocca o Maximiliano Guerra, optan por la mixtura de lenguajes, Iñaki Urlezaga le sigue rindiendo tributo al clásico. Fiel a la técnica que mamó desde los ocho años, el “príncipe” de la danza regresa a la Argentina y al Teatro Colón, donde dio sus primeros pasos, con un programa en el que interpretará a Albrecht, el noble disfrazado de campesino de Giselle (acto II) y a Siegfried, heredero de la corona en El lago de los cisnes, combinando las históricas coreografías de Petipa, Coralli y Perrot con una versión burlesca e irónica de las mismas montada por Oscar Aráiz (en Apolo y sus tías) y un pas de deux (Constanza) de su propia creación. “El público porteño, que hace mucho que no me ve, tendrá la posibilidad de hacerlo en diferentes obras”, cuenta Urlezaga, mientras explica que ésta es la razón por la cual no aceptó bailar la versión completa de Giselle. Decidido a mostrar sus diferentes facetas sobre el escenario, Iñaki se presentará esta vez como bailarín y coreógrafo, aunque siempre enmarcado dentro de la técnica clásica: “Yo soy eso. No quiero desvincularme de lo que, en realidad, yo crecí siendo”, expresa. Con una manifiesta necesidad de ampliar su repertorio, pero sin cambiar de lenguaje ni estilo, ni tampoco seguir los pasos de aquellos que prefieren aggiornar su clasicismo con movimientos de tango o folklore, Urlezaga propone “utilizar esta técnica clásica tan marcada en mí para contar una historia, de amor, por ejemplo, sin abandonar nunca el lirismo”. En narrar historias, utilizando la danza como medio de expresión, radica el interés actual de este artista: “El dúo que voy a hacer en el Colón muestra la relación de una pareja; es algo completamente íntimo. Y todo pasa por la danza clásica, sólo que ella ya no tiene tutú, se trata de una mujer y un hombre”. El pas de deux que se presentará por primera vez en el escenario de Cerrito y Libertad este sábado y domingo es sólo un fragmento de una obra completa que el bailarín, en el rol de coreógrafo, prepara junto a su compañía Ballet Concierto. Utilizando siempre música de Chopin, “cada partitura contará un cuento diferente: serán cuatro parejas que conviven en una comunidad, donde hay gente que se lleva bien con otra y también hay conflictos”, adelanta Urlezaga.
Este nuevo interés del bailarín fue uno de los motivos que lo llevó a alejarse del Royal Ballet de Londres, después de once años consecutivos. “Era un repertorio muy conservador, con grandes obras, las cuales son miradas por el mundo entero y hay que seguirlas haciendo porque son geniales –explica–. Lo que pasa es que no se puede hacer lo mismo toda la vida. Es como al que le gustan las pastas y come sólo spa-ghetti de por vida. Llega un momento en que te salen por las orejas.”
Colaboró en la producción: Alina Mezzaferro.

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