EL MUNDO › REGISTROS SORPRESA EN NUEVA YORK

Próxima parada, policía

 Por Por Sandro Pozzi *
Desde Nueva York

“Si va a tomar el subte, el tren o el ómnibus, mejor deje su mochila en casa.” Es la recomendación que lanzan desde el jueves por la tarde las televisiones locales a los neoyorquinos, para advertirles que se pueden topar con registros sorpresa de la policía (NYPD) en las estaciones la ciudad, como medida de precaución tras lo visto en Londres. Una medida que crea controversia, porque es la primera vez que se llega a este extremo en la ciudad más cosmopolita de EE.UU. y quizá del mundo.
“Es algo con lo que nos ha tocado vivir”, justifica el alcalde de la ciudad de los rascacielos, Michael Bloomberg. Para nadie es un secreto que la red de transporte público en Nueva York está llena de vulnerabilidades. Y desde los ataques del 11-M a la estación de Atocha esta evidencia es aún más evidente. La medida puesta en marcha ayer se mantendrá con carácter indefinido y sólo se había visto antes en la ciudad durante grandes eventos, como la pasada Convención Republicana.
“Lo que me extraña es que millones de personas puedan moverse por el subte sin que nadie les haya registrado sus maletas o paquetes antes”, comenta un joven commuter de la vecina Newark, que opta por mantener el anonimato tras pasar por uno de los retenes policiales en la estación de Penn Station, uno de los nudos más conflictivos. Commuter es como se conoce a los que cada día llegan a la isla de Manhattan para trabajar, utilizando el tren.
Se calcula que la red de transporte metropolitana de Nueva York es utilizada por siete millones de personas durante los días laborales, de los que 4,5 millones corresponden al subte, lo que eleva el total anual de usuarios a 2400 millones, el equivalente a dos terceras partes del total en EE.UU. Los expertos en seguridad dicen que estas inspecciones sorpresa son efectivas, porque pueden desbaratar un plan de ataques en cadena como los dos que se han vivido en Londres. Pero Rob no lo piensa así y duda de este tipo de controles. “Los terroristas encontrarán otra vía para subir las bombas a los trenes”, añade. “Puede ser un obstáculo”, comentaba otro viajero, pero tampoco se muestra muy convencido.
Encontrar este tipo de retenes no era fácil y estaban muy localizados. El control más evidente estaba en la estación de subte en Grand Central, donde seis policías custodiaban uno de los múltiples accesos a la estación de metro, con dos agentes dirigiendo el flujo de viajeros, dos controlando los paquetes y dos de apoyo. Y si alguien se negaba al registro, le impedían entrar aunque no era motivo de detención. “Esto es una cuestión meramente política, aprovechando lo que pasa en Londres”, comentaba otro joven, mientras recordaba que el próximo otoño habrá elecciones locales en Nueva York. Los neoyorquinos nunca han considerado su subte como un lugar seguro y siempre están pendientes de lo que pasa a su alrededor. Además, las autoridades locales no tienen información específica sobre una posible amenaza. Pero la ciudad está siempre alerta tras los trágicos eventos del 11-S contra las Torres Gemelas.
En una de las principales estaciones en Brooklyn, donde la población afroamericana es más grande, un hombre de color que portaba una gran maleta dijo sentirse “incómodo”. Piensa que lo inspeccionaron porque es negro. Otro usuario, también de color, consideró la medida como una “intromisión”, aunque se mostró comprensivo. Es precisamente lo que denuncian las organizaciones que defienden los derechos civiles, que ponen en cuestión la legalidad de la medida. Por eso Norman Siegel, abogado, se está moviendo por las estaciones para ver cómo se están desarrollando los registros.
Christopher Dunn, responsable legal de la New York Civil Liberties Union (Nyclu), insiste en que estos registros pueden ser “problemáticos” si no se llevan a cabo de la manera adecuada, porque pueden estar fundados en laapariencia racial o religiosa. “La policía puede y debe investigar con agresividad para evitar que se introduzcan explosivos en el subte, pero que estas inspecciones se hagan sin que existan sospechas fundadas es contraria a los valores constitucionales más básicos”, remarcó.
Ray Kelly, el máximo responsable de la NYPD, dice que la selección la hacen los policías “guiándose por el sentido común” y dando prioridad a los bultos. La policía de Nueva York no tiene, en todo caso, capacidad para patrullar las 490 estaciones de las que está compuesta la red de metro y sus 27 líneas. La presencia de uniformados era evidente en los distritos financieros del Midtown y Downtown, donde se concentran el grueso de las oficinas.

* De El País de Madrid. Especial para Página/12.

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