LA VENTANA › MEDIOS Y COMUNICACIóN

¿Son los medios públicos “de todos”?

Mario Moldovan y Mónica Beltrán recuerdan que los medios públicos nacieron, crecieron y se expandieron desde la política, se preguntan si tales medios son “de todos” y proponen discutir el tema en el marco de las transformaciones del mundo de la comunicación y del rol del Estado.

 Por Mario Moldovan y Mónica Beltrán *

El primer medio público que se conoció en estas tierras nació para una revolución. Mariano Moreno no dudó y creó La Gazeta de Buenos Ayres, el primer medio de comunicación de un gobierno que pretendía llegar a ser Estado: la Primera Junta.

A nadie se le hubiera ocurrido entonces discutir el dilema Estado-gobierno, el rol del medio en relación con la verdad, la definición pluralista de los contenidos, la participación de los disidentes y la financiación.

La Gazeta era un instrumento de propaganda política. La sostenía el erario y servía para denostar a los enemigos, saldar las cuentas internas de los revolucionarios y mentir, si fuera necesario, en aras a la flamante revolución. Así nacieron por cierto la mayoría de los medios de comunicación, públicos o no desde la Revolución Francesa en adelante.

Entre 1937 y 1951, se crearon en nuestro país tres medios públicos. Primero fue LRA Estación de Radiodifusión del Estado (LRA 1), hoy Radio Nacional (era la Década Infame y gobernaba general Agustín P. Justo). Cuando faltaban pocos días para la irrupción de las masas el 17 de octubre de 1945 el gobierno militar de la llamada Revolución del ’43 puso en marcha una agencia de noticias (Telenoticia Americana que se convertiría en Télam). Seis años después el gobierno peronista realizaba la primera transmisión del canal de TV del Estado (Canal 7) un Día de la Lealtad.

Los medios públicos nacieron, crecieron y se expandieron desde la política. Verdad de Perogrullo, pero no por eso relevante a la sombra de las discusiones que existen hoy en relación con esos medios que “son de todos” pero que inevitablemente administra “un gobierno”.

Desde Ruido de medios (un programa de radio que hace cuatro temporadas intenta discutir los problemas de los medios y el periodismo) propusimos hablar de los medios públicos. Discutir y discutirlos resulta fundamental en una década en que la centralidad del debate acerca del rol de los medios copó la agenda pública. Pero los medios estatales fueron una suerte de Cenicienta.

Lo que planteamos fue intercambiar ideas que no se limitarán a las proclamas moralistas, el “debe ser” de los medios públicos en democracia, sino tratar de entender su rol, su sentido y sus objetivos en “esta” democracia. Porque no hay que llamarse a engaño ni simplificar lo complejo. Desde las pantallas de las televisoras públicas se convocó al pueblo a frenar a los “carapintadas”, pero también desde ellos se oprimió cerebros con el Mundial 78 y la cantinela tenebrosa de que los argentinos éramos “derechos y humanos”.

En cinco programas y con invitados de todo el espectro, intentamos tratar un tema que, más allá de chicanas y clichés, estuvo ausente del debate político.

Discutir hoy los medios públicos es también, en el marco de las formidables transformaciones del mundo de la comunicación, pensar el rol del Estado en las sociedades contemporáneas.

¿Para qué tener medios públicos hoy si existen tantos y diferentes medios privados? ¿Cómo se deben financiar? ¿Con aportes privados, con impuestos directos; con publicidad del mercado? ¿Por qué el Estado no puede financiar a algunos medios en detrimento de otros, así como subsidia al tambero en lugar del importador de chucherías?

No hay una ontología infinita de Radio Nacional o de la TV Pública. La idea misma de medio público es histórica. No hay una verdad eterna. Conste de todas maneras que quienes hemos iniciado este debate estamos profundamente convencidos de que en estos tiempos y en estas latitudes los medios públicos son imprescindibles. Como son imprescindibles tantos otros organismos e instituciones del Estado que garanticen una democracia sin meros formalismos.

Nadie dice qué se va hacer en los próximos años, ante el cambio de gobierno. Hay logros indiscutibles. Ni aún el más cerrado opositor se anima a cuestionar al canal Encuentro. Pero entre quienes sostienen a rajatabla los principios que enarboló el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, también están los que consideran que hubo y hay programación inadecuada.

De la revolución a la democracia hubo un largo trecho. Creemos que discutir sobre los medios públicos también es discutir sobre revoluciones y democracias.

* Periodistas, conductores del programa Ruido de Medios.

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