SOCIEDAD › MURIó EL ARGENTINO ACUSADO DE INTEGRAR LA BANDA DE NARCOS MEXICANOS

Sin tiempo para arrepentirse

Luis Tarzia, preso por integrar una banda que traficaba efedrina a México, falleció ayer de un paro cardíaco. Se lo indicaba como candidato para colaborar con el juez, como arrepentido, en ésta y otras causas. Su abogado dice que no tuvo atención médica.

 Por Raúl Kollmann

Luis Tarzia, según la Justicia, era una especie de gerente argentino del laboratorio clandestino de drogas sintéticas descubierto en Ingeniero Maschwitz, murió de un paro cardíaco en la madrugada de ayer. Para muchos era el mejor candidato a ser un arrepentido en la causa de la ruta de la efedrina y existían rumores de que a mediados de enero iba a reunirse con el juez Federico Faggionatto Márquez para acordar los términos de su colaboración. Tarzia provenía del mundo de la venta ilegal de medicamentos robados y adulterados, apareció mediando entre el asesinado Sebastián Forza y el procesado mexicano Jesús Martínez Espinosa en la venta del laboratorio Megfarm y registraba intensos contactos telefónicos con ambos en lo que se supone eran negociaciones relacionadas con la efedrina. Francisco Chiarelli, abogado de Tarzia, virtualmente responsabilizó a Faggionatto Márquez por la falta de tratamiento de las afecciones que llevaron a su defendido a la muerte. “El juzgado no desestimaba los pedidos de internación, directamente no los concretaba”, señaló Chiarelli, quien es también abogado de Martínez Espinoza. El juez respondió que Tarzia no quería internarse y tuvo que ser sacado de prisión a la fuerza.

Hasta el último día de su vida y en sintonía con Martínez Espinoza –ambos compartían abogado– Tarzia alegó que toda la causa de la efedrina es un gigantesco engaño en el que el principal responsable, un mexicano llamado Marco Aurelio Lailson Rizzo, está libre. Tarzia y Martínez Espinoza sostienen que compraron la quinta en Maschwitz para realizar negocios de exportación a México, pero fueron engañados por Lailson Rizzo porque éste les pidió un par de habitaciones para armar exportaciones de cosméticos. Sin embargo, esas habitaciones fueron usadas –según los imputados– como laboratorio de metaanfetamina, una droga sintética. Martínez Espinoza jura y rejura que ni él ni Tarzia, que fue el operador de la compra de la quinta, tuvieron nada que ver con esos estupefacientes. Sin embargo, Faggionatto Márquez lo procesó y la Cámara de Apelaciones de San Martín, que suele ser muy crítica de las resoluciones del juez, confirmó los procesamientos del fallecido Tarzia, de Martínez Espinoza y de los ocho mexicanos que trabajaban en la quinta de Maschwitz. Es más, el Chucho, como le dicen a Martínez Espinoza, también tuvo problemas en Paraguay, donde fue detenido. A otro mexicano, Leobardo Gaxiola López, le encontraron cinco kilos y medio de efedrina cuando abordaba un avión desde Asunción a México y cuando allanaron su habitación en un hotel céntrico de la capital paraguaya se encontraron con que también allí residía Martínez Espinoza. Un cómplice de Gaxiola, Jorge Almanza Guzmán, igualmente terminó entre rejas porque en su habitación había paquetes de yerba Rosamonte, la misma en la que Gaxiola llevaba la efedrina. El Chucho dijo que no conocía a ninguno de sus dos connacionales, pero la justicia paraguaya sostiene que Martínez Espinoza pagaba las cuentas de los tres en el hotel.

Martínez Espinoza y Tarzia siempre manifestaron que eran amigos. Es más, ayer, en el sitio de la familia de Chucho, apareció un obituario de Tarzia y se reitera la responsabilidad de Faggionatto en la muerte. La página de Internet hasta señala que el juez virtualmente asesinó a Tarzia. “Mi cliente ya estaba muy mal antes de ser trasladado a la clínica. No podía caminar, tenía las piernas totalmente entumecidas y esto se fue agravando con el tiempo. Tenía problemas renales y diabetes. Debido a todos los desequilibrios de su salud, requería atención médica especializada y no se la dieron”, señaló Chiarelli, su abogado. El letrado pidió que se haga la autopsia de Tarzia porque su muerte tiene incidencia en el caso de la ruta de la efedrina.

“No es cierto”, replicó el juez. “El legajo médico de Tarzia se inició en noviembre, por sus reiterados problemas circulatorios. Tuvo que ser trasladado compulsivamente porque se negaba a abandonar el penal.”

Para Miguel Angel Pierri, abogado de las viudas de Sebastián Forza, Damián Ferrón y Leopoldo Bina, “se perdió una pieza clave en la causa judicial. Nosotros le insistimos al juez en que se le debía ofrecer la alternativa de colaborar con la investigación, con los beneficios previstos en el Código. Desde ya que estaba involucrado en el laboratorio de Maschwitz, en la compra de 125 kilos de efedrina y en una operación de venta de Sebastián Forza a Martínez Espinoza del laboratorio Megfarm, que supuestamente iba a servirle al imputado mexicano para comprar efedrina. Hay otro conocido acusado que está colaborando con la causa, pero creo que Tarzia hubiera sido un arrepentido importantísimo. Su muerte nos afecta mucho”, redondeó el letrado.

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Tarzia era una especie de gerente argentino de la banda de mexicanos que tenía un laboratorio en Maschwitz.
Imagen: Télam
 
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