SOCIEDAD › DESDE LA 9 DE JULIO HACIA SAN TELMO SE DESATó EL FUROR POR ABRIR NUEVAS GALERíAS DE ARTE

La calle Venezuela de los marchands

La calle Venezuela donde funcionara la Biblioteca Nacional de Borges ahora es el escenario de nuevas galerías de arte o de otras que se mudan de la Recoleta. Las casonas, con amplias paredes y los alquileres más bajos, abren la nueva movida cultural.

 Por Soledad Vallejos

Ciertos atardeceres, la calle Venezuela, en tramos de San Telmo y Monserrat, se vuelve imprevisible: hay personas que deambulan, copa en mano, de una cuadra a la otra; hay una liviandad que desmiente el éxodo propio del fin de la jornada. Y es que esta calle del sur de la ciudad empezó a transformarse en una suerte de corredor de arte, o al menos de galerías. Cuatro nombres, en este momento, van señalando allí un camino de lo contemporáneo, aunque con perfiles singulares: Wussmann, Zavaleta Lab, Jardín Oculto y Meridión. En el futuro inmediato llegará una más, Lordi, que inaugurará con obra del ex diseñador de indumentaria Kenzo, quien –atención– estará presente en el evento.

¿Cuándo y cómo empezó a pasar que el casco histórico sumó un circuito alternativo –en más de un sentido– al tradicionalísimo conformado por las galerías de la calle Arroyo? Hilda Lew, responsable de la inmobiliaria homónima y por eso mismo conocedora –anche inventora– del mercado de propiedades de San Telmo, fecha el punto clave en dos, tres años atrás. “Empezó con el cambio del barrio que impulsó la llegada fuerte del turismo –dice–. Se abren muchas y hasta megagalerías, en locales muy grandes. Inclusive, a veces los dueños de los locales participan en la iniciativa: ponen el local, el galerista trae la obra y se hace cargo de la gestión.”

Barranca abajo

“Yo fui el primero en llegar”, recuerda César Menegazzo Cané, que parece emular al Rey Sol cuando mentaba el Estado: aquí Menegazzo es la galería Wussmann (Venezuela 574). En 1999 comenzó el trabajo de re-creación del lugar, luego abrió las puertas de lo que, en el fondo, es un negocio papelero para exquisitos y en el frente una galería de techos altos y paredes vastísimas. Hijo de un ex director del Instituto Di Tella y coleccionista, dice que “acá nunca hubo galerías con paredes brutales”.

Por eso no dudó en radicarse en el sur, en cuanto las halló. “Tato (Luis F.) Benedit me decía ‘poné una combi en La Biela porque no va a ir nadie hasta allá’, pero al final a Venezuela vienen los mismos que frecuentan Arroyo.” Jacques Bedel, Carlos Bissolino, Juan José Cambre, Roberto Plate, Juan Astica son algunos de los nombres del staff de Wussmann (“tenemos un corazón ochentoso”), que los coleccionistas, para asombro de Menegazzo Cané, compran aunque sean de formatos enormes.

Hasta el año pasado, la idea aquí era alentar, también, un semillero, con la sala de arte joven y el premio a nuevos talentos (en el que resultó distinguido Gabriel Grün, cuya individual abrirá la temporada el 31 de marzo), algo que la crisis ha obligado a relegar, al menos de momento. “Es que vos un cuadro de un artista joven lo vendés en poca plata, y en el fondo te da más laburo vender un José Gómez que un Picasso, porque hay que convencer, explicar...”.

Desde la vereda de enfrente, geográficamente hablando, Hernán Zavaleta recuerda que la mudanza de Zavaleta Lab (Venezuela 567) desde la calle Arroyo (donde funcionó los primeros tres años) fue en parte meditada y en parte producto de que cambiar el barrio le permitía triplicar el espacio disponible manteniendo el costo del alquiler. “Este es más acorde para instalaciones y propuestas mas avant garde, de los artistas jóvenes. Cuando me mudé, pensé que no iba a poder arriar a la gente a la zona, pero el público sigue siendo más o menos el mismo que antes: el mismo grupo que va a Proa, Malba, Braga Menéndez... el año pasado hubo un promedio de 400 personas en cada inauguración. Y acá, por ser el casco histórico y haber anticuarios, sigue habiendo un público comprador conformado por turistas.” “El Trastevere en Roma y Lavapiés en Madrid son los barrios de referencia”, dice Zavaleta, a la hora de pensar lo que está sucediendo en San Telmo y Monserrat. “Además, es una zona con arquitecturas magníficas y buenos edificios, la calle Venezuela termina en esas torres de Puerto Madero, que se ven desde acá; son situaciones que, combinadas, producen algo. Y creo que todavía esto está en desarrollo, que hay más por delante.”

El barrio joven

“Buscamos generar nuevos proyectos, pero también apuntar a los coleccionistas interesados en primeras obras de artistas jóvenes”, explica Mariano Luna, artista plástico él mismo y, junto con Moira Aguirrezábal, responsable de Jardín Oculto (Venezuela 926), una propuesta convertida formalmente en galería tras tres años de funcionar... en la casa que ambos habitaban, en Almagro. No es la única singularidad del espacio: aquí, también, se despliegan mundos particulares para acompañar las distintas muestras. La primera, a fines del año pasado, consistía en fotografías que Lula Bauer tomó a músicos, quienes, una vez a la semana, se daban cita para hacer pequeños sets allí mismo. Hace unos días hubo un mural que nació en la tardecita y murió al anochecer, mientras una cantante hacía lo propio.

Instalado en un edificio de 1889, Jardín Oculto dispone de dos pisos y la posibilidad de inventar un escenario cuando es preciso. Por eso, relata Aguirrezábal, este año habrá “desfiles de ropa diseñada por artistas, de artistas mismos, va a haber intervenciones relacionadas con el diseño, la música, la danza. La idea es que no estén todos los campos artísticos tan divididos, que haya cruces porque, por ejemplo, pasa que los artistas que pintan tocan música pero lo muestran en circuitos diferentes. Nosotros queremos que puedan unir todo”.

Están aquí porque “queríamos estar en el circuito del arte que se estaba formando, vimos que se produce una circulación en las inauguraciones porque la gente va de una a la otra. Y además está copado para el sector cultural que se arme un nuevo circuito de galerías que no sea el de Arroyo”, relata Aguirrezábal, mientras Luna asegura que “el público que viene es otro”. ¿Quiénes? Lo detalla: “El propio del arte contemporáneo: jóvenes, es decir, de 40 para abajo” (algo similar ocurre con el staff de artistas: todos en sus primeros diez años de producción), los mismos que concurrieron el jueves 5 a la inauguración de la colectiva Re-work.

Unas cuadras más allá, si es viernes y el reloj anda entre el mediodía y la hora del café, Florencia Cillo abre las puertas de Meridión (Venezuela 1549) para animar Energía Meridión!, los encuentros en los que artistas y allegados al arte se reúnen para degustar bocados caseros en plena galería. “La idea es que quien quiera pueda participar de un momento vinculado al arte, y que sea una ayuda económica para el lugar, también”, explica Cillo, al tiempo que niega ser la Mirtha Legrand del arte. “Es una oportunidad de generar algo performático en este espacio que está recién empezando. No sé si queda bien decirlo, pero hay que ser honesto y que esa honestidad sea visible. Eso quiere decir preguntarse abiertamente cuáles son los recursos que se manejan en un espacio. O uno tiene plata, o alguien se la facilita o tiene un subsidio o buscás generar cosas y sostenés”, explica. Y justamente por ese no engañarse respecto de las galerías como comercios es que insiste en el cambio: “Hay que vender la obra, eso no se oculta. En los ’90, en cambio, mucho no se decía”.

Haberse instalado en Monserrat, hace poco menos de un año, también es consecuencia de “percibir que en San Telmo y sus alrededores se está formando un polo artístico”. A la vez, quiere decir que así como se inventa un polo de arte se empieza a diseñar un público “de entre 20 y 40 años” que recién asoma al coleccionismo. “Y en un punto el proyecto es colectivo, una galería se compone de mucha gente, de manera que el staff también se está armando”, aunque el año de exposiciones ya reviste agenda completa (comenzando el 20, con El Fulgor, de Anatole), e incluye la realización de un film experimental, experimentaciones sonoras, tres espacios de exhibición paralelos (uno en el sótano) y talleres. “Todavía comprar arte contemporáneo es de buen tono, pero hay que correrlo un poco de ese lugar.”

Lo que vendrá

Se está poniendo a punto para reafirmar la sospecha: en los primeros días de abril, Alejandro Lordi cumplirá el sueño de la galería propia con una exposición de altísimo perfil. Y es que Lordi Arte Contemporáneo (estará en Venezuela 617) abrirá con cuadros, esculturas y collages de Kenzo. El artista, inclusive, mostrará algunas realizadas en Buenos Aires. “Me decidí por la zona porque para esta actividad, en primer lugar, hacen falta locales grandes, y, por ejemplo, por Recoleta no hay locales grandes como en San Telmo”, explica Lordi, que casualmente acaba de recibir un envío de Kenzo. La muestra se mantendrá colgada tres meses, “y veremos qué pasa, qué reacción hay, pero espero que haya éxito”. ¿Riesgos? “No creo, el suyo es un nombre que convoca, y que sea en el sur no va a disuadir a nadie.”

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Las galerías de arte en la calle Venezuela empiezan a convocar gente y provocan una movida cultural próxima a San Telmo.
Imagen: Marisela Mengochea
 
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