SOCIEDAD › DOS EX POLICíAS QUE TRANSPORTABAN CAUDALES MURIERON AMETRALLADOS

Golpe sangriento en Palermo

Ocurrió ayer a la mañana en los bosques de Palermo. Los custodios pararon a tomar un café, como lo hacían de rutina, y fueron asaltados. Uno de los delincuentes los baleó: murieron en el acto. Robaron sólo una de las sacas de dinero, con 20 mil pesos.

“Es algo típico de una banda de delincuentes pesados. No se trata de un golpe del delito organizado. Un grupo como el del Gordo Valor roba un blindado, no una camionetita que colecta la recaudación de una heladería.” Así describió el director del Departamento de Comunicación Social de la Policía Federal, Sebastián Seiggo, el robo de la recaudación de una cadena de heladerías que cometió un grupo de –por lo menos– tres personas y en el que dos policías retirados, en el rol de transportadores de la recaudación, fueron asesinados a balazos.

Como todos los lunes, Juan Carlos Rojo y Omar Navarrete, suboficiales retirados de la Policía Federal y responsables de recolectar la recaudación de las sucursales de las heladerías Persicco, en la ciudad de Buenos Aires, frenaron la camioneta Peugeot Partner en la que se movilizaban. Como lo hacía casi de rutina, pararon en un puesto de café ubicado a 20 metros del Jardín Japonés, sobre la calle Alfredo Berro, entre Sarmiento y Casares, en los bosques de Palermo.

La diferencia de horarios de entrega entre las primeras sucursales visitadas, una en Caballito y otra en Palermo, y la siguiente del recorrido les daba, cada mañana, la excusa perfecta para compartir un café y una breve charla con Paulino Baldol, dueño del puesto. Allí, cerca de las 8.30 de ayer, fueron sorprendidos por un grupo de delincuentes. Eran, según confiaron fuentes de la investigación, tres personas las que se bajaron de un Renault Clío. Estaban armados. Aparentemente fue el movimiento que uno de los suboficiales realizó como para empuñar su arma lo que habría descolocado al asaltante que los amenazaba con una ametralladora. Bastó sólo una ráfaga de tiros para matar a los dos recaudadores. Según efectivos policiales que acudieron al lugar, a simple vista se contabilizaron entre seis y ocho orificios de bala en los cuerpos de Rojo y de Navarrete, que fallecieron en el acto.

Unico testigo presencial que vio y oyó todo lo ocurrido, Baldol se mordió la lengua del susto. Literalmente. Y salió corriendo. En la carrera fue rozado por un taxi, cuyo chofer lo trasladó hasta el hospital Fernández. “Es el único que les vio las caras a los ladrones”, apuntó Seiggo como una forma de indicar la importancia de su declaración en la causa, que está en manos del Juzgado de Instrucción Criminal Nº 10, a cargo de Fernando Caunero.

Si bien el director del Departamento de Comunicación Social de la Federal determinó que no se trata de una banda de gran estructura, la realidad es que se trata de ladrones que tienen experiencia en el diseño y organización de esta clase de golpes. Fue lo que hicieron en este caso, en base al itinerario rutinario de los ex policías –dato que, según fuentes cercanas a la causa, obtuvieron de la boca de alguien cercano a ellos, ya sea perteneciente a la empresa o quizás al banco donde depositaban el dinero–. El lunes, cuando los empleados de las sucursales entregan el dinero generado por las ventas del viernes, sábado y domingo, era el día ideal para atacar.

Sin embargo, los ladrones no lograron hacerse de todo el dinero que se encontraba en la camioneta. Es que, en la confusión del momento y la balacera, se encontraron con que la camioneta estaba cerrada con llave. Los investigadores apoyan la hipótesis de que la intención de los delincuentes era huir en el coche los metros suficientes como para tomar todo el dinero que había en el vehículo. Imposible lograrlo.

Rompieron la ventanilla del conductor y alcanzaron a manotear una saca, se estima que con alrededor de 20 mil pesos. No obstante, Seiggo recalcó que “no habrá cifras confirmadas hasta tanto no se tome declaración a los empleados de las sucursales” visitadas por los recaudadores al momento del hecho. Se cree que de los únicos dos lugares que alcanzaron a visitar retiraron unos 14 monederos cerrados con precintos plásticos con más de 30 mil pesos.

Horas más tarde, y a pocas cuadras del lugar donde ocurrió el hecho, fue encontrado un Volkswagen Bora que “irrefutablemente, por los elementos que se encontraron en él, está vinculado con la causa”, confirmó Seiggo. En el auto, que contaba con un pedido de secuestro por robo en una comisaría del Conurbano desde septiembre del año pasado y cuya patente había sido cambiada, efectivos de la Policía Científica encontraron una pistola calibre .380. No obstante, aún no lograron determinar si esa pistola pertenecía a uno de los ex policías, que no fue encontrada junto a los cadáveres. Junto a la Policía Científica, continúan trabajando efectivos de las secciones de Homicidios y Robo y Hurtos y de la comisaría 23ª de la ciudad.

Mientras tanto, Seiggo se esforzó en descartar cualquier otro móvil que no involucre el intento de robo. “No hay ninguna duda de que se trató de un robo que desgraciadamente les costó la vida a dos suboficiales de trayectoria impecable”, enfatizó.

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Los cuerpos de los policías asesinados yacen junto al puesto de café, cerca del Jardín Japonés.
Imagen: DYN
 
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