SOCIEDAD › ADELANTO DE “LA HIPOTESIS 891”

Diálogos sobre poder

Un grupo del MTD y el Colectivo Situaciones mantuvieron un año largo de diálogos sobre piquetes y poder alternativo.
El resultado es un libro original.

1 Las redes del contrapoder

–Creo que es muy arriesgada la hipótesis que habla de la convivencia, al menos por un tiempo, entre un contrapoder que se desarrolla cada vez más por la base y un poder que intenta recuperar posiciones. Porque es cierto que puede pensarse que ninguno de los dos va a poder destruir al otro, pero quizá habría que definir cuáles son esos contrapoderes, en qué forma se entienden y existen, para luego pensar esa convivencia, que sería posible sólo alejándose de la guerra. Si no hacemos eso, más bien podría pensarse en que suceda lo contrario. Porque si bien nosotros queremos alejarnos de un enfrentamiento directo y abierto, porque sabemos que no nos conviene, el Estado no piensa lo mismo. El Estado va a tender a cerrar cada vez más el cerco: aunque nosotros nos alejemos, él va a seguir hostigando. Es cierto que las formas de contrapoder que surgen tienden a alejarse de la guerra abierta, porque ya se conocen experiencias anteriores que hablan de su ineficacia. Pero al poder le sobran herramientas para llevarnos a un terreno de guerra, lugar en el que ellos dominan, donde tienen las de ganar.
–Es cierto que las experiencias de contrapoder tratan de evitar la guerra abierta por pura sabiduría, porque es muy fácil imaginarse quién gana en una guerra así. Pero lo que queríamos charlar con ustedes es el lugar que los piqueteros ocupan en ese marco. La hipótesis en cuestión intenta reflexionar sobre la existencia de redes que trabajan directamente al nivel de la reproducción de la vida y que, al menos tendencialmente, se independizan del poder del Estado y de las exigencias del capital. Se trata de experiencias de todo tipo, y no todas tienen por qué gustarnos. Dentro de ese océano de experiencias están los piqueteros, que son los más ligados al enfrentamiento. Y no necesariamente por vocación, sino por lo que implican los Planes Trabajar y la inevitable relación –contradictoria y en cierta forma involuntaria– con el Estado. El resto de las redes de contrapoder no tiene, necesariamente, esa experiencia tan fuerte de lucha y, en ese sentido, es interesante pensar el siguiente punto: que las “organizaciones en lucha” –en tanto y en cuanto se entienda por ello las organizaciones que priorizan el elemento del enfrentamiento físico (como muchas veces sucede con los movimientos piqueteros)– no abarcan la multiplicidad de aspectos presentes en las redes alternativas, esos tantos otros que ustedes mismos experimentan...
–Pero también me parece que se puede decir que toda experiencia que se proponga trabajar en el sentido del contrapoder es una experiencia de lucha porque, más allá de la metodología y de los distintos ejes de construcción, su trabajo implica luchar contra el capitalismo.
–Es cierto y, sin embargo, subsiste una diferencia: que ciertas experiencias piqueteras tienden al enfrentamiento directo mientras que a otras experiencias alternativas se les presentan otras variantes (aunque es evidente que éstas tienen que asumir también, a su manera, problemas ligados al enfrentamiento). Lo que queremos decir es que la lucha piquetera –hasta ahora– parece tender a situar al enfrentamiento como problema central de la experiencia, mientras que en otros recorridos del contrapoder el problema no se presenta del mismo modo.
–De todas manera, me parece que hay que desmitificar un poco nuestra relación con el problema de la violencia, porque muchas veces aparece como un grotesco. Si nosotros usamos pañuelos en la cara es por circunstancias que nos determinaron a hacerlo, por la violencia social existente y la violencia represiva, y es por eso que nos pusieron piqueteros. La violencia, entonces, es impuesta por el sistema y nosotros respondemos como podemos, creativamente. Porque lo que está claro es que lo único que nos puede salvar a nosotros de esta guerra es la creatividad.
–De todas formas, el problema se presenta hoy de una forma particular, o al menos es lo que nosotros percibimos. La gran novedad parece ser que el capitalismo ya no tiene en sus planes integrar en un futuro a los actuales “desocupados”. Si esa posibilidad existiera, la represión tendríaun sentido político que ya conocemos; es decir, se reprimiría con un fin claro: hacer retornar a los obreros rebeldes a la fábrica, a la producción, al tiempo de trabajo, y que los jóvenes no trabajadores vayan a estudiar o a sus casas. Pero la impresión actual es que resulta difícil pensar en este tipo de represión, porque cada vez hay menos fábricas a las que devolver a los trabajadores rebeldes... Parece que la violencia del Estado intenta, entonces, frenar el desarrollo de un contrapoder que ya no sale de la fábrica –salvo las ocupadas–, sino de las experiencias que intentan producir y sostener formas de vida alternativas...
–Sí, es cierto que en los setenta existía el militante que proponía a sus compañeros de laburo algo diferente: pero los obreros ganaban 1200 pesos. Se luchaba (en la fábrica) para defender el puesto de trabajo.

2 Asumir la guerra para evitarla

–Tal vez habría que volver sobre la hipótesis que plantea una convivencia a mediano plazo entre un poder que trabaja produciendo exclusión (o como lo venimos trabajando: que “incluye excluyendo”) y un contrapoder cuya existencia múltiple intenta sustraerse de este mecanismo. Porque no es previsible que el contrapoder vaya a poder eliminar los mecanismos de la dominación –como dice la izquierda vanguardista– llegando al gobierno mañana y solucionándolo todo, ni es de esperar tampoco (aunque no sea imposible) que el poder capitalista logre realizar la totalidad de sus pretensiones, aniquilando de una vez por todas la variedad de experiencias de resistencia. Hay quienes creen que las calamidades sociales que hoy conocemos están causadas por una crisis pasajera y que cuando todo vuelva a la “normalidad” volverá a haber empleo, integración, sin ver hasta qué punto las formas de acumulación capitalistas actuales son ellas mismas productoras masivas de desocupados. Si a eso le sumamos la experiencia que se está haciendo en las redes de trueque, de compras comunitarias, de salud alternativa, no se ve bien cómo se podrían repetir los mismos mecanismos represivos de la dictadura.

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