SOCIEDAD › APARECIO DESCUARTIZADA UNA INVESTIGADORA DEL CONICET

De la ciencia al umbanda

La mujer fue golpeada y diseccionada aún viva en seis partes, presuntamente en un rito satánico, en Colegiales. Un detenido.

 Por Alejandra Dandan

Los cortes sobre el cuerpo, aún con vida, fueron nítidos; miembros y articulaciones fueron separados por las manos de un experto. Susana Tramasera tenía 61 años y hacía seis meses trabajaba como museóloga en el Museo de Ciencias Naturales ubicado en el Parque Centenario. Era una de las investigadoras técnicas del Conicet, del que formaba parte desde el año 1985. El miércoles a la tarde, dos policías de la comisaría 31ª fueron hasta su casa siguiendo una denuncia de paradero. Desde hacía una semana, Tramasera faltaba del trabajo y de los lugares que frecuentaba. Los policías la encontraron en su departamento de Colegiales completamente descuartizada. Junto a ella estaba Eduardo Garro, un hombre de 46 años, ahora sindicado como autor de este crimen considerado como resultado de un ritual satánico. Garro se definió como parte de la secta umbanda, el culto que habría funcionado como punto de contacto entre él y la científica.
Susana Tramasera era una de las mujeres de bajo perfil del Conicet. Antes de vincularse al organismo fue parte del Laboratorio de Micropaleontología de la Facultad de Ciencias Exactas, después entró como técnica al Conicet como integrante del equipo de investigadores coordinado por Albine Bertell, una científica que terminaría convirtiéndose en una de sus mejores amigas. Las dos mujeres trabajaron juntas durante un tiempo y convivieron en el departamento de Bertell hasta el año pasado, cuando murió. Tramasera ahora vivía en esa casa y en estos días llevaba adelante los trámites de sucesión. Esta fue la razón por la que la policía terminó encontrándola.
El lunes pasado, por la tarde, los dos abogados de la mujer se presentaron espontáneamente en la comisaría 31ª para radicar una denuncia de paradero. Desde hacía días, explicaron en ese momento, estaban buscándola para hacerle firmar unos papeles del trámite de sucesión. La habían llamado a la casa varias veces, también al trabajo, pero no la habían encontrado. En tanto, la repentina ausencia de Tramasera también había sorprendido a los empleados del Museo. “Era una de esas mujeres que nunca faltaba, nunca llegaba tarde y nos llamó mucho la atención que no viniera”, explicaba ayer uno de los voceros del lugar. El lunes, desde el Museo enviaron una notificación oficial a la casa de Tramasera en la que pedían que se presentara. Ella, lógico, no respondió. En ese momento llevaba cuatro días muerta, tendida en el suelo de una de las tres habitaciones del octavo piso “A” de Maure 2487. En ese mismo lugar la encontraron dos policías de la comisaría 31ª.
Hasta ese momento, en el edificio sólo sentían malos olores, nadie había escuchado ruidos, gritos o sonidos extraños. Sus vecinos no la veían desde hacía días, pero estaban convencidos de que se había ido de viaje. Así se lo explicó el portero a la policía: “La señora se fue –dijo– y dejó a alguien en la casa para atender a los gatos y darles de comer”. Después de algunas vueltas por el edificio, los policías finalmente encontraron al supuesto cuidador de gatos justo cuando se estaba yendo.
“El cadáver estaba encima de dos centímetros de baba marrón –explica una de las fuentes de la investigación–. Ni siquiera podíamos ver cómo la habían cortado.” Susana Tramasera tenía el cuerpo cortado en seis partes; cabeza, brazos, piernas y torso diseccionados. Murió por traumatismo de cráneo pero cuando comenzó el descuartizamiento, dicen los peritos, la mujer seguía con vida. Roberto Curci es uno de los forenses que participó en la autopsia: “Los descuartizamientos en general se hacen con cortes burdos –dice–, los hacen personas poco acostumbradas excepto si son carniceros o están acostumbrados a manejar cuerpos de animales: éste sabía hacerlo”. Los cortes fueron nítidos y perfectos, un tipo de metodología definida como descuartizamiento ofensivo, y no defensivo. En el primer caso, son aquellos que se hacen sobre el cuerpo vivo, y esto constituye un agravante penal. En el segundo caso, los “defensivos” se hacen sólo para ocultar la prueba, cuando la víctima ya está muerta. ¿Cuál fue la lógica de este crimen? Quienes están detrás de la causa, entre ellos el juez de instrucción Marcelo Alvero, tuvieron en cuenta varios elementos para arriesgar algunas hipótesis. Entre esos elementos, evaluaron algunas definiciones de Garro y los objetos que encontraron en el departamento de la científica. Garro, por su lado, aseguró que era miembro de una secta, en este caso del culto umbanda, donde los sacrificios de animales son considerados una parte formal de los ritos religiosos. “La mujer, evidentemente –dijo un investigador–, terminó embaucada por este hombre.”
Eduardo Garro tiene 46 años. Fue detenido el miércoles a la tarde en el departamento de Colegiales. En la cocina tenía “una fábrica” de cuchillos, elementos cortantes filosos y pequeñas hachas con las que habría llevado adelante parte de la disección. Conocía a Tramasera desde hacía algunas semanas pero no mantenía con ella ningún tipo de relación amorosa.
Hasta ahora no reconoció su responsabilidad en el crimen. La Justicia aún no sabe si se trata de un inimputable.

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El octavo piso de Maure 2487 fue el escenario del horror.
 
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