SOCIEDAD › UN NUEVO SISMO CASI TAN SEVERO COMO EL ANTERIOR ATERRORIZó A LA CIUDAD, AUNQUE NO PROVOCó NUEVAS VíCTIMAS FATALES

Otro día de pánico sobre Puerto Príncipe

Fue una réplica de las que se suceden casi a diario, pero esta vez la magnitud alcanzó a los 6,1 puntos en la escala de Richter. La ayuda humanitaria sigue llegando de a poco, con grandes problemas de distribución.

“Todo el mundo sabe que esto no ha terminado. Para mí todo el mundo va a perecer. Es la naturaleza. No es Dios, Dios no es malo.” Una mujer haitiana que acampa en la plaza Saint-Pierre se desesperaba de esa manera. Otra mujer la contradecía: “Sí, es él. Sí, es Dios”. El pánico volvió sobre los miles que viven en esa plaza desde hace una semana: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué otra vez?”. El terror ganó a toda la ciudad de nuevo. Al amanecer del octavo día desde el terremoto que resquebrajó a Haití, miles de personas se lanzaron a las calles cuando un temblor de magnitud 6,1 puso en crisis otra vez a la ciudad. Desde la ONU se informó que los equipos de rescate salieron en busca de nuevas víctimas, pero la réplica ocurrida 59 kilómetros al oeste de Puerto Príncipe parece no haber traído nuevas muertes, aunque ayudó a que varios edificios terminaran de desplomarse. Mientras, la ayuda humanitaria continúa llegando no sin problemas de distribución, Estados Unidos y Brasil se alistan para enviar más tropas y los rescatistas continúan salvando gente de entre los escombros (ver aparte).

Desde el 12 de enero, los haitianos están atemorizados por las constantes réplicas del terremoto de 7 puntos en la escala de Richter, que se estima dejó unas 200 mil víctimas, pero el temblor de ayer fue el más fuerte desde entonces y justificó el pánico. A tal punto llegó el temor, que cualquier rumor era tenido en cuenta: “Hay gente que dice que son pruebas nucleares. Es posible, no lo sé”, relató un haitiano.

A pesar del temblor, los guardias del derruido palacio presidencial comenzaron a recuperar sus puestos con la bandera a media asta y frente a una plaza convertida en un campamento gigante, donde cientos de personas esperan a la intemperie tras haber perdido sus casas. Según informó la Organización Internacional de Migraciones en Puerto Príncipe, hay más de 300 campamentos improvisados en los que viven unas 370.000 personas sin hogar.

En el centro, los habitantes recuperaron la calma rápidamente y varios grupos de vecinos continuaban bloqueando tramos de calles para impedir con barreras el paso de vehículos a fin de instalar campamentos con lonas y organizar cocinas colectivas. “La gente intercambia lo que les sobra, gas por agua, comida por lonas, pilas por carbón”, explicó el vecino Léon Félix. Otros grupos de personas conformaron un “comité de ayuda” y lograron recuperar las vigas de una casa derrumbada para construir cabañas que empiezan a recubrir con chapa.

Mientras, varias calles del centro fueron limpiadas y despejadas de enormes montones de basura, compuestos sobre todo de botellas y bolsas de plástico que los haitianos quemaban y de los que se desprendía un olor nauseabundo. Pero la tensión persiste: “Lo que hace falta saber es cuándo van a parar todas estas réplicas. Necesitamos saberlo para volver a nuestros hogares”, declaró Léonie.

A pesar de que no se registraron nuevas víctimas, los heridos siguen llegando a los abarrotados centros médicos, donde las amputaciones son el denominador común. En la capital isleña funcionan ocho hospitales, la mitad de ellos de campaña y ayer se sumó el barco hospital estadounidense Comfort, en el cual entre 30 y 50 víctimas del sismo, los casos más graves según las autoridades haitianas, podrán recibir atención simultánea.

La distribución de alimentos y agua continúa siendo un problema, por lo que en las calles los saqueos persisten al igual que los choques entre la policía y los derrumbados, conflicto que ya se cobró la vida de un joven de 15 años. “Cuando me den de comer, dejaré de robar”, sentenció un enmascarado joven haitiano. Por su parte, el presidente del país caribeño, René Préval, apuntó que la ayuda internacional llegó “muy rápido” pero que sufre un problema de coordinación. “La ayuda llega y no se está preparado para recibirla. Cuando llega, nos dicen: ¿dónde están los camiones para transportarla, dónde están los depósitos?”, explicó Preval.

Con el objetivo de potenciar la asistencia, la criticada intervención de Estados Unidos enviará 4000 soldados más, que se sumarán a los 12.500 que ya están en Haití. También Brasil –que comanda el operativo militar de la fuerza de la ONU en Haití– anunció sus intenciones de aumentar en al menos 1300 efectivos su despliegue, que actualmente es de 1200 personas, y de dar más ayuda económica, por encima de los 15 millones de dólares ya comprometidos. Mientras, Francia y Canadá también anunciaron que enviarán más policías. El ejército del país vecino de Estados Unidos también se encargaba de limpiar la muy transitada pista del aeropuerto de Puerto Príncipe, que está bajo el control norteamericano.

La ayuda para Haití llegará también desde el Fondo Monetario Internacional (FMI), ya que desde Washington el director gerente, Dominique Strauss-Kahn, aseguró que “una especie de Plan Marshall es lo que debemos instrumentar ahora para Haití”, en referencia al programa lanzado por Estados Unidos para reconstruir los países arrasados por la Segunda Guerra Mundial. El titular del organismo económico adelantó que se está “trabajando con todos los donantes para tratar de eliminar toda la deuda de Haití”.

Los recursos serán clave si se cumplen las proyecciones de la embajadora de Haití en España, Yolette Azor-Charles, que ayer indicó que la reconstrucción del país podría llevar 25 años, ya que los equipos de rescate aún no llegaron a todas las ciudades afectadas. La diplomática estimó en 250.000 las personas heridas y en más de un millón las que perdieron su casa.

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En el centro, los habitantes recuperaron la calma rápidamente, mientras levantaban barricadas para impedir el paso de autos.
 
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