SOCIEDAD › LA INVESTIGACION DE DOS MUERTES EN BARILOCHE APUNTA A LOS AUTORES INTELECTUALES

En busca de los jefes de la represión

El juez que investiga los crímenes de Nicolás Carrasco y Sergio Cárdenas encabezará hoy una inspección ocular en el lugar donde la policía reprimió una protesta. Creen que es difícil identificar a los autores materiales de las muertes.

 Por Carlos Rodríguez

Mientras sigue sin producir novedades de importancia la causa en la que se investiga el homicidio de Diego Bonnefoi, hoy se realizará una inspección ocular y una reconstrucción de los hechos –posteriores a esa muerte– en los que perdieron la vida Nicolás Carrasco, de 16 años, y Sergio Cárdenas, de 29. Por pedido del fiscal Marcos Burgos, la investigación en los casos de Carrasco y Cárdenas apunta sólo en dirección a los grupos policiales que reprimieron, en la tarde-noche del jueves 17 de junio, a la multitud que se había movilizado en las cercanías de la sede de la comisaría 28, en la zona del Alto, para repudiar el asesinato de Bonnefoi. Fuentes allegadas a la investigación admitieron que será difícil establecer quiénes fueron los autores materiales de las muertes de Carrasco y de Cárdenas, pero sí se puede avanzar hacia los jefes que estuvieron al frente de la represión, quienes pueden ser imputados como autores intelectuales de los dos crímenes. Como parte de la prueba, no se descarta una pericia de sonido –a través de imágenes y audios grabados por la prensa– para establecer responsabilidades, como se hizo antes en el caso del asesinato de Teresa Rodríguez, en Cutral-Có.

El caso Bonnefoi es investigado por el juez Miguel Angel Gaimaro Pozzi, quien ayer le tomó declaración testimonial, en Cámara Gesell, a dos de los chicos que acompañaban a Bonnefoi en el momento de su muerte, a manos del cabo Sergio Colombil, quien continúa detenido. La causa sigue bajo secreto de sumario y se supone que la situación procesal de Colombil recién se resolverá en agosto, una vez que concluya la feria judicial. El ex juez de esa causa, Martín Lozada –quien le había dictado la prisión preventiva a Colombil por homicidio doblemente agravado–, ahora está a cargo del doble crimen ocurrido durante la represión policial de las protestas.

Hoy Lozada conducirá la inspección ocular que se hará cerca de Onelli y Osés, donde cayó herido Carrasco, y en Onelli y Sobral, donde murió Cárdenas. La muerte de Carrasco fue presenciada por un hermano suyo, de 17 años, quien estará presente en la reconstrucción. También irán testigos del ataque sufrido por Cárdenas, quien tenía en el cuerpo un perdigón de plomo que le había ingresado por la espalda, cerca del cuello, mientras que Carrasco tenía varios perdigones.

Todo parece indicar que los proyectiles fueron disparados por escopetas policiales. Cada cartucho contiene ocho perdigones que, luego del disparo, salen de su habitáculo y se esparcen en distintas direcciones. Prueba de que la investigación le apunta a la policía fueron los allanamientos realizados en ocho destacamentos, en la búsqueda del libro de movimientos, el libro de armas y el de municiones. Lo que se buscan son los nombres, apellidos, jerarquías y número de las armas de todos los policías que estuvieron participando en los sucesos del 17 de junio.

En la investigación existen dudas sobre si están registrados todos los policías que participaron. Si bien la pesquisa intenta determinar quiénes fueron los autores materiales de las dos muertes, se sabe que es una tarea difícil. De todos modos, a través de los registros, se puede determinar quiénes fueron los jefes a cargo del operativo policial y cuál es la responsabilidad que le cupo a cada uno, una vez que se pueda establecer el área de actuación de cada una de las fuerzas intervinientes.

Aunque se cree que todo puede haber sucedido en medio de un caos, es evidente que tiene que haber habido un jefe o más de uno al frente de la represión. Se sabe que participaron agentes de la comisaría segunda del Centro Cívico, de la seccional 27 de Melipal, de la comisaría 28 del Alto –que fue destruida por los manifestantes–, de la Unidad Penitenciaria Nº 3 de Bariloche, que tiene la mitad de personal penitenciario provincial y de personal policial. También fueron allanadas la sede del grupo antimotines BORA, en la calle Namuncurá, y la Brigada de Investigaciones, entre otras dependencias policiales.

Los querellantes que representan a los familiares de Carrasco y de Cárdenas entregaron a Lozada cerca de mil fotografías y videos que registraron distintos momentos de la represión. Con un material similar, en septiembre del año 2000, los físicos Ernesto Martínez y Rodolfo Pregliasco, del Instituto Balseiro de Bariloche, realizaron una pericia de sonido que les permitió establecer que la bala que mató a Teresa Rodríguez, en Cutral-Có, en 1997, había partido del grupo de policías que dispararon contra los manifestantes.

En aquel caso, como hoy en Bariloche, la versión policial era que el tiro había provenido de los manifestantes. Respecto de lo sucedido en el Alto, quedó desvirtuada la versión policial de que habían usado sólo postas de goma. Eran de plomo los perdigones que mataron a Carrasco y a Cárdenas. Por eso, todo apunta hacia la policía de Bariloche.

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La pesquisa intenta determinar quiénes fueron los autores materiales, pero se sabe que es difícil.
Imagen: TELAM
 
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