SOCIEDAD › UN BARRENDERO FALLECIO AL ESTALLAR UNA BOMBA CASERA EN LA PUERTA DE LA ESCUELA DE POLICIA

Tragedia por un explosivo en Cipolletti

Nadie se atribuyó la colocación del artefacto, que explotó a la madrugada y desconcertó a la comunidad de esa localidad de Río Negro. Otra bomba fue desactivada. Adjudican el atentado a una interna policial o a la venganza de un clan mafioso.

 Por Emilio Ruchansky

José Domingo Maciel llevaba cinco meses como barrendero del municipio de Cipolletti, en Río Negro, cuando ayer por la madrugada fue víctima de una explosión que lo arrojó a cinco metros de donde estaba. Murió en ese instante, a las 3.10, debido a la onda expansiva de una bomba oculta en una bolsa negra y apostada en el medidor de gas de la escuela de cadetes de la policía provincial, donde no hay clases por el receso invernal. Según los investigadores, el artefacto explosivo fue armado con una garrafa de gas de tres kilos, cargada con pólvora y conectada a un detonante que se activó al abrirse la bolsa. Otra bomba similar apareció a cinco cuadras de la primera, en una mochila sobre la puerta de una empresa telefónica, y no se detonó. “Sospechamos que a los agresores les explotó más rápido de lo que pensaban la primera bomba y, por eso, huyeron y abandonaron la segunda sin activarla”, aseguró un funcionario local.

Por ahora nadie se adjudicó los atentados ni hubo aviso previo. El pueblo entero se sumergió ayer en especulaciones: se habla de una interna policial y hasta de un clan mafioso al que se pretende expulsar de la ciudad. Ayer Alberto Weretilneck, intendente de Cipolletti, una localidad cercana a la ciudad de Neuquén, pidió que se deje trabajar a la Justicia, a la policía provincial y a los cuerpos técnicos y de investigaciones para que determinen lo que pasó en realidad. “Con los pocos elementos que tenemos, no es posible elaborar una hipótesis”, dijo el intendente.

La municipalidad decretó duelo y dispuso asueto hasta mañana por la muerte de Maciel. Para contener el pánico posterior, todo el gabinete municipal, más concejales e integrantes del Consejo de Seguridad se reunieron de urgencia. También viajaron a Cipolletti el ministro de Seguridad provincial, Víctor Cufré, y el jefe de la policía, quienes se pusieron al frente la investigación. Tras analizar los hechos, las autoridades recomendaron a la gente que mantenga la calma y el alerta: si ven algún artefacto sospechoso deberán dar inmediato aviso a la policía.

El intendente repudió el atentado, al que definió como “la barbarie en su máxima expresión, un hecho totalmente irracional”, y lamentó la muerte de Maciel: “Lo único irreparable”. La víctima tenía 65 años y en su sector (Aseo y Limpieza) también trabaja un hijo suyo. “Estos atentados golpean a todos por igual. El destino quiso que fuera un empleado municipal, pero podía haber sido cualquier cipoleño –agregó el intendente–; quienes ponen bombas, quienes atacan arteramente y especulan con el miedo y el dolor de los demás, son amplia minoría.”

¿Y quién o quienes podrían ser? “Lo único seguro es que el objetivo era hacerle un daño a la escuela de policía. De milagro no estalló el gabinete con los medidores de gas, sólo se rompieron las puertas”, le dijo a este diario el secretario de Cultura de Cipolletti, Carlos Magliarelli, aturdido por las hipótesis que se tejen alrededor del atentado. “Se habla de que esto fue contra la policía por las tres muertes que hubo en Bariloche y otras cosas que pasan acá, pero son cuestiones subjetivas”, dijo el funcionario.

Otra versión, manejada por algunas autoridades locales, indica que puede tratarse de un autoatentado de la policía para “victimizarse” ante la tormenta de críticas tras los casos de gatillo fácil y violencia policial en San Carlos de Bariloche. Una tercera hipótesis que circula en el pueblo apunta a una supuesta venganza de un clan familiar dedicado a la venta de drogas y el robo de autos, entre otros delitos, y cuya supuesta impunidad judicial generó una colecta de firmas, impulsada por el propio intendente, para que se vayan o sean investigados en profundidad por la Justicia.

“Son ocho tipos y nunca caen presos. Hasta la policía los ayuda, haciendo mal los procedimientos en contra de ellos para que después consigan alguna nulidad ante el juez. Viven amenazando a la gente del barrio y uno de ellos está acusado de matar a un chico. Meten miedo pero la verdad es que no sabemos si les da la logística como para poner una bomba, aunque tienen plata para costearla”, aseguró el funcionario citado al principio de esta nota.

“El que armó los artefactos es un conocedor del tema”, dijo anoche un informante que participó del operativo de desarme de la segunda bomba frente a la empresa de telefonía de la ciudad, junto a policías, bomberos y personal de la Brigada de Explosivos. El artefacto fue secuestrado por esta última brigada para realizar las pericias ordenadas por el juez de la causa, Gustavo Herrera, titular del Juzgado de Instrucción 6 de Cipolletti. “No sabemos dónde iban a poner esta segunda bomba, pero seguramente la telefónica no era el objetivo, da la impresión de que abandonaron esa mochila porque no esperaban que explotara la primera bomba, que tenía algún tipo de dispositivo mecánico para que estallara más tarde”, agregó el informante.

Maciel fue velado en la sala de sepelios Diniello y será inhumado hoy a las 10 en el cementerio municipal. Ayer, el gobierno local pidió a la población acompañar a la familia del deudo, como “una demostración de unidad de la comunidad ante el desafío de quienes pretenden imponer el terror irracional”.

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El frente de la escuela de cadetes de la policía rionegrina, donde estalló el explosivo.
Imagen: Télam
 
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