SOCIEDAD › LA SECUESTRARON Y GOLPEARON DESPUéS DE DENUNCIAR 36 VECES A SU EX PAREJA

La inseguridad tiene cuerpo de mujer

Denunció 36 veces a su ex pareja, en Rosario, por violento. Lo llevó a juicio oral y logró que lo condenaran a tres años. Quedó libre hace menos de un mes. Le pintaron la puerta de la casa. Ahora, la secuestraron, la golpearon y la arrojaron a una zanja

 Por Lorena Panzerini

Desde Rosario

Jesica Balmaceda no sale del infierno. La víctima del primer juicio oral y público por violencia machista en Rosario fue secuestrada, golpeada y tirada en una zanja por personas a las que relaciona con su ex pareja, Néstor Anchaval, liberado hace menos de un mes. “Nos vamos a volver a ver”, le advirtieron los secuestradores antes de empujarla del auto. Anteanoche, salió a las 20.30 a hacer mandados, tras avisar a la Patrulla de Intervención Barrial, que custodia su casa. Les pidió que se queden porque sus hijos quedaban en la casa. Minutos después, un hombre la increpó en la calle, la tomó del cuello y la metió en un auto, con otros tres ocupantes. Le hicieron bajar la cabeza, la maniataron y golpearon. Cuando ella advirtió que había pulsado el botón de pánico, le abrieron la puerta y la tiraron en Colombia al 2200. Todo sucedió en 20 minutos, que para ella fueron horas. La policía la encontró semiinconsciente. Ella les rogó que la llevaran a su casa para ver si sus hijos estaban bien. En la Justicia, hay medidas para dar con el auto y los ocupantes. “No se descarta de ninguna manera”, que Anchaval tenga que ver, dijo la fiscal Raquel Almada, aunque no había orden de detención en su contra.

Anchaval fue condenado, en mayo, a tres años de prisión por amenazar reiteradamente a la madre de sus cuatro hijos; pero el juez Carlos Leiva lo excarceló porque la sentencia no está firme. Desde entonces, Jesica volvió a vivir aterrada, como hace más de seis años, cuando empezó el calvario: antes de 2014, denunció a Anchaval 35 veces, pero esas acusaciones quedaron en el antiguo sistema penal y no pudieron llegar a juicio.

Las denuncias posteriores fueron expuestas en el primer juicio oral y público por violencia machista, del nuevo sistema penal, en mayo pasado. Pese a que la fiscalía pidió 4 años y medio de condena, el juez Leiva le dio 3 años, por amenazas, incumplimientos y hostigamientos que llevaron a la mujer a mudarse seis veces, desde 2010, para huir del acusado.

Sin embargo, el 6 de julio, el magistrado lo dejó en libertad porque la sentencia no está firme, ya que fue apelada por la defensa del imputado. Lo primero que hizo Anchaval cuando lo anoticiaron de su excarcelación fue preguntarle al juez cuándo podría ver a sus hijos, y Leiva le recordó que tiene prohibido acercarse a la casa de su ex pareja. A los 20 días ocurrió el primer episodio pos juicio: “Te tengo”, apareció escrito con pintura del lado de afuera de la puerta de la casa de la mujer de 30 años. Ese mismo escrito le dejó Anchaval hace alrededor de un año, en otra casa. Según denunció la víctima, esta vez “mandó a alguien”: un hombre que intentó venderle un fuentón y le pateó la puerta. Cuando la policía llegó, ya no estaba.

Por esos días, sus hijos dijeron haber visto a Anchaval en una moto dando vueltas por el barrio, y al menos una vecina fue testigo. Al mismo tiempo, Jesica denunció en la comisaría 32º que un Corsa gris con vidrios polarizados la seguía. En la Fiscalía dicen no tener constancia de esa presentación.

Justamente, son las mismas características del auto con el que fue secuestrada anteanoche. Cuando la tiraron del auto a una zanja con agua, varios vecinos se acercaron a ayudar a la mujer. “Pensé que estaba muerta”, dijo una señora. Ante ello, la fiscal pidió que los testigos vayan a dar su testimonio.

Ayer, Jesica seguía aterrada y en shock. Nora Giacometto, de la organización Ampliando Derechos, que acompaña a la víctima, habló por ella y dijo que “está cansada” de que la Justicia y el Estado le den la espalda. “Cuando llegó el Comando la trasladaron al Hospital de Emergencias, donde se constataron lesiones en el cuello, porque le intentaron arrancar el botón de pánico; tiene traumatismos en un hombro y un tobillo, de cuando la tiraron del auto. También tiene lastimadas las muñecas”, relató. Giacometto se quejó de la revictimización que sufrió Jesica tras el hecho. “Le tomaron la declaración tres veces en el Hospital de Emergencias Clemente Alvarez, entre el dispositivo del efector, la seccional 32º y la Comisaría de la Mujer”, lamentó. “Llegó a su casa a las dos de la mañana, porque del hospital tuvo que ir a firmar el acta en la comisaría”. También protestó por la actuación de la Fiscalía de Violencia de Género, porque asegura que “estaban al tanto de la preocupación de Jesica y de lo que estaba pasando”.

Por su parte, la fiscal Almada indicó que se investiga el secuestro. “Tenemos la descripción física de uno de estos hombres y hay medidas que no queremos dar a conocer para que no se frustren”, dijo. Giacometto aseguró que se trata del mismo hombre que le intentó vender fuentones a Jesica la semana anterior; pero la fiscal aseguró que la descripción que dio en la oficina es “distinta”.

“Lo condenaron con la mitad de años que yo lo padecí”, reprochó Jesica el día de la sentencia a Anchaval; y agregó: “Cuando salga me va a matar”. Tras la liberación, fue más allá: “Hago responsables al juez y a la fiscal si algo les pasa a mis hijos. Hoy estoy en la misma situación que cuando empezó todo esto. El nunca paró. Hasta preso me seguía mandando mensajes”, reveló sobre los hostigamientos del hombre de 38 años. Quien liberó a Anchaval es el mismo juez frente a quien Jesica declaró en la primera jornada de juicio oral. Le contó que vivía con una mochila detrás de la puerta, donde tenía los documentos de sus cuatro hijos y 300 pesos para salir corriendo. Relató que una noche tuvo que dormir en un contenedor de basura con los nenes de entre 6 y 12 años, mientras Anchaval le pateaba la puerta de su casa; que no salía de su casa sin la orden de restricción de acercamiento, aunque Anchaval jamás la cumplió.

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Jesica Balmaceda está desesperada, teme por la vida de sus hijos, por la suya, y reclama protección.
Imagen: Andres Macera
 
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