SOCIEDAD

Por qué después del caso Blumberg hay menos secuestros extorsivos

El secuestro de Axel, del que hoy se cumple un año, y su posterior asesinato marcaron un punto de inflexión para este delito. El combate a la corrupción policial y las purgas en la Bonaerense fueron los factores decisivos para la disminución de casos.

 Por Raúl Kollmann

A un año del secuestro de Axel Blumberg hay dudas y polémicas, pero nadie cuestiona un dato concreto: los secuestros bajaron notoriamente. La pregunta esencial es ¿por qué cambiaron las cosas? Pero no se trata de un único interrogante y hay varias respuestas.
1 ¿Qué papel jugó la presión de la gente?
Fue decisiva. Las concentraciones multitudinarias que encabezó Juan Carlos Blumberg, basadas en una mezcla ideológica en la que primaron las ideas de derecha, le plantearon a la Casa Rosada que se tenía que meter sí o sí en la cuestión de seguridad. Hasta entonces, el Presidente había considerado que era un problema bonaerense y lo miraba bastante de lejos. La cantidad de gente también puso sobre ascuas a la indeleble alianza de algunos intendentes del conurbano y comisarios corruptos que siempre convivieron usufructuando el delito.
2¿Qué estrategia se impuso?
Con la llegada de León Arslanian al Ministerio de Seguridad –auspiciada por el gobierno nacional y con el apoyo de Felipe Solá– se impuso la estrategia de confrontación total, sin miramientos, con la corrupción policial que rondaba en los secuestros. Antes de eso primaba el llevarse bien con los comisarios e intendentes, no hacer olas, no producir choques. Arslanian pasó a retiro de un plumazo a 37 mandos –comisarios y subcomisarios– de la policía de San Isidro, la capital de los secuestros en ese momento. Además, quedó pendiente sobre la cabeza de los demás oficiales que cualquier sospecha de colaboración con las bandas de secuestradores significaba que perdían el puesto. Voceros de la derecha pusieron el grito en el cielo por la razzia con el argumento de que “el adversario son los delincuentes, no los policías”. La realidad les pasó por encima. El propio Juan Carlos Blumberg estuvo en contra de la purga, pese a que hoy reclama –con razón– que todavía falta detener a varios policías que estuvieron relacionados con el secuestro de su hijo.
3¿Qué mostró el caso Axel?
Justamente que, según el argot policial, varias bandas de secuestradores “cortaban boleto” en comisarías y unidades de la Bonaerense. “Cortar boleto” es lo mismo que “pagar peaje” y eso es lo que hacían bandas como la de Martín “El Oso” Peralta, que se dedicaba al robo de autos y que contaba con la amistad de varios uniformados en la venta de los vehículos y partes robadas en la calle Warnes. También en el barrio Santa Paula, de Moreno, donde encerraron a Axel, la banda contaba con la complicidad policial: iban y venían con autos robados de cierto lujo, que de ninguna manera pasaban inadvertidos en un barrio humilde. Y más de un vecino cuenta que algunos vehículos se desarmaban al aire libre y a la vista de todos. En un secuestro anterior de la banda de El Oso, el de Ana María Nordman, en el momento del pago fue detenido uno de los integrantes de la banda. Casualmente, se trató del que no llevaba el dinero. El que cobró el rescate sospechosamente escapó. Además se sabía, seis meses antes del secuestro de Axel, que El Oso solía andar por La Falda, Córdoba, y que allí tenía propiedades. Fue el lugar en el que lo detuvieron finalmente, pero con meses de demora, varios secuestros más y la evitable muerte de Axel en su haber.
4¿Quién manejó en el último año las investigaciones antisecuestros, lo que llevó a una fuerte baja en ese delito?
Ya no fue el comisario tal o cual, sino el subsecretario de Investigaciones, el abogado Esteban Marino, designado por Arslanian. Marino dejó el cargo hace un mes y volvió a la actividad privada. Desde la Casa Rosada, la gobernación bonaerense, el Ministerio de Seguridad y la SIDE pusieron toda la presión sobre los policías para que fueran cayendo banda tras banda. Con el aliento en la nuca, los uniformados les soltaron la mano a algunos de los secuestradores que protegían y sólo la idea deque “el que secuestra es difícil que se salga con la suya” desalentó fuertemente el delito. En los casos que existieron últimamente –sobre todo, secuestros express–, mejoró en algo la coordinación entre las autoridades bonaerenses, las nacionales y la SIDE. Igual sigue existiendo una competencia absurda y el tratar de exhibir logros.
5¿Qué papel jugaron las leyes más duras?
Ninguno. Lo que cambió fue la presión sobre la policía y la calidad de la investigación. Las leyes que sí jugaron a favor fueron las que permitieron a los fiscales agilizar las pesquisas, interviniendo rápidamente teléfonos o teniendo facultades para allanar cuando una persona estaba secuestrada. Hay coincidencia en que, mayoritariamente, los fiscales se mostraron muy activos y eficientes. Las leyes que aumentan las penas para secuestradores datan de 2002 y el auge de los secuestros fue en 2003. O sea que no sirvieron para la prevención, como se publicitaba. Las denominadas “leyes Blumberg”, que no apuntaban directamente a agravar penas por secuestros, contribuyeron sobre todo a saturar las cárceles de detenidos.
6 ¿Permitir o no permitir el pago?
Con la muerte de Axel pasó a ser mala palabra la idea de intervenir contra una banda cuando ésta todavía tenía al secuestrado en su poder. Sin embargo, con el transcurso del tiempo, la postura oficial fue cambiando: hasta el presidente Néstor Kirchner llegó a sostener que había que intervenir sin esperar que los secuestradores soltaran a su víctima. En realidad, el criterio adoptado podría resumirse así: ni aceptar que se pague alegremente ni cortar el pago a cualquier costo. Hubo casos en que el secuestrado estaba dentro de un barrio de difícil acceso en que no hubo más remedio que permitir el pago sin intervenir, porque asaltar la casa dentro del barrio era una operación demasiado difícil. En cambio, en otros casos, como el del esloveno Vladimir Kosir, en La Tablada, se ingresó a la vivienda por sorpresa.
7 ¿Son todos éxitos?
Cuando en el mundo del hampa circula la idea de que el secuestro se ha hecho difícil, se buscan otros “negocios” o se continúa con los que ya se venían haciendo. Los policías extorsionadores de San Miguel son un ejemplo, pero resultó alarmante el asesinato de la niña Macarena en Avellaneda. ¿Qué se esconde detrás de ese crimen? La realidad es que los adolescentes que mataron a la nena intentaban robar una camioneta 4x4 a pedido. Según se sabe, hay provincias –Entre Ríos, Córdoba, Tucumán– donde funciona una parte de los desarmaderos que antes había en el conurbano. Roban entonces una camioneta el sábado a la noche, y en el tiempo que se tarda en hacer la denuncia, con la lentitud del fin de semana, el vehículo es llevado a las provincias. Todos hablan de complicidad policial con esa operación y, además, de matones de una hinchada de fútbol. También se menciona que vuelve a haber algunos desarmaderos en varios barrios humildes del Gran Buenos Aires. Igualmente existen intensos rumores de complicidad policial en el crimen de Chascomús, detrás del cual –según todo lo indica– está el mundo de la droga. La mejora en las condiciones económicas hace que vaya bajando, muy lentamente, el delito social, el que se produce con mayor frecuencia: el robo. En los otros rubros, más de bandas organizadas, la clave seguirá estando en pelear contra la corrupción policial. Si no fuera por ella, indudablemente, hoy Axel Blumberg estaría con vida.

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Las concentraciones multitudinarias colocaron el tema en la agenda de prioridades de la Casa Rosada.
 
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