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No hubo acusación contra el magnate y quedó libre

La inusitada ausencia de acusación fiscal dejó libre al magnate de Bariloche, Juan Giglio, condenado en 2002 a 9 años por abusar de la hija de su amante. La víctima de 16 años parecía la acusada.

Una nena de 12 años fue a la comisaría para denunciar que su mamá, que trabajaba como prostituta, la obligaba a mantener relaciones sexuales con el empresario septuagenario Juan Giglio. Entonces la madre y el acaudalado anciano fueron detenidos, pasaron por los recovecos de la Justicia hasta que se los sentenció a 10 y a 9 años de prisión. Pero este fallo luego fue revocado “por fallas formales” en el proceso. Quedó todo en blanco. Ayer, en el segundo juicio oral que enfrentaron Giglio y la madre de la nena, llamada Susana, el fiscal Enrique Sánchez Gavier retiró las acusaciones, por lo que quedaron libres definitivamente. Según el fiscal, porque en la quinta declaración a la que fue sometida la chica, que hoy tiene 16 años, detectó diferencias con lo dicho años atrás. El camarista Carlos Rozansky, que intervino en los inicios del caso y que redactó las modificaciones procesales para que los menores no tengan que declarar ante un tribunal, consideró que “si a alguien se le pregunta una y otra vez sobre la misma cosa, es evidente que va a terminar por contar algo distinto”.
Parte del debate judicial constó en la presunta potencia sexual de Giglio. Según él dijo a la Justicia, una operación lo había dejado impotente muchos años atrás, por lo que a duras penas podría haber abusado de la nena. Pero su madre lo refutó diciendo que a dos de sus hijas, de 3 y 4 años, las había tenido con él. Así se abrió otra causa penal. Exámenes de ADN mediante, se demostró que al adinerado señor no le faltaba potencia sexual, pero que derrochaba humildad. Susana, hoy de 40 años, aseguró que fue amante de Giglio desde los 15. Y que ambos participaron de fiestas sexuales junto a “amigos importantes” del empresario en Bariloche.
Entre las 9 y las 14 de ayer se desarrolló el segundo juicio. El tribunal estaba compuesto por Héctor Leguizamón Pondal, Ricardo Calcagno y Alejandro Ramos Mejía. El fiscal Sánchez Gavier, que no parecía representar a la parte acusadora, consideró que la víctima había caído en una contradicción principal en su declaración de ayer: la referida a la modalidad y a la reiteración del abuso sexual. En pocas palabras, que de tanto repetirlo, ya no decía lo mismo.
Según fuentes judiciales, trató de ingresar a la audiencia la psicóloga del Hogar de Jesús, donde la menor está en guarda desde el inicio del proceso, pero el tribunal no se lo permitió. La chica hizo su declaración llorando. En el primer juicio, la nena había dicho que estuvo tres veces con Giglio, entre diciembre de 2000 y enero de 2001, dentro del auto del empresario y ante su madre. En aquella ocasión dijo que Susana, como pago, recibía dinero y mercaderías del frigorífico de su cliente.
El primer juez que intervino en el caso fue Carlos Rozansky, que ordenó la detención de Giglio y Susana. El proceso finalizó en agosto de 2002 y estuvo en manos de los camaristas César Lanfranchi, Miguel Lara y Silvia Baquero, quienes coincidieron con las penas pedidas por el fiscal Sánchez Gavier: 9 años para el empresario por el delito de corrupción “agravado por la edad de la víctima y sostenida en el tiempo”, y 10 para Susana: uno más por el vínculo directo con la nena. Pero en mayo de 2003, el Superior Tribunal de Justicia de Río Negro dictaminó que se produjeron “defectos de orden procesal”, que afectaron “los principios de imparcialidad y bilateralidad” en desmedro de la defensa. Por ello, el debate oral tenía que realizarse otra vez. Sólo quedó en pie el proceso de instrucción.
Rozansky es uno de los fundadores de la Asociación Argentina para la Prevención del Maltrato Infantil. También creó las modificaciones para que los menores no tengan que comparecer ante la Justicia, que desde hace un año es ley en la ciudad de Buenos Aires y en la Justicia federal. El actual magistrado de La Plata evaluó ante Página/12 que “nadie a quien le hayan preguntado veinte veces lo mismo contestó igual. La interpretación que se haga de esa modificación puede ser terrible”. Por eso cree que “un menor no puede ser interrogado, sino entrevistado por especialistas. El tribunal y los abogados pueden mirar de afuera, ya sea por medio de una Cámara Gessel (el vidrio espejado que no deja ver al otro lado) o un video. Pero el único que interactúa con el chico es el especialista”.”Una criatura que fue abusada no puede relatar cosas de su intimidad ante gente de saco y corbata. Esta presión hace que se silencien, o digan cualquier cosa para que termine la declaración. Es algo que les pasa hasta a los profesionales, no es exclusivo de los chicos. Someter a los menores a este proceso no le sirve a nadie si se busca la verdad”, recalcó.
Rozansky contó que se está trabajando en proyectos para que los chicos no tengan que pisar los tribunales en la provincia de Buenos Aires, Santa Fe y –valga la paradoja– en Río Negro. “Lentamente la Justicia se va actualizando”, indicó el juez, aunque para la chica de Bariloche sea tarde.

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Juan Giglio zafó porque el fiscal arguyó que la nena se equivocó.
 
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