SOCIEDAD

Una disputa por dinero como telón de fondo en el crimen del museo

La relación entre los cuñados se deterioró después de la muerte de Lidia, hermana del ex director y esposa del hombre asesinado.

Lidia Nakkache murió el 7 de agosto. Aunque las relaciones ya no estaban bien para entonces, su marido y su hermano tenían negocios y dinero en común. A partir de la muerte, entre su marido, Rafael Saiegh, y su hermano, Roberto Nakkache, comenzó una disputa por dinero. Los investigadores tienden a pensar que la muerte de aquella mujer y los negocios pendientes son las líneas que encierran las claves del crimen del Museo Metropolitano. Creen que el homicidio fue premeditado. Que Nakkache llevó su arma para usarla contra su cuñado. Las autopsias sobre los cuerpos develaron, en tanto, que todo sucedió “sin forcejeos”: no había rasguños ni hematomas en los cadáveres.
Rafael Saiegh y Roberto Na- kkache tenían 65 y 66 años, respectivamente. Se conocían hacía más de cuarenta años. Saiegh se casó con Lidia, la hermana de Nakkache, abogado y docente en la Universidad de Buenos Aires con estudios de posgrado en París. Llegó como exilado político en el ’83, después de ejercer como profesor en la Sorbona. Su cuñado se graduó de ingeniero y fue secretario de Obras Públicas en el municipio de General Pueyrredón durante la última dictadura.
Ambos estaban ligados al mundo de la construcción y, a través del museo, al campo del arte. Como publicó Página/12 en su edición de ayer, el Palacio Anchorena pertenece a una sociedad anónima integrada por Saiegh. El museo sólo ocupa la planta baja. Pertenece a una asociación civil que lleva el nombre de Consejo Buenos Aires. Nakkache dirigió el espacio de arte hasta fines del año pasado, cuando fue desplazado por la comisión directiva del museo, y en febrero de este año se hizo cargo de ese puesto Ignacio Smith. “Cambió la decisión política sobre el tipo de orientación que querían darle al espacio. Nakkache lo administraba como una galería de arte, alquilaba el espacio a distintos artistas y sólo exponían los que podían pagarlo”, explicó Smith, quien descartó un conflicto de familia.
Las primeras versiones del crimen indicaron que, tras el cambio, Nakkache se negó a abandonar el edificio. Que había ocupado una oficina del primer piso y que su cuñado entró el martes para pedirle que se fuera. Fuentes policiales, sin embargo, consideran ahora que si ese conflicto existía no era el único. A esta altura dan por sentado que mientras Lidia estuvo viva, ambos mantuvieron “negocios y dinero en común”. En esa línea sostienen que la muerte desencadenó los problemas. Que Nakkache comenzó a reclamarle dinero a su cuñado que, como presidente honorario de la asociación que administra el museo, decidió separarlo de la dirección poco más tarde.
La policía secuestró “varios papeles y documentos” del escritorio que terminó separando los cuerpos. Las fuentes de esa fuerza consultadas confirmaron que entre los papeles había “cuentas”. Una base de datos del sector financiero los menciona como parte de varios emprendimientos societarios del campo de la construcción y de las finanzas. Nakkache, de hecho, formó parte de la gerencia de Credibono durante los años ochenta, una financiera que terminó liquidada.
Es probable que en el presente, Saiegh haya sido el “hombre de la plata”, como creen los investigadores. Y que su cuñado viviese de prestado. Hipótesis compartida por Smith: “Dígame qué hacía un ingeniero en ese lugar –se preguntó–, eran 40 años de relación, dígame si no le estaban dando una mano prestándole ese espacio”.
La causa “por homicidio seguido de suicidio” en manos del juzgado en lo criminal de Ricardo Warley podría cerrarse en los próximos días. Tal como adelantó este diario en su edición de ayer, fuentes judiciales confirmaron que entre los investigadores no están dispuestos a continuarla apoyados en la premisa que indica que la acción penal de un hecho se extingue ante la muerte del autor. Para otros, sin embargo, habría otros puntos pendientes: consideran que el caso “amerita una investigación sobre la asociación sin fines de lucro que administra el museo”.
El informe de la Morgue Judicial, en tanto, determinó que no hubo forcejeos antes de los disparos. En el cuerpo de Saiegh encontraron un balazo “entre el abdomen y el tórax que afectó el hígado, el páncreas y laaorta abdominal. El proyectil quedó alojado en la undécima vértebra dorsal”. Roberto Nakkache, en cambio, tenía “un balazo en la boca”. El plomo quedó alojado en el cráneo.

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Según las autopsias, no hubo forcejeos antes de los balazos.
 
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