SOCIEDAD › FUERTE RECLAMO EN LA CUMBRE DE LA GRIPE AVIARIA PARA LIBERAR LAS PATENTES

A matar la gallina de los huevos de oro

Argentina, junto con otros países, pidió en el encuentro de Canadá que se libere la licencia de los fármacos para frenar la posible pandemia. El cierre fue sin acuerdo. González García le avisó a Kirchner que el riesgo es más serio de lo que se creía.

 Por Federico Kukso
desde Ottawa

Lo que comenzó el lunes como un encuentro ceremonial de ministros de Salud de todo el mundo para establecer los caminos por seguir en materia sanitaria respecto de una posible pandemia provocada por la gripe aviaria, viró hacia una discusión con ribetes políticos y rencillas económicas en las que las posiciones se dividieron casi polarmente entre aquellos más inclinados en respaldar la protección de las patentes y la propiedad intelectual por encima de la seguridad colectiva y de la salud mundial (la suiza fue la delegación que más fuerte adoptó esta postura) y quienes sostuvieron que en situaciones álgidas como las que se están viviendo actualmente, las vacunas y los antivirales (y los procedimientos para fabricarlos) deberían ser patrimonio de toda la humanidad (como impulsaron Argentina, Brasil y China, por ejemplo). El ministro Ginés González García pidió que la producción de los fármacos sea pública “para garantizar su acceso a los más pobres” y reclamó una “respuesta política inmediata” a sus pares por la gripe.
El lugar de la contienda fue otra vez el edificio L. B. Pearson, sede de la Cancillería, donde desde hace dos días sus salones fueron salomónicamente divididos en un área dedicada a las conversaciones de las delegaciones de 31 países –un espacio silencioso, amplio, y donde, si un delegado no tiene asignada la palabra, se habla casi susurrando– y, otra más bulliciosa, plagada de sets de transmisión televisiva –montados en minutos pero profesionalmente impecables– que entre cámaras y reflectores dejan espacio a una larga mesa negra rectangular que sirve de descanso a computadoras de última generación, celulares tecnológicamente barrocos y minigrabadores de los distintos medios gráficos del mundo que cubren minuto a minuto los diálogos protocolares que se desarrollan del otro lado, a puertas cerradas, custodiadas por hombres y mujeres fornidas de la policía canadiense que con sus chaquetones azules, su clásico gorrito blanco y su parquedad le dan a esta reunión su cuota de seriedad multinacional.
El segundo día de reuniones arrancó con un aviso shockeante propiciado por parte de Margaret Chan (la segunda figura de importancia de la OMS) –una pequeña y aparentemente frágil mujer de voz ríspida, entonación segura y prominentes anteojos– que, sin preámbulos, dejó caer la bomba: “Por primera vez en la historia estamos viendo las condiciones que anunciarían la posibilidad del inicio de una pandemia frente a nuestros ojos. ¿Estamos preparados? No”. La descripción de la situación mundial también fue advertida por el ministro de Salud argentino, Ginés González García, que, según se supo, habló ayer con el presidente Néstor Kirchner para comunicarle que el diagnóstico es más preocupante que lo pensado.
Las conversaciones se dividieron a grandes rasgos en tres debates, durante los cuales cada jefe de delegación expuso su posición por no más de cuatro minutos. El primero giró en torno de la comunicación y la manera errónea en que hasta ahora se está informando la diferencia entre gripe y pandemia; y el segundo trató sobre las medidas de vigilancia por tomar y las contribuciones que se deben hacer para contener a las aves infectadas por el virus (en este asunto se hizo hincapié en la debilidad de los sistemas veterinarios en Africa). Al respecto, el jefe de la delegación norteamericana, Michael Okerlund Leavitt –secretario de Salud y Servicios Humanos– esbozó una manera de hacerlo: “Tenemos un enemigo, el virus, que se esparce en red. La mejor vía de combatirlo es pues como si fuera un virus de computadora, también en red”. La atención también se enfocó en uno de los factores biológicos –considerado casi totalmente incontrolable–: la migración de aves. “Esto demostró que ningún país por más rico que sea está del todo a salvo; actualmente en Europa estamos atravesando por la época de migración de aves y no hay frontera que nos pueda proteger. Lo único que se puede hacer es estar preparados”, explicó el inglés Eric Hayes, jefe de la delegación de la Comisión europea en Canadá, un hombre flaquísimo de casi dos metros de altura y cachetes ruborizados.
Entre miradas serias, voces impostadas y trato distante, no faltaron los chistes tendientes a distender los roces diplomáticos. “Ahora al mediodía habrá pollo para comer”, dejó pasar, entre risitas cómplices, Ujjal Dosanjh, ministro de Salud canadiense, mientras se dirigía al Skelton Lobby.
Como era de esperar, los países asiáticos –los peores posicionados en el mapa mundial debido a la continuidad de la aparición de los brotes epidemiológicas en esa zona del globo– pidieron ayuda en materia de investigación científica, contención y, sobre todo, compensación económica por las pérdidas, este último considerado un argumento clave si es que realmente se quiere que los productores de esas zonas reporten todos los casos aparecidos. González García, por su parte, aseguró que la Argentina tiene una ley para esta forma de indemnización aunque por ahora no habría presupuesto para implementarla.
Ante los reclamos de las delegaciones asiáticas, el bloque conformado por los países europeos contraatacó y se puso en tela de juicio que los asiáticos estuvieran diciendo toda la verdad respecto de la aparición de más y nuevos casos. Tran Hien Nguyen, director del Instituto de Higiene y Epidemiología de Vietnam, aseguró que en ese país el brote está controlado, que se mataron a 40 millones de aves y que lo que ahora se intenta es cambiar las maneras de crianza.
La preocupación por las pérdidas económicas que ya está provocando la gripe aviaria sigue en aumento. Se cree que hasta ahora éstas escalaron a 10 mil millones de dólares.
El plato fuerte llegó al final. El debate más ajetreado giró en torno de las patentes y su fabricación. Una de las posiciones más claras fue la de la delegación china, que sostuvo que el medio efectivo para evitar la pandemia es que la OMS garantice un abastecimiento gratuito para algunos países –los más pobres– y para otros con precios medios (los tres únicos países con reservas suficientes de tamiflu son Estados Unidos, Canadá y Francia). Así, los problemas sanitarios amenazan con convertirse en conflictos económicos internacionales: se llegó a decir que es como si se estuviese “matando a la gallina de los huevos de oro” (en relación con Roche).
En los casi ocho minutos que Ginés González García tuvo la palabra en medio de este debate recalcó que se están pagando las consecuencias de privatizar el conocimiento (como ocurrió con el Genoma humano) y que no se deben descuidar tres problemas: los concernientes a la investigación, y los referentes a los precios y producción –considerada actualmente insuficiente– de medicamentos efectivos. Si bien el Tamiflu de Roche se posiciona como la “solución”, se estableció en las reuniones que no hay medicamento totalmente eficaz. Se entiende: como el virus H5N1 aún no mutó y todavía no es capaz de transmitirse entre humanos, no se conoce del todo qué tipo de virus es y, por tanto, cómo fabricar la vacuna. El ministro ofreció 25 laboratorios con capacidad de identificar el virus y afirmó que la Argentina cuenta con 18 hospitales especializados en neumonología.

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La preocupación por las pérdidas económicas que ya está provocando la gripe sigue en aumento.
 
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