SOCIEDAD › RADIOGRAFIA DE LAS RELACIONES DE PAREJA SEGUN LAS ULTIMAS INVESTIGACIONES

Matrimonio a la argentina

Las parejas porteñas sin papeles ya representan más de la cuarta parte del total de uniones. La duración de las relaciones. Los que se divorcian más. A quién se elige para la segunda experiencia. Dónde se conocen las nuevas parejas.

 Por Mariana Carbajal

Los matrimonios caen en picada. El marketing de la cohabitación ha triunfado: la absoluta mayoría de los jóvenes del área metropolitana inician su trayectoria conyugal eludiendo, a priori, el paso por el Registro Civil. En la ciudad de Buenos Aires, las parejas sin papeles ya representan más de la cuarta parte del total de las uniones entre hombres y mujeres. Y también crecen sin pausa y en forma significativa las uniones civiles heterosexuales: en los últimos tres años aumentaron tres veces y media. Las generaciones más jóvenes no sólo se separan más, sino que sus primeras parejas duran cada vez menos. Así es el mapa de la nupcialidad metropolitana según los últimos estudios demográficos –a los que tuvo acceso Página/12–, entre ellos una encuesta realizada por la Cátedra de Demografía Social de la UBA, que revela, entre otras tendencias, quiénes se divorcian más (si ellas o ellos), quiénes reinciden más en la vida conyugal, qué tipo de mujer eligen los hombres en segundas uniones, cuáles factores inciden en la disolución de las parejas y en qué ámbito las nuevas generaciones conocen al cónyuge (ver aparte).

Cada vez con más intensidad, la ciudad de Buenos Aires y el conurbano están adquiriendo una dinámica familiar similar a la de los países europeos. Para obtener más precisiones sobre los cambios que se vienen dando en el ámbito hogareño, la Cátedra de Demografía Social de la Facultad de Ciencias Sociales, que encabeza la socióloga Susana Torrado, realizó una Encuesta de Situación Familiar en el Area Metropolitana, un tipo de relevamiento que nunca antes se había aplicado en el país.

Torrado sintetiza los principales hallazgos:

- Se modificó radicalmente el proceso de formación y disolución de uniones.

- Disminuyen ininterrumpidamente los matrimonios de solteros (primeras nupcias) como consecuencia del notable incremento de las uniones consensuales en detrimento de las legales y de la más tardía edad al casamiento, sobre todo de las mujeres.

- La cohabitación, como mecanismo de ingreso en unión, comenzó siendo de prueba (parejas que conviven cierto tiempo para decidir si eventualmente legalizan su situación), pero poco a poco está extendiéndose como elección de vida perdurable.

- Aumenta aceleradamente la incidencia de los divorcios como efecto conjunto del mayor número de parejas que disuelven su matrimonio y de la mayor precocidad de las rupturas.

La Encuesta de Situación Familiar (ESF) se llevó a cabo a fines de 1999, pero sus resultados se publican ahora por primera vez en la prensa. Fueron 876 entrevistas domiciliarias a mujeres de 20 a 59 años de la ciudad de Buenos Aires y el conurbano, a quienes se les formuló un extensísimo cuestionario. A partir del análisis de sus respuestas, Torrado y un equipo de seis investigadoras más de la Cátedra de Demografía Social lograron reconstruir la historia familiar de cada encuestada. La razón por la cual dejó el domicilio paterno, cómo se conocieron con su pareja, edad en que empezó a convivir con su pareja, por qué decidió casarse (si lo hizo), y los motivos de la finalización de la vida en común en los casos de ruptura, fueron algunas de las tantísimas preguntas que contestó la población femenina encuestada. Las conclusiones de este interesante trabajo se publicaron en el libro Trayectorias nupciales, familias ocultas, del Centro Interdisciplinario para el Estudio de Políticas Públicas (Ciepp).

Las investigadoras observaron:

- Una mayor “precocidad” de las mujeres en la edad de inicio a la primera unión. Entre los 20 y 24 años, el 78 por ciento de las encuestadas ya había ingresado a la vida en pareja. Mientras que a la misma edad sólo el 51 por ciento de los hombres estaba en esa situación.

- En cuanto a la edad del compañero de convivencia, en las mujeres hay una tendencia a unirse a un varón de mayor edad, si bien la diferencia promedio de edad entre ambos disminuye a medida que aumenta la edad de la mujer. Pero a partir de los 30 años se advierte un cambio significativo: ellas eligen un candidato menor, con una diferencia promedio cercana al año a favor de la mujer.

- En los hombres es distinto: cuando más tarda en unirse, mayor es la diferencia de edad respecto de la mujer. Hasta los 20 la diferencia promedio es cero.

- Cuanto más joven la mujer interrumpe sus estudios, más temprano inicia la vida en pareja. “La salida precoz del sistema escolar estaría asociada a una probabilidad más alta de unirse a un hombre de mayor edad. Las mujeres que no han concluido el nivel primario de escolaridad se unieron en promedio a los 19 años con un hombre casi seis años mayor”, encontraron las investigadoras Mónica Raimondi y María Constanza Street.

- Comparadas con aquellas que no han accedido a estudios superiores o los han abandonado sin terminar, las que sí los han finalizado postergaron cinco años el comienzo de la convivencia. “Es decir, a medida que aumenta el nivel educativo, sube la edad en que la mujer inicia una unión, a la vez que se reduce la diferencia de edad con respecto al cónyuge”, apuntaron las investigadoras.

Con o sin papeles

El casamiento está devaluado. La tasa bruta de nupcialidad (esto es, la relación entre matrimonios ocurridos en un año y la cantidad de población) desciende sin freno en la ciudad. Entre 1990 y 2005 bajó de 7,3 a 4,9 matrimonios por mil habitantes: en 15 años experimentó una disminución del 33 por ciento.

Cada vez se elige más la cohabitación como modalidad de inicio de la primera unión. Es significativo el cambio producido en los últimos años. De la ESF surge que las mujeres nacidas en 1940-1949, casi 9 de cada 10 empezaron su vida en pareja a través del matrimonio directo. “Tres generaciones más tarde, es decir, entre las mujeres pertenecientes a las generaciones nacidas entre 1970-1979 esta tendencia se ha invertido al punto de que 7 de cada 10 optaron por la cohabitación”, destaca Raimondi. Para la demógrafa, lo más llamativo es que en sólo un par de décadas “pasamos de los tiempos en que el concubinato constituía una práctica propia de las clases bajas, a los tiempos de la convivencia en pareja, que aparece fuertemente asociada a una conducta moderna, propia de los jóvenes más educados y a esa nueva edad de la vida que ha sido llamada juvenilia”. La demógrafa Victoria Mazzeo, titular de la Dirección de Estadística y Censos del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, también analizó las nuevas tendencias, de acuerdo con la Encuesta Anual de Hogares que realiza el organismo porteño. “Entre 1991 y 2005 la proporción de uniones consensuales sobre el total de uniones se duplicó, llegando a representar más de la cuarta parte de las uniones”, precisó. Dieciséis años atrás, las uniones selladas en el Registro Civil representaban el 86,4 por ciento y las consensuales, 13,6 por ciento en el ámbito porteño. En 2005, las primeras equivalieron al 72,8 por ciento del total de las uniones y las segundas, el 27,2 por ciento. Mazzeo corrobora la tendencia detectada por la ESF: las parejas sin papeles tienen mayor peso entre menores de 25 años: para esa franja representan el 78 por ciento del total de uniones.

La unión civil

Pero la consensualidad adquiere distintos recorridos: en algunos casos es la modalidad elegida para constituir la familia, en otros el preludio al matrimonio (aunque cada vez menos). Entre las mujeres más jóvenes, se observó un aumento considerable de las “uniones efímeras”, aquellas que se disuelven antes de alcanzar el cuarto aniversario de inicio de la convivencia sin haberse legalizado.

Sin embargo, más allá de que se elija el matrimonio o la consensualidad como vía de entrada a la vida en pareja, se observa que “a partir de la generación del ‘70 hay una postergación a formar una unión, cualquiera sea su modalidad”, advierte Georgina Binstock, directora del Centro de Estudios de la Población (Cenep), autora, entre otros vinculados al tema, del artículo “Cambios de las pautas de formación y disolución de la familia entre las mujeres de la Ciudad de Buenos Aires”, publicado en la revista Población de Buenos Aires, que edita el gobierno de la ciudad.

Con la sanción de la ley de unión civil en 2003, las parejas heterosexuales empezaron a optar por esa opción para sellar su compromiso conyugal. Aunque todavía no es una modalidad elegida en forma masiva, año tras año son más los que la adoptan.

Las estadísticas indican que entre julio y diciembre de 2003 hubo 8650 casamientos y 32 uniones civiles entre un hombre y una mujer, a lo largo de 2004 se produjeron 14.977 casamientos y 69 uniones civiles heterosexuales, un año después, fueron 14.713 los primeros y 112, las segundas. En 2006, 13.834 y 239. Esto números reflejan que “mientras en 2003 se registraron 270 matrimonios por cada unión civil heterosexual, tres años después esta relación se redujo a la cuarta parte: 58 matrimonios por cada unión civil heterosexual”, indica Mazzeo, directora de Estadística y Censos de la Ciudad.

Algunas curiosidades: Mazzeo comparó la edad media para contraer matrimonio en el ámbito porteño y en otras capitales latinoamericanas. Los porteños y las porteñas son quienes más postergan la firma de papeles: en promedio, los varones dan el sí a los 34, y las damas, a los 31. En Asunción, México DF y Santiago de Chile, ellos lo hacen a los 30 años. Y ellas a los 27, en las capitales paraguaya y mexicana, y a los 28 en Santiago.

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Imagen: Gustavo Mujica
 
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