SOCIEDAD › OPINIóN

Una escuela para los jóvenes

 Por Ariel Zysman *

Los anuncios sobre la nueva secundaria en la provincia de Buenos Aires son auspiciosos. El cambio, que comenzó en 2006 con la creación de la Secundaria Básica a partir del ex tercer ciclo de la EGB y se plasmó en la Ley de Educación Provincial 13.688 de 2007, continúa a paso firme. Volver a hablar de secundaria es un punto de partida imprescindible para reconstruir una larga tradición educativa que la Argentina tuvo durante el siglo XX.

Ahora es el turno de terminar definitivamente con el polimodal. Recuperar la escuela técnica, el bachillerato y sumar a éstas nuevas propuestas pedagógicas como artes y educación física resulta un cambio fundamental para promover la inclusión de más alumnos. La transformación curricular que se iniciara con la Secundaria Básica ahora se completa con una renovación de los últimos años, el ex polimodal. Este aggiornamiento debe permitir un debate pedagógico amplio para que podamos centrarnos en cómo enseñar más y mejor, garantizando así los derechos de los adolescentes y jóvenes al acceso a la cultura, con una formación sólida y exigente, pero que no se traduzca en expulsión y selección.

Para ello el Estado deberá invertir en ampliar y mejorar las condiciones edilicias y la cobertura de cargos docentes, que devendrá en una ampliación de las fuentes de trabajo para los profesores. En este sentido, resulta fundamental que el cambio se realice contemplando la formación de los docentes, lo que saben enseñar y para lo que fueron formados, sin realizar reconversiones y “reciclajes” que tanto daño hicieron durante los ’90.

Queda el desafío de cambiar algunas viejas tradiciones anquilosadas para profundizar el carácter democrático de la nueva escuela secundaria: por un lado, mejorar las condiciones de convivencia en la escuela sin necesidad de un régimen autoritario y anacrónico como el de las amonestaciones. Está demostrado que mayor rigidez no es sinónimo de mejores condiciones de convivencia, sino al contrario. El camino de los acuerdos de convivencia y consejos integrados por docentes, padres y alumnos requiere ser mejorado y profundizado como modelo democrático de participación y decisión comunitaria. Lo mismo ocurre con la creación de centros de estudiantes.

Por otro, es preciso discutir profundamente los criterios de promoción para que la repitencia no se consolide como una de las causas principales de abandono. Sostener el viejo esquema de un máximo de dos materias pendientes como parámetro para la promoción es poner el acento sobre lo que no se aprendió, cuando las otras nueve o diez materias sí se aprobaron. Es posible pensar nuevos modos de recuperar las asignaturas pendientes sin necesidad de volver a cursar un año completo, con lo que eso implica para los alumnos y para la escuela.

La nueva secundaria tiene que hacer eje en los sujetos, es decir, en los jóvenes y adolescentes y su realidad cotidiana. Las culturas juveniles deben ser parte del proyecto educativo de las escuelas. Debemos garantizar el espacio para que los alumnos y las alumnas se apropien de la experiencia escolar y para ello, materias como Construcción de Ciudadanía resultan imprescindibles. Es necesario dejar de lado miradas conservadoras y comprender los códigos culturales de los jóvenes.

* Asesor de la Comisión de Educación de Diputados. Ex director provincial de Educación Secundaria bonaerense (gestión 2005-2007).

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