SOCIEDAD › POLéMICO Y CUESTIONADO

Ron, el fundador

En 1990, los periodistas del diario Los Angeles Times Joel Sappell y Robert W. Welkos publicaron una extensa investigación, de 25 artículos, en los que historiaron la fundación y expansión de la Iglesia de Cienciología en territorio norteamericano. Uno de esos artículos contiene un íntimo esbozo del fundador de la iglesia, el escritor estadounidense de ciencia ficción Lafayette Ron Hubbard, fallecido en 1986, a los 74 años. Hubbard, escribieron ambos periodistas, gustaba de rodearse de adolescentes a los que trataba como sirvientes y quienes a diario solían prepararle la ducha y vestirlo. “Ellos eran capaces de alcanzarle un cigarrillo y seguir sus pasos con un cenicero”, describieron. Gustaba llamarlos “mensajeros”.

Antes de convertirse en un semidiós para sus fieles, Hubbard intentó, sin éxito, convertirse en ingeniero civil. Los biógrafos oficiales no atribuyen la deserción a las bajas notas, sino al rechazo académico de sus estudios acerca de la mente humana, que él pretendía difundir. Su juventud, oficialmente, es destacada por sus largos viajes a Oriente, en especial a China, Japón y Filipinas, su avidez por la lectura, en particular de Sigmund Freud, y sus exploraciones de pueblos y tribus ignotas, interrumpida por su ingreso en la Marina norteamericana durante la Segunda Guerra Mundial.

Ni la ingeniería ni la Marina fueron tan determinantes en su vida, coinciden fieles y críticos, como su extensa carrera literaria: publicó 138 novelas y cuentos de ciencia ficción para revistas populares. En esas páginas se fue perfilando su “dianética”, una ciencia que en un principio prometía tratamiento para la depresión, el asma, la artritis y hasta “curar” la homosexualidad. La asociación de psiquiatría norteamericana rechazó catalogar como “ciencia” de la salud mental a la dianética, en 1950. Antes y después de esta negativa, Hubbard tuvo una postura antipsiquiátrica.

Por lo que puede inferirse de los artículos de Sappell y Welkos, tenía una propensión hacia la irascibilidad, basada en paranoias como el olor a sopa en sus ropas. Los periodistas citan a Doreen Gilham, una ex “mensajera”, quien contó que solía oler la ropa, pese a que la lavaban una docena de veces en distintos baldes de agua. “Una vez le di una remera limpia y la tiró. Fue al armario y siguió oliendo la ropa y tiró 30 remeras al piso. Las olí, le dije que no tenían olor y se las terminó poniendo de mala gana.” La misma actitud tenía con el polvo. Lo veía por todas partes.

Quentin, una de sus cuatro hijos reconocidos, era homosexual y como su padre no podía soportarlo, debió alejarse de su familia. Los periodistas de Los Angeles Times escribieron al respecto: “En 1976, Quentin estacionó en una ruta desierta en Las Vegas y se extendió el tubo de escape dentro del auto. A los 22 años, se suicidó. Cuando le avisaron, Hubbard ‘no lloró ni nada de eso’, dijo una de sus ex colaboradoras. Su primera reacción, dijo ella, fue mostrar preocupación sobre la posibilidad de que se hiciera público lo ocurrido y fuera usado para desacreditar la Cienciología”.

La imagen de su iglesia era, según varios ex colaboradores, una de las principales preocupaciones de Hubbard. Otra eran las “conspiraciones globales” para destruir la Cienciología. Según él, sus enemigos eran, en 1967, el Banco de Inglaterra y otros altos círculos financieros, los diarios que éstos manejaban y los directivos de salud mental, a escala planetaria. Creía, además, que intentarían envenenarlo. Bajo la premisa de “ataca a los atacantes”, los fieles de Hubbard infiltraron oficinas públicas, a mediados de los ’70, por lo que fueron encarcelados su esposa, Mary Sue, y otros diez altos mandos de la Cienciología.

Hubbard se dio entonces a la fuga y por un tiempo vivió en barcos de Sea Org o la Organización Marítima, una nueva asociación que administraba la Cienciología, mientras su fundador vivía en un barco bautizado Apollo en aguas griegas. Hubbard murió el 24 de enero de 1986 en Creston, California. Su iglesia ya se había expandido por todos los continentes. Hubo un intento de cremar el cuerpo pero debieron extraerle sangre y orina antes. Pese a su rechazo por la medicación, los estudios demostraron que había restos de Hydroxyzine, un sedante también utilizado contra las alergias.

Habría dejado una herencia de 25 millones de dólares, según los cálculos más conservadores.

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