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Lunes, 11 de agosto de 2003

FúTBOL › EL MISTERIO DEL ARBITRO APRETADO POR BARRABRAVAS DE CHICAGO

Madorrán, te amenazan y se van

No está nada claro el episodio que protagonizó, en calidad de víctima denunciante, el árbitro Fabián Madorrán tras el partido River-Chicago en la primera fecha. Testigos con memoria selectiva, ambigüedades testimoniales y diferencias sustanciales entre la investigación policial y el accionar oficial de Castrilli y compañía.

 Por Gustavo Veiga

La peregrina idea de trasladarse en un camión de hacienda hacia el departamento del árbitro Fabián Madorrán para amenazarlo de muerte, que un vigilador afirme ante un fiscal su disposición a identificar al depredador de Nueva Chicago, pero que haya olvidado anotar la patente del voluminoso transporte y la escasa credibilidad que tiene el denunciante en el ambiente arbitral, convirtieron el caso del polémico juez en una extraña novela policial de la que aún resta demasiado por aclararse. ¿Recién a fines de la semana que viene puede haber novedades?, informó el doctor Juan Krause, de la fiscalía de Martínez, el viernes pasado. La causa en la que se investiga la intimidación de un supuesto barrabrava que se encolerizó con Madorrán por su pobre desempeño en el partido con River, tiene hasta ahora un solo testigo. En cambio, un fiscal, las policías Federal y Bonaerense, más los organismos de Seguridad deportiva que encabezan Javier Castrilli y Mario Gallina, están abocados al asunto. Se trata del segundo episodio en menos de dos meses que protagonizaron patoteros del club de Mataderos. El 27 de junio último, un grupo irrumpió en el hotel donde se concentraba el plantel que dirigía por entonces Néstor Gorosito, exigió dinero y utilizó un arma de fuego para conseguir su objetivo (ver aparte).
Todos los entrevistados que consultó Líbero para esta nota coincidieron en una descripción: Madorrán está aterrado por lo que ocurrió. A Castrilli le contó que pidió personal de custodia y hasta mediados de la semana pasada no se lo habían enviado. A Gallina, de quien fue juez de línea cuando aquél era árbitro, le confesó: “Estoy re-asustado”. Y Guillermo Marconi, el secretario general del sindicato al que pertenece el referí amenazado, retrató de manera parecida su estado de ánimo. Acaso influyó una nueva intimidación: el miércoles 6, un tío de Madorrán recibió una llamada telefónica con otro mensaje que pretendía amedrentar a su sobrino. “Tarde o temprano lo vamos a agarrar”, le habría dicho una voz que no se identificó.
En la UFI de instrucción que conduce el fiscal Jorge Aníbal Apolo se trabaja con hermetismo y las únicas informaciones que se brindaron han sido formalidades: que hay un solo testigo, que el hecho se registró en el anochecer del domingo 3, que Castrilli y su gente hicieron una presentación por escrito y que el delito investigado contempla una pena de seis meses a dos años de prisión. “No le puedo decir si se trató de un camión jaula o de un Peugeot 504, porque eso hace a la investigación”, expresó el lacónico secretario Krause.
Madorrán todavía no había arribado a su domicilio de Martínez cuando el inocultable camión jaula –la barra brava de Chicago utilizaba a menudo ese tipo de transporte para ir a los estadios– se paró a metros del edificio donde vive desde hace poco más de un año. El árbitro no se cruzó con el portador del macabro mensaje redactado en un papel, que sí quedó en el buzón de correo. Sucedió que se habría demorado comprando una pizza después de dirigir el encuentro en el Monumental. La amenaza, palabras más, palabras menos, decía: “Madorrán, sos hombre muerto. Con Chicago no se juega”. El personaje que la entregó respondería a características físicas bastante comunes entre los transportistas: es morocho y robusto. Pero el vigilador que observó cómo detenía su camión durante quince minutos y se bajaba para pedirle indicios sobre la vivienda del referí, declaró el miércoles que podría reconocerlo sin dificultades. El portero del edificio, en cambio, no vio a la atemorizadora visita.
A medida que la denuncia policial radicada en la comisaría 2ª de San Isidro se difundía, los dirigentes de Chicago se fastidiaban. Juan Angel Guerra, el presidente del club, no podía creer el episodio. Una pequeña comitiva de su Comisión Directiva, integrada por el tesorero Luis Rainone y el protesorero Jorge Llorens, visitaba a Castrilli en su despacho para hablar sobre las condiciones de seguridad en el estadio de Mataderos y, de paso, comentar que tenían indicios inconfesables sobre la conducta deljuez. Además, y aunque los dos gremios arbitrales repudiaron la amenaza, hubo comentarios escépticos referidos a Madorrán, quien no goza de simpatías entre la mayoría de sus pares. “Es capaz de cualquier cosa...”, llegaron a decir. Y remarcaron su perfil de jugador compulsivo –frecuenta los casinos cuando es designado para dirigir en el interior– que no se compadece demasiado con la actividad que desempeña.
Esta conducta impredecible que le atribuyen sería la que, curiosamente, habría detenido hasta ahora su baja de la plantilla arbitral. “En la AFA tienen miedo de que salga a decir barbaridades y por eso no lo echan”, confió una fuente. Y aportó un dato adicional. Cuando se analizó el ascenso de Madorrán a la categoría de juez internacional, Juan Carlos Loustau –por entonces, titular de la Escuela–, Juan Bava, Jorge Vigliano y Miguel Scime ganaron una votación interna para no promocionarlo y, sin embargo, el controvertido referí pasó a revistar en el máximo escalafón. En esa época aún era árbitro Javier Castrilli, quien confiaba en él. Pero cuando el actual funcionario de Seguridad abandonó su carrera el 29 de septiembre de 1998 formulando serias denuncias contra la AFA por manipular el arbitraje, Madorrán se hizo a un lado e incluso defendió el proceder de sus empleadores.
Hoy, cuando el referí amenazado se siente a merced de uno o más violentos que se mueven a sus anchas en un camión jaula, Castrilli ha sido uno de los primeros que acudió en su auxilio. “Quiero agradecérselo públicamente”, respondió quien, además de la inseguridad habitual en el Gran Buenos Aires, ahora sufre una dosis de vulnerabilidad adicional por su condición de árbitro. Una situación repudiable que la Justicia deberá esclarecer para que Madorrán pueda regresar a su casa sin mirar hacia atrás y por el rabillo del ojo.

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