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Lunes, 8 de noviembre de 2010

BOXEO › OPINIóN

Robo a puño armado

 Por Daniel Guiñazú

Lucas Matthysse bajó del ring del Prudential Center de Newark, en los Estados Unidos, sin poder hablar, ahogado de la bronca. Y no era para menos. Le había ganado con claridad por puntos al ex bicampeón del mundo Zab Judah la posibilidad de pelear en 2011 por el título vacante de los welter juniors de la FIB ante el sudafricano Kaiser Mabusa. Pero un fallo polémico lo privó de la chance. Por estrecho margen, los jurados lo vieron perdedor, lo dejaron sin su invicto y lo mandaron a seguir participando.

En cierto modo, resultó previsible el atraco sucedido en las primeras horas de la madrugada de ayer. Judah (63,050) era uno de los promotores de la velada junto con la empresa Golden Boy Promotions de Oscar de la Hoya. Y los hechos demostraron que el estadounidense tenía listo un reaseguro para el caso de que el pleito llegara a la distancia pactada de doce asaltos. Matthysse (63,500) se adjudicó con claridad las cuatro vueltas finales. Incluso, llegó a derribar al zurdo estadounidense en el 10º round y le terminó abriendo la ceja izquierda. Pero, por lo visto, debía noquear para alcanzar la victoria. Como no lo hizo, dos tarjetas lo dieron perdedor 114-113 y 115-113 y sólo la restante le reconoció una módica victoria 114-113. Para Líbero, Matthysse se había impuesto 118-112.

De todos modos, más temprano que tarde, el noqueador chubutense tendrá su chance de ser campeón del mundo. Ratificó la imagen óptima que el ambiente tiene de él y su condición de boxeador comercial, fuerte, de manos pesadas, pero también cerebral y de buena línea técnica. Acaso algo lento para la media de los welter juniors. Pero siempre digno de respeto.

A un boxeador veloz, movedizo y mañero como Judah, con larga experiencia en peleas de alta gama, Matthysse lo controló con actividad constante y buenos golpes a los planos bajos. En el tercio final, directamente se lo llevó por delante. Luego del combate, reconoció que por querer apurarse para definir antes del límite, se encimó demasiado al cuerpo del estadounidense y se quitó ángulo para las manos decisivas. Después, la rabia de la injusticia le estranguló las palabras. Pero seguramente habrán de venir tiempos mejores.

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