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Domingo, 15 de enero de 2012

VALE DECIR

Bajo el asfalto

 Por Guadalupe Treibel

“Llegó el verano, llegó el tarifazo”, pareciera decir el Gobierno de la Ciudad que, en plenas vacaciones, se sumó a la pendiente de calor con una arrebatada medida que ya le costó pedidos de amparo de distintos partidos políticos y asociaciones de consumidores, recolección de firmas, reventas online a bajo costo y apertura de molinetes. La decisión de aumentar en un 127 por ciento el valor de los boletos de subte nubló el paraíso PRO de sombrillas amarillas e imposibles “playitas” porteñas e inauguró un año que, sólo en los pasados días, ya incluye políticas porteñísimas contra manteros de calle Florida y contra músicos mayores de 65 años (el jefe de Gobierno vetó una ley sancionada que planteaba un subsidio mensual y vitalicio). Parafraseando a la satírica banda PoxyClub y su track sensación “Fiesta en el búnker de Macri”, el (ex) bigote de Mauri está que arde, con un 2012 que promete ser un cuento de hadas. Al oscurísimo estilo de los Hermanos Grimm, de más está decir.

Volviendo a los $2,50, la suba en los viajes en metro en Capital ha despertado un vendaval que no sólo afecta a tantísimos usuarios: la decisión también ha hecho mella en el mundillo del arte. Al menos, en el trabajo de un artista en particular, el emergente Maximiliano Ocampo Salinas, de 27 años, en cuya serie Magnéticas recicla las viajeras tarjetas desechables, recorta sus bandas magnéticas negras, las reutiliza y compone polisémicas estructuras con técnica collage. “Los movimientos económicos inciden en la cultura. Por eso, el momento de aumento tarifario sirve para pensar cómo repercuten ciertas políticas en el procedimiento de un artista a la hora de encarar su obra”, explica el muchacho que estudiase Artes Visuales en la Instituto Nacional de las Artes y ahora dicta un taller laboratorio de arte contemporáneo en Espacio Imaginario, en la galería Patio del Liceo, en Recoleta.

Oh, el riesgo de trabajar con objetos cotidianos: nunca se sabe cuánto pueden aumentar. “Siempre hay agentes externos modificando el proceso. En el caso de Magnéticas lo había pensado a partir de las nuevas tecnologías y el advenimiento de la tarjeta de plástico. Con las SUBE o Monedero, me dije: ‘Upa, en unos años, cambia todo. No voy a poder hacer tantas piezas’”, cuenta el joven que hace obra futurista con objetos que –quizá, pronto– lleven la insignia vintage en la solapa. Es que, al momento, evocan líneas híper complejas de futuros subterráneos (obra coherente, si la habrá), ideogramas orientales del mañana, entre otras polisemias que se agrupan en más de las 30 obras que forman su colección (para la que planea una expo en marzo y adelanta presencia en ArteBA 2012).

“Mi trabajo es críptico desde la formalidad y el procedimiento: obliga a imaginar y descubrir por qué materiales y operaciones he optado al momento de encararlo. Además, intento generar una abstracción que responda a un juego, para que la persona le dé su propio vuelco”, asegura Maximiliano que, hasta el 27 de febrero, expone una de sus Magnéticas en la muestra Arte Cerámico. Arte Textil. Grabado, del Palais de Glace, en el marco del 100º Salón Nacional de Artes Visuales, donde obtuvo una mención del jurado en la disciplina textil.

Pero, ¿qué ocurrirá con su serie? ¿Seguirá Ocampo juntando ciento y cientos de Subtepass post-tarifazo? “Vamos a ver qué pasa. Por el momento, yo tengo ganas de seguir viajando”, ofrece el recortador magnético que monta muchos de sus trabajos en papel como soporte para el traslado y arma otras colecciones usando estampillas, piezas de ajedrez, por mencionar algunos etcéteras. Así y todo, con una gran piedra en el zapato (los costos), Maximiliano no tomará represalias: promete no aumentar el precio de sus obras en un 127 por ciento.

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