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Domingo, 15 de enero de 2012

LAS SIETE DIFERENCIAS: LOS HOMBRES QUE NO AMABAN A LAS MUJERES Y LA CHICA DEL DRAGóN TATUADO

Lo mismo es mejor

 Por Mariano Kairuz

En La chica del dragón tatuado, la adaptación norteamericana dirigida por David Fincher con guión de Steve Zaillian (La lista de Schindler), de Los hombres que no amaban a las mujeres, la historia sigue siendo la misma que ya conocen las decenas de millones de lectores de la saga póstuma de Stieg Larsson. La nueva película sigue muy de cerca la primera novela de la trilogía Millennium, y hasta cierto punto también el recorte que ya había efectuado sobre ella la película sueca dirigida por Niels Arden Oplev. Pero los que se apuran a esgrimir la remanida acusación de “remake innecesaria” preguntando ¿para qué volver a filmar lo mismo?, deberían esta vez esperar a ver la versión de Fincher. Es cierto, la película sigue transcurriendo en Suecia, pero esta vez con estrellas angloparlantes haciendo de suecos y hablando en inglés; sin embargo, tiene sentido la decisión de no “mudarla” a otro país: buena parte de la investigación que el protagonista, el periodista Mikael Blomqvist, emprende por encargo de Henrik Vanger –patriarca de una insigne familia industrial sueca– lo lleva a lidiar con temas espinosos muy arraigados entre los escandinavos: el pasado nazi de parte de la sociedad sueca, así como con el del abuso incestuoso, asunto que ha aparecido de un modo sugestivamente recurrente en el cine de la región, de Bergman al dogma danés. Además, la gelidez de la isla de la dinastía Vanger (“una familia compuesta en su mayoría por piratas, avaros, tiranos e incompetentes”, al decir de Henrik) provee una atmósfera difícil de replicar en otros lugares más o menos civilizados. Pero incluso cuando se atiene a la palabra y a la película que la preceden, la película de Fincher es más potente, su puesta en escena más intensa, su frialdad más fría, su diseño de producción y su fotografía más impresionantes, su reparto más famoso y contundente, con Daniel Craig a la cabeza (y Christopherr Plummer y Stellan Skaarsgard), reduciendo a la película sueca a la escala de una correcta producción televisiva. Lo mismo, filmado por Fincher, no es lo mismo: es mejor.

1 Y lo primero que habrá que señalar es que si el director de Seven, pecados capitales parecía una elección apta para comandar esta adaptación por su afinidad natural con ciertas muy gráficas truculencias del relato de Larsson, lo cierto es que su película está muchas veces más cerca del estilo cool de su film anterior, Red social, que de su magistral y temáticamente más cercana Zodíaco. Y en este sentido, el primer aporte enteramente original de Fincher es una estilizadísima secuencia de créditos de apertura, un clip autónomo con una imaginería sadomaso-punk-neogótica y hi-tech, hecha de látex, líquido negro y otros elementos asociados a la personalidad de Lisbeth Salander y su condición de hacker y víctima y vengadora sexual, montada sobre un cover de “Immigrant Song”, de Led Zeppelin, a cargo de Karen O (vocalista de los Yeah Yeah Yeahs), Trent Reznor y Atticus Ross.

2 Muchos detalles del libro ya habían sido muy criteriosamente eliminados por claras razones de extensión en el film sueco. Quizá la omisión más valiosa fuera la de la historia de cómo Blomqvist se convirtió en periodista estrella y los detalles sobre su libro en contra de los periodistas de economía, a los que acusa de ser obsecuentes con el poder. Esta omisión no altera la trama criminal de las películas, pero le resta una dimensión al protagonista que lo definía como evidente alter ego de Larsson y su discutida condición de militante de izquierda.

3 A diferencia de lo que ocurre en el libro y en el film sueco, Blomqvist no va a la cárcel como parte de la condena por difamación de un poderoso empresario.

4 De los detalles eliminados del libro por la película sueca, el film de Fincher restituye al menos uno de cierta importancia, como es el personaje de la hija de Blomqvist y sus estudios católicos, un asunto que Blomqvist ve con desconfianza y que termina por ofrecer una clave en la investigación de una serie de crímenes de chicas judías.

5 El sexo: si la película sueca omitía las múltiples encamadas del Blomqvist de la novela para dejarle sólo su esperado encuentro con Lisbeth, la remake le devuelve su affaire con su editora, Erika, personaje que antes interpretaba Lena Endre (Infidelidades, de Liv Ullman) y ahora aprovecha la extraordinaria y hermosa Robin Wright, dotándola de un espesor particular.

6 Bautizada Lisbeth por Larsson en homenaje a la protagonista de un trauma de su adolescencia (la chica por quien no hizo nada cuando fue testigo de su violación a manos de sus amigos), la protagonista fue interpretada primero por la actriz sueca Noomi Rapace, que la hace parecer mayor, físicamente más imponente, áspera y “masculina” (con su enorme dragón tatuado en la espalda y sus axilas no depiladas) de lo que la describe el libro. La Lisbeth de la norteamericana Rooney Mara es el resultado de una operación de diseño –el pelo rapado, las cejas teñidas hasta casi desaparecer, piercings sutiles– demasiado elegante, calculado al detalle como si se tratara de una producción fotográfica para la revista Vogue. Con su aspecto anoréxico se la ve más cercana a la chica menuda del libro: más actitud que físico. Rapace (Estocolmo, 1979) es la hija de una actriz sueca y de un cantaor flamenco español exiliado del franquismo al que casi no conoció, actúa desde chica y lleva el apellido de su ex marido, también actor. De raíces irlandesas e italianas, Rooney (Nueva York, 1985) es conocida en su país junto con su hermana Kate como las “princesas herederas” del béisbol, porque su abuelo fundó a los New York Giants, y hoy su padre es vicepresidente del equipo. Con su imagen delicada, de nena bien y apenas agraciada, era una elección improbable para hacer de Lisbeth, que Fincher debió defender ante el estudio. Antes fue Erica Allbright, la chica que a los cinco minutos de comenzada Red social mandaba al carajo a Mark Zuckerberg con un monólogo memorable, convirtiendo a su personaje secundario en maldición y musa del protagonista.

7 Las versiones cinematográficas de Los hombres que no amaban a las mujeres le han garantizado una carrera a varios de sus protagonistas: tras una larga trayectoria en su país, el sueco Michael Nyqvist (Blomqvist) acaba de dar el salto a Hollywood haciendo del villano de la cuarta Misión Imposible, actualmente en cartel. Noomi Rapace es la gitana francesa, heroína de armas tomar, en Sherlock Holmes 2 (estrenada acá esta semana) y a mediados de año será la protagonista del regreso de Ridley Scott a la ciencia ficción y a la saga Alien, Prometheus. Y Rooney no era nadie: había protagonizado la fallida remake de Pesadilla, pero venció en el casting a chicas como Natalie Portman y Scarlett Johansson. De esta última, Fincher cuenta que la Lisbeth de sus audiciones fue espectacular, pero le jugaba en contra ser Scarlett: “No había manera de que uno no estuviera esperando el momento en que se saca la ropa”. Finalmente se impuso la nena-rara –y la película pone a prueba su duplicidad con una secuencia en la que adquiere un look femenino, elegante y adinerada–, y ya está nominada al Globo de Oro a mejor actriz. Y que nadie se sorprenda si luego va por el Oscar, esta chica frágil que sí sabe golpear.

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