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Domingo, 15 de mayo de 2016

MUSICA 1 > ATRáS HAY TRUENOS

SUR Y DESPUES

Aunque pueden hacer de cada grabación un experimento, el cuarteto neuquino Atrás Hay Truenos es de esos grupos que parecen haber nacido para reinventarse con cada recital. Les bastó un show en conjunto para que los integrantes de El Mató a un Policía Motorizado los invitasen a integrar su sello, donde ya han sacado dos discos y prometen que este año llegará finalmente Bronce, un esperado disco de canciones.

 Por Andrea Guzmán

Hay bandas que están destinadas para los auriculares y algunas perfectas para escuchar de espaldas en el suelo. Y hay otras cuyo espíritu primal parece pertenecer por naturaleza al milagroso vértigo de la experiencia en vivo. No sería incorrecto decir que los ruidosos Atrás Hay Truenos, nacidos con timidez en la profundidad de sus habitaciones en el sur argentino, son también una banda de música en vivo por definición. Aunque su paso por los estudios de grabación terminen en complejos experimentos con vocación por la música instrumental y el noise introspectivo y climático –que los chicos se ocupan en ejecutar de forma más que minuciosa– y se pueda pensar que son discos más bien hipnóticos para sentarse a contemplar, se trata de una de esas bandas cuya intensidad verdaderamente se completa cuando se aprecia desde abajo del escenario. Así lo recuerdan ellos mismos, como cuando hace ya varios años atrás compartieron escenario con El Mató a un Policía Motorizado en su ciudad, y los platenses no necesitaron escuchar más que su prueba de sonido para invitarlos a formar parte del sello Laptra, donde actualmente editan todo su material discográfico. Y así se puede comprobar también en sus incesantes recitales, conocidos en la escena por no repetirse jamás, y que ellos no dejan de organizar con entusiasmo inquieto. “Tocar en vivo es nuestra actividad favorita. Es verdad que en los conciertos intentamos que siempre haya algo que se modifique, creo que buscamos la sorpresa. Tratamos de ser muy atentos a lo que pasa en el momento sentimentalmente y eso se replica en la música. Además somos amigos de toda la vida y nos gusta mucho ensayar, pero más allá de esa preparación, siempre hay algo que surge o que de verdad estamos esperando que suceda.” dice Roberto Aleandri, guitarra y voz del cuarteto.

“El río, la plaza Doña Carolina, los amigos, el porro, la música, los Beatles, los asados, el barrio, las películas, el viento de primavera, los viajes a la cordillera”. Se trata nada más que de un fragmento de la evocadora enumeración con la que ellos mismos se autodefinen como banda en su página de bandcamp. Aunque ya instalados hace algunos años en Buenos Aires, los chicos de Atrás Hay Truenos son originalmente de la ciudad de Neuquén y se conocieron en su barrio natal junto al río Limay, en medio de los sobrecogedores paisajes naturales del sur de Argentina. “Somos amigos del barrio. Toda esa crianza de la vida cerca del rio, de la vida en Neuquén y los lugares de la ciudad en la que crecimos nos formó como personas y eso definitivamente está presente en la música que hacemos. Después, venir a Buenos Aires para nosotros sigue siendo una transición. En el disco nuevo, que vamos a sacar este año, ya hay algo más de eso, de vivir acá en la ciudad”, cuenta Aleandri. Y sin duda hay algo de ese espíritu plasmado en la impronta de la banda, que construye su propio universo de climas entre melancólicos y enérgicos, entre bucólicos y espaciales, levantando una poética bien propia y onírica que se empina con influencias del krautrock y el shoegaze atravesado por una especie de pausado y contemplativo filtro de la vida de pueblo junto al río. También se lo ve en la forma de composición experimental y acompasada en la que permiten que nazcan sus canciones. “La banda se formó muy espontáneamente y el proceso es muy improvisado en lo que se refiere a la composición musical. Siempre en la habitación de alguno de nosotros, como buscando esa sorpresa, esa musicalidad natural, que creo que es lo que somos de alguna manera”, dice Aleandri. Primero, como un proyecto de intensas canciones instrumentales con pequeños balbuceos poéticos, y luego como un experimento directamente con letras y cada vez más cerca del formato canción. Ahora, los chicos se animan a hacer un mix de todo lo que han consolidado con sus anteriores discos Romanza (2012) y Encanto (2013) –teloneo de Yo La Tengo mediante– para lanzar Bronce, proyecto que se han tomado su tiempo en desarrollar, con el que se hacen desear hace ya casi dos años y que finalmente tiene fecha de salida para agosto. “Uno se enrosca, siempre te enroscás en los discos, se la pasa mal realmente”, se ríe. “Pero el tiempo fue tomado porque el disco lo pidió así. Un proceso muy largo de buscar las canciones más allá de la grabación, de continuar las canciones aun después de la grabación y revisitarlas. En todos los discos hay una identidad nuestra, con la misma estética musical, sin embargo son bastante distintos entre si. Hay uno instrumental, otro con letras. Hay uno más guitarrero, otro de teclados. En el que vamos a sacar este año, me da la sensación que hay varios elementos de todo lo anterior y sin embargo suena muy distinto, es una conjunción de muchas de las cosas que descubrimos en los otros discos. Es bastante ecléctico. Es un disco de canciones”, explica.

Entre esta búsqueda indecisa y una mezcla de estilos musicales, de lugares geográficos y de inquietudes, la banda –que se completa con Diego Martínez en bajo, Héctor Zúñiga a la batería e Ignacio Mases en guitarra– reconoce esta idea del remix como una de las influencias de su música y la abundancia de información de su era como un hilo conductor de la música de su generación. Admiten que ya desde que eran chicos y se juntaban a tocar en los cuartos de sus amigos en el sur, conectados a las bandas platenses via fotolog, un evento importante es que varias veces las horas de ensayo se convierten en momentos de improvisar, de mirar miles de videos o de escuchar miles de discos. “No creo que en nuestra música exista influencia directa de algo particular o de exactamente una estética influenciada por una corriente. Sino una estética nueva que veo en la generación nuestra. Una estética nueva que está en miles de bandas y que es como un resumen de la historia de la música. Hay de todo. Creo que esa es directamente nuestra influencia. Todo lo que pasó en el arte, las películas, internet, Los Beatles, la literatura ¡muchas cosas para enumerarlo! y a las que tenemos acceso todo al mismo tiempo. Hay tanto que consumimos que me cuesta identificar una sola corriente. Sí creo que la corriente contemporánea, de gente que está recibiendo muchísima información, es lo que define nuestra forma de hacer música.”

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