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Domingo, 15 de mayo de 2016

MUSICA 2 > LA ROMI

META GUACHA

Creció en el seno de una familia tana y laburante de Remedios de Escalada. Durante la semana es asistente dental y cada dos viernes es la celebrada DJ de la bailanta palermitana La Mágica. Antes de viajar por primera vez a México con sus discos, La Romi cuenta cómo su rescate de autores olvidados como Juan Carlos Denis o Koli Arce es la obsesión que la terminó encaminando hacia la defensa de la cumbia de autor frente a la de casting.

 Por Juan Manuel Strassburger

A diferencia del rock local, que supo instalar su propio relato fundante con sus héroes y villanos, la historia oficializada de una cumbia ¿nacional? brilla por su ausencia. Y no porque no existan creadores que merezcan el esfuerzo sino porque tal vez –y más allá de los prejuicios siempre circundantes cuando se trata de hablar de cumbia– son los propios interesados (músicos, sellos, editoriales, radios, comunicadores varios) los menos interesados en establecerla. Salvo algunos contados casos, claro. Entre ellos: La Romi. “Lo que más me preocupa, la razón última por la que hago esto más allá de que me apasiona, obviamente, es que se reconozca la importancia y se empiece a valorizar la cumbia argentina. Me mata cruzarme con bolicheros o productores que la subestiman o que te dicen que la cumbia colombiana o mexicana es mejor. Porque para mí claramente no es así”, dice esta eléctrica mujer de ojos claros y rulos al viento que desde hace unos cinco años en la cabina de Groove y con la fiesta La Mágica como gran plataforma aliada viene ayudando mucho para que la cumbia de acá empiece a reencontrarse con su propia historia.

“Para mí hay pocas cosas más revolucionarias dentro de la música argentina que las creaciones de nuestra cumbia”, se entusiasma Romina Franco, La Romi, y cita el sonido marchoso que logra Pablo Lescano con su teclado, los punteos dulces del legendario Juan Carlos Denis con Los del Bohío en Santa Fe, y el ritmo duro y punzante de la guaracha santiagueña de Koli Arce (padre del género) y Jorge Véliz (su sucesor). Todas figuras (salvo Lescano) que no necesariamente contaban con inmediata acogida en las bailantas más populares de hoy. Pero que La Romi, con apasionada vocación quirúrgica, fue inoculando en el gusto de los asistentes de toda clase social que cada dos viernes llenan La Mágica al ritmo de sus discos (y de los de colegas como Dj Zurita). Y que ahora deliran con esas glorias rescatadas. “Podría haber pasado de entrada La Nueva Luna, que son buenísimos, y tenía el éxito asegurado. Pero no: quería ampliar. Aunque me costara el doble. Porque yo sé que lo que es rico, es rico. Y que lo que es bueno como Koli Arce, que era escuchadísimo en los ochenta, pero que también hasta hace poco estaba muy olvidado, tarde o temprano la tenía que pegar”.

Y pegó. Al punto que hoy La Romi (que al principio causaba tremenda sorpresa entre los músicos y plomos que se acercaban a la cabina a ver quién era el loco que pasaba esas joyas que no escuchaban hacía años y se topaban con una joven tan desconocida como entusiasta) no sólo vive el éxito de su prédica sino que se apronta a estrenar un programa de radio en Atómika y a viajar por primera vez a México donde compartirá cartel con Meta Guacha, entre otros. “Allá están fascinados con la cumbia villera. Les parece lo más de lo

más. Y como cada vez que las bandas van, les hablan de mí, me terminaron invitando”, cuenta feliz quien supo crecer en el seno de una familia tana y laburante de Remedios de Escalada donde la regla era escuchar canciones que contaran historias, ya sea las de Django y el Puma Rodríguez que ponía su mamá o bien las de Los Redondos que elegía su hermana mayor. “Me acuerdo de estar jugando a la radio y de ser el Indio y también quien lo entrevistaba”, sonríe. Y remarca: “Siempre me relacioné de esa manera con la música: metiéndome yo misma en esos dramas que cantaba, fantaseando que era yo quien vivía esas historias. Y me sigue pasando. Por ahí escucho a Leo Mattioli y lo vivo como si me estuviera cantando a mí, lo que me pasa en ese momento”.

De ahí entonces uno de los grandes talentos de La Romi como DJ: el de saber enhebrar bloques musicales en los que una canción le contesta a la otra y guiños a sucesos reales de amor, rivalidad o traición se cuelan entre quienes las interpretan. “Koli Arce, por ejemplo, que está lleno de canciones donde es infiel, tiene una sola donde lo engañan: ‘Endemoniada’. ¿A vos te parece? ¡El tipo vive engañando y a la primera que se la devuelven le dice ‘endemoniada’ a la mujer! Ahí entonces le contesto con Dalila que al toque se la manda guardar”, ríe con ganas Romi, que por supuesto, y siempre con el apoyo clave de los tres productores y creadores de la fiesta (Martín “Fanta” Roisi, Ariel Fligman y Pablo “el Negro” Antico; integrantes también de las bandas Los Labios y Fantasma) tuvo también un lento aprendizaje como Dj. Y con “momento Padawan” incluído: “Luego de las primeras veces que pasé música, cuando todavía se hacía en Palermo Club, Fanta me convocó en un bar y me dijo: ‘Está muy bien lo que pasás. Pero recién cuando en una primera escucha puedas diferenciar la cumbia de autor de la de casting, vas a estar realmente preparada’. La frase me quedó rebotando y me obsesionó. Porque hasta ese momento yo ya sentía que había cumbias que me gustaban y otras que no. Pero no había podido ponerles un nombre”.

A partir de ese momento, entonces, La Romi no paró. Cebada a fondo, empezó a recorrer varias veces por mes las disquerías de Once, Constitución y Liniers. Y se hizo habitué de las bailantas más importantes del Conurbano y Capital (Joya Discos, Latino 11). “Me volví purista. Pero no del estilo sino de la expresión. De poder encontrar esas cumbias que realmente te parten el alma”. Asistente dental durante la semana, convirtió a la cumbia en razón de vida el resto del tiempo. “Me fui hasta Santa Fe a conocerlo a Juan Carlos Denis, que es un milagro de nuestra música y vive como un patriarca rodeado de sus hijas e hijos amorosos. Le llevé una corbata de regalo y se la puso al siguiente show que tuvo”, cuenta orgullosa. Y lo mismo cuando relata que la invitaron a pasar música en el último 25 de mayo de Cristina y terminó generando pogo en la Plaza con las guarachas de Koli Arce. “Al día siguiente me escribió la hija de Koli para agradecerme. Nunca se imaginó que algo así podía llegar a suceder”. Promesera del Gauchito Gil (“Visito sus santuarios todos los meses; aprendo mucho del chamamé y la cumbia que sale de los autos”), asegura: “No soy una sabelotodo de la cumbia que paso. Mi conocimiento tiene más que ver con cerrar los ojos que con abrirlos porque sé que si llego a la raíz, lo que hago puede ser eterno”. Por ahora, lo viene siendo.

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Imagen: Catalina Bartolomé
 
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