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Domingo, 23 de diciembre de 2007

OMBLIGO, DE FRANCISCA MIRANDA

Ninguna pelusa

 Por Guillermo Saccomanno

Laureada en cuanto festival de cine alternativo ha participado, Ombligo, la opera prima de Francisca Miranda, está destinada a convertirse en paradigma vanguardista del nuevo cine argentino. Filmada totalmente con su celular, original como pocas obras, Ombligo no está interesada en conformar al gran público. Su rareza la convirtió, desde sus primeras proyecciones, en objeto de culto. Tan audaz como introvertida, tan caprichosa como severa, tan arbitraria como rigurosa, tan luminosa como sombría, Miranda es quizá la realizadora veinteañera más corrosiva sobre nuestro pasado reciente, el presente tangible y el porvenir inmediato. Film de iniciación y pérdida de la inocencia, todo el relato se centra en el ombligo de la directora, mientras ella tararea un triste villancico. Hay algunas interrupciones en el audio: su respiración, una tos, el sonido lejano de una puerta, un ascensor, ecos de la calle, un estornudo, y a medida que adquiere espesor este suspenso se oyen bocinas, destapes de botellas, chorros de espuma, tintineos de brindis, fuegos de artificio, sirenas que dan las doce. En tanto, inquietante, el ombligo en primer plano. Y esta sola imagen todo el tiempo nos revela una visión lacerante de la hipocresía de las fiestas familiares y acusa la triste educación sentimental de una juventud aburrida de las utopías de sus padres. La generación que representa Miranda no se conforma con un regalo en el arbolito y descree con feroz lucidez de Papá Noel (y los Reyes Magos), además de los idearios de izquierda de sus progenitores. En este aspecto, es ilustrativo el veloz pasaje de su mano derecha, con las uñas comidas, quitando fugazmente la pelusa de su ombligo. Una secuencia hiperrealista destinada a ser una situación de antológico minimalismo en nuestra cinematografía. Con respecto a las uñas comidas como metáfora, la directora ha expresado: “Que yo no quiera a nadie no significa que no me angustie si no soy querida. O, mejor dicho, adorada”. Las cuatro horas y pico de duración de Ombligo resultan escasas a los espectadores inteligentes que se quedan con ganas de más.

No menos ambicioso promete ser el próximo film de Miranda, un enfoque diferente del documental biográfico: La tristeza de Mauricio, basado en la desdichada infancia del actual jefe de Gobierno porteño. El proyecto, una producción independiente por completo, según la directora, se centra en un tema que la obsesiona: la ausencia de padre.

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