SANTA FE › DECISION CONJUNTA DE SANTA FE Y ENTRE RIOS

Se armó la veda para el pescado

La Secretaria de Medio Ambiente de Santa Fe y la Dirección de Recursos Naturales de Entre Ríos declararon ayer la veda temporal de la pesca del armado en ambas márgenes del río Paraná hasta tanto se modifique la situación que está provocando la muerte por millares de esa especie. La decisión abarca a las especies de armado común y armado chancho. El titular de Medio Ambiente santafesino Marcelo Terenzio coincidió con el responsable de Asuntos Agrarios de Entre Ríos, Ricardo Amavet, en que "la veda se aplicó en virtud de la crítica situación en que se encuentra esa especie en el tramo inferior del Paraná Medio, al parecer a causa de una bacteria denominada Edwarsiella Tarda".

A pesar de que algunos estudios aseguran que el armado puede ser consumido por el ser humano, previa cocción, Terenzio consideró "prudente desalentar por el momento el aprovechamiento de la especie". "Aunque no está determinado si este bacilo acarrea algún tipo de patógeno perjudicial para la salud humana, es necesario y conveniente vedar la captura de cualquier forma de ejemplar de esta especie mientras persista la actual situación, a los efectos de salvaguardar la salud de las personas y contribuir a la recuperación de las poblaciones afectadas", dijo el funcionario.

Desde la otra orilla, en Entre Ríos las informaciones periodísticas dieron cuenta en los últimos meses de la aparición de millares de armados en una amplia franja de casi 100 kilómetros de río Paraná, que se extiende desde el puerto de Diamante hasta Pueblo Brugo, pasando por la capital entrerriana. Y al igual que en las costas santafesinas desde Arroyo Seco a Puerto General San Martín, los peces presentan a simple vista ulceraciones cutáneas y hemorragias bucales, lo que hace suponer la presencia de alguna epidemia provocada por bacterias o por contaminación.

De igual modo en la costa entrerrianas, los peces presentaban dentro de los intestinos una gran cantidad de granos, que se supone tuvieron un curado previo antes de ser embarcados en el puerto de ultramar de Diamante, 50 kilómetros al sur de la capital entrerriana. En este sentido los técnicos estimaron que las semillas pudieron haber sido arrojadas al río a causa del elevado porcentaje de insecticida que tenían, lo que las volvía peligrosas para el consumo humano.

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